Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
El líder Javier Milei enviará al Congreso un proyecto que propone modificar la carta orgánica del Banco Central (BCRA), de manera tal de prohibir cualquier forma de financiamiento monetario al sector público por parte de ese organismo. Se trata de un aspecto clave para poder consolidar la lucha contra la inflación.
Algunos mandriles –cuando no– indicaron que la iniciativa representa una oportunidad única para incorporar al proyecto la eliminación de la obligación de liquidar el 100% de las divisas ingresadas por exportaciones agroindustriales para así poder cobrar en dólares al momento de comercializar granos.
Sostienen, con notable descaro, que las divisas generadas por tales exportaciones les pertenecen a ellos y no al BCRA, que generosamente los resguarda en su infranqueable caja fuerte para ofrecer a cambio pesos argentinos.
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Afirmar que las divisas provenientes de las operaciones de comercio exterior son de su “propiedad” implica desconocer que los cultivos requieren del uso del territorio nacional para poder desarrollarse. Si los reclamos proviniesen de cultivos hidropónicos, podrían tener algún asidero. Pero no es el caso.
Si bien los establecimientos agropecuarios son privados, el capital edáfico y las napas freáticas constituyen un recurso soberano cuya utilización debe tener una contraprestación acorde a la naturaleza de la actividad.
Ciertamente, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) establece un esquema cambiario especial que reduce progresivamente la obligación de ingresar y liquidar las divisas provenientes de exportaciones de los proyectos adheridos en los rubros hidrocarburífero y minero.
Pero la situación no es comparable, porque no puede equipararse la actuación de una actividad primaria que ni siquiera se toma el trabajo de remover el suelo para sembrar –la famosa y ociosa siembra directa– con la labor descomunal realizada para extraer minerales, petróleo y gas a varios kilómetros de profundidad.
No vamos a llegar a ninguna conclusión lógica si comparamos peras con manzanas, ya que cualquiera que tenga tierra y semillas a disposición puede sembrar, pero no cualquiera puede extraer recursos minerales y energéticos del subsuelo.
Si el líder libertario dejó afuera del RIGI al sector agropecuario no es porque se trate de un sector no estratégico –toda persona informada sabe que lo es–, sino para compensar con el resto de las actividades la relación existente entre el esfuerzo instrumentado con el valor generado.
Existe un gran volumen de trabajos académicos que validan la implementación de políticas diferenciadas en función de las relaciones divergentes en el indicador esfuerzo/valor y eso sin considerar los períodos contemplativos que suelen tener los productores entre la siembra y la cosecha, que explica –también hay abundante bibliografía en la materia– el carácter quejoso presente en ese estrato social; si estuviesen más ocupados, muy diferente sería la cuestión.
Por tales motivos, cuando aparezca algún ignorante argumentando que la filosofía libertaria es incompatible con la apropiación de las agrodivisas por parte del BCRA, deben saber que esa falacia solo se sostiene por un capricho de orden sectorial.
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Los dólares, salvo el caso de los proyectos mineros y petroleros que forman parte del RIGI, son de todos los argentinos, quienes, antes de poder disfrutar de los mismos, deben hacer frente –por supuesto– a los compromisos de deuda que tienen por delante (que son bastante desafiantes).
No tenemos que dejarnos amedrentar por intereses particulares que pueden poner en riesgo la batalla cultural que estamos librando para hacer a la Argentina grande de nuevo. No bajemos los brazos ¡Viva la libertad, carajo!


