Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Todos los mandriles que afirman que el ministro Luis “Toto” Caputo es un “timbero” que vive haciendo artilugios con instrumentos financieros deberían mirar hacia el norte para analizar qué sucedió esta semana en el mejor país del mundo.
El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, comunicó que reforzará la intervención del mercado de títulos públicos para promover una caída de las tasas de interés de referencia de largo plazo, lo que generará un beneficio para los deudores hipotecarios estadounidenses.
Concretamente, el Tesoro de EE.UU. venderá títulos de corto plazo para generar liquidez y adquirir bonos con plazos de 10 a 30 años, los cuales están siendo vendidos por mandriles financieros –tontos hay en todas partes– para generar un rendimiento desmedido.
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Los rendimientos de los bonos se mueven en dirección opuesta a los precios de esos instrumentos. Cuando mucha gente desconfiada vende bonos por temor a una escala inflacionaria global, crece el rendimiento de los mismos y aumenta la tasa de interés implícita, lo que eleva los costos de endeudamiento de largo plazo.
Los sistemas económicos sustentados en la libertad humana funcionan cuando las personas se comportan de manera responsable; si no es el caso, el gobierno –como ha hecho Bessent esta semana– tiene que mostrar el camino para que los que se salieron de la ruta de la virtud puedan reencauzar su marcha.
Además, la recompra de títulos públicos es una manera inteligente de inyectar liquidez al mercado global, lo que promueve el crecimiento de los valores de las materias primas, como es el caso de los productos agroindustriales. ¿Qué importancia tiene si los precios están creciendo por efecto de nutrientes o anabólicos? Dejemos esas discusiones bizarras para economistas de escritorio. ¡Lo fundamental es que los valores de los productos que exportamos están subiendo!
Las intervenciones, cuando son virtuosas, están alineadas con los principios de la libertad individual, ya que, si bien nadie está exento de equivocarse, siempre es necesario que haya un marco rector para asegurar que ese atributo de la condición humana sea empleado de manera íntegra.
Es importante analizar estas cuestiones en perspectiva porque en el otro extremo del continente americano los quejosos de siempre vienen pidiendo un sinceramiento del esquema cambiario argentino, es decir, una devaluación de la moneda (aunque no se animen a llamarlo así).
No perciben, con sus limitadas capacidades, que, gracias a la intervención virtuosa del tipo de cambio, se logró no solo contener la inflación, sino además mejorar de manera notable el ingreso en dólares de los argentinos.
A medida que se aprecia el peso, el ingreso de los argentinos medido en dólares crece. ¡Son mucho más ricos! Por supuesto, habrá siempre gente a la que no le alcance el dinero por carecer de educación financiera. Ciertamente, se trata de una cuenta pendiente en materia pedagógica.
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La estabilidad con tasas de interés reales positivas –el sector financiero, como cualquier otro rubro, tiene que tener una retribución por su aporte a la economía– hizo que, al bajar la marea, se pudiese observar que algunos estaban nadando desnudos. La solución libertaria no es pedir que vuelva a subir la marea, sino entender que deben vestirse para poder permanecer en la playa. Necesitamos seguir profundizando la batalla cultural. No aflojemos ¡Viva la libertad, carajo!


