Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Esta semana el gobierno que vino a hacer grande a la Argentina de nuevo eliminó una barrera establecida más de dos décadas atrás que impedía a aquellas empresas con ingresos pesificados acceder a créditos en dólares.
Tuvo que ser la gestión libertaria la que finalmente terminara con una restricción por demás discriminatoria. Si gracias al proceso virtuoso de apreciación cambiaria podemos estar más cerca del mundo –basta observar las góndolas de los supermercados exquisitamente repletas de productos importados–, ¿por qué impedir que aquellos que quieren endeudarse en dólares puedan cumplir con ese propósito? Estamos creando mayores oportunidades. Más posibilidades de ejercer la libertad individual.
Por supuesto, no podían faltar los llorones de siempre quejándose de la medida. Me refiero, obviamente, a la gente del campo. Que es una locura prestar dólares a quienes no producen bienes o servicios denominados en esa moneda. Que van a aumentar las tasas de interés de esos créditos. Que esto ya se hizo en los ’90 y terminó mal. Cuánto prejuicio. Cuánto egoísmo.
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Pobrecitos. Siguen “seteados” con el chip de la economía “kuka”, imaginando devaluaciones que no van a suceder, porque el ministro Luis “Toto” Caputo, acostumbrado a ofrecer masterclass en materia cambiaria, ha demostrado que está dispuesto a hacer todo lo necesario para defender los logros obtenidos, que son –aunque muchos no puedan confesarlo– orgullo de todos los argentinos.
Ya sea con ayudas directas de Washington, swaps chinos, créditos de organismos internacionales destinados a diferentes propósitos y medidas creativas de factura local, como el régimen de suspensión temporaria de retenciones, “Toto” seguirá apreciando el tipo de cambio para consolidar el proceso de desinflación.
Los mismos que hoy se quejan de la eliminación del criterio crediticio macroprudencial son los que dentro de un año seguramente van a estar llorando por el crecimiento de los costos en dólares (proceso también virtuoso que promueve la máxima eficiencia entre los agentes económicos; entre los que pueden adaptarse, claro).
Es necesario que entendamos todos, de una vez por todas, que lo único contrario al criterio macropruduencial es votar mal en 2027, ya que si eso ocurre seguramente se verán, más pronto que tarde, las consecuencias de haber abandonado el camino de la virtud.
Los depositantes de dólares en el sistema bancario deberían estar exultantes ante la posibilidad de que su dinero se integre a la matriz productiva argentina en lugar de estar durmiendo una siesta soporífera en los bancos.
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Además, van a estar contribuyendo a sostener el proceso virtuoso de apreciación cambiaria, ya que las empresas que reciban los créditos en dólares estarán obligadas a liquidarlos para convertirlos a pesos. “Clink caja” para el Banco Central (BCRA). La próxima vez que estén cocinando pasta italiana o bebiendo una cerveza alemana, sepan, entonces, que están poniendo su granito de arena para que esos momentos mágicos puedan seguir ocurriendo.
Difícil entender que una medida con tantos atributos favorables no se haya tomado antes. Vamos por el buen camino, No bajemos los brazos ¡Viva la libertad, carajo!

