Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Esta semana tuvimos la oportunidad de presenciar un hecho histórico. Se trata de un suceso que seguramente quedará grabado en lo más profundo de la memoria colectiva para compartirlo, en el futuro, con nuestros nietos.
El líder Javier Milei ofreció un discurso impecable por el 210º aniversario del Día de la Independencia, en la Casa Histórica de Tucumán, en el que repasó los logros concretados por su gestión y trazó el mapa de lo que viene para lograr que la Argentina se recupere del desastre ocasionado por el socialismo.
Durante su exposición, Milei aseveró que los derechos de exportación agrícolas «despojaron al interior productivo de todo su potencial durante décadas» y que su «eliminación es una de nuestras principales prioridades, en la medida en que el superávit lo permita».
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Semejante afirmación constituye un enorme espaldarazo para la gente del campo y, si alguien no lo entiende así, es porque seguramente es un mandril kuka.
El líder recordó que, dos años atrás, firmó, junto con la mayoría de los gobernadores, una carta de principios —el «Pacto de Mayo»— cuyos puntos 1 y 2 eran la «inviolabilidad de la propiedad privada» y el «equilibrio fiscal innegociable».
Aquí me parece que, probablemente debido al entusiasmo presente al momento de redactar esa carta refundacional, hubo un pequeño error de orden, ya que el punto 1 debería corresponder al «equilibrio fiscal innegociable», mientras que la «inviolabilidad de la propiedad privada» tendría que ocupar el puesto 2.
Es importante hacer esa aclaración porque siempre puede aparecer algún malintencionado que diga que las retenciones representan una apropiación indebida del capital de trabajo de las empresas agrícolas, algo que no puede analizarse fuera de contexto, ya que la prioridad central para que la Argentina vuelva a ser grande otra vez es la consolidación del superávit fiscal.
También es relevante mencionar ese aspecto para concientizar a la población. Cada vez que alguien, por ejemplo, se queja del estado de las rutas nacionales, está, de alguna manera, conspirando contra el equilibrio fiscal, y eso atenta contra la posibilidad de seguir rebajando las alícuotas de los derechos de exportación. ¡Seamos consecuentes, por favor!
Por otra parte, no podemos dejar de recordar que, si al momento de analizar la ejecución del presupuesto del Estado nacional sumamos los intereses capitalizables correspondientes a las Letras del Tesoro (Lecaps) y a los Bonos Capitalizables (Boncaps), el resultado financiero pasa a ser deficitario.
Sin embargo, gracias a esos instrumentos financieros es factible contar con un tipo de cambio apreciado y relativamente estable, lo que resulta necesario para que la Argentina pueda reconectarse con el mundo civilizado e importar todo lo indispensable a precios acordes con el poder adquisitivo de la población con capacidad de consumo.
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No es fácil la tarea que tenemos entre manos. El cambio cultural es un trabajo arduo que requiere el máximo esfuerzo pedagógico por parte de los evangelizadores libertarios. No bajemos los brazos. ¡Viva la libertad, carajo!



