La iniciativa se desarrolla sobre unas 300.000 hectáreas donde viven más de dos millones de personas y combina restauración ecológica con estrategias productivas para fortalecer las economías locales. El equipo argentino trabaja junto a comunidades e instituciones de Kenia para diseñar soluciones que integren conservación, agroecología y desarrollo rural sostenible.
Un equipo de investigadores argentinos viajó por segunda vez a Kenia para colaborar con el desarrollo de Kakamega Forest Link, una iniciativa internacional orientada a la conservación del ecosistema local, la producción de alimentos y la promoción de estrategias de la sustentabilidad.
El proyecto se desarrolla en torno a la Reserva de Kakamega, el último bosque tropical que se conserva en Kenia.
«Estamos rediseñando 300.000 hectáreas en una zona donde viven más de dos millones de personas y que, al mismo tiempo, constituye un relicto de bosque tropical neocongoleño con una biodiversidad única», explicó a AIRE Agro el director del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD), dependiente del CONICET y de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), e integrante de la consultora Agrodesign Lucas Garibaldi.
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En 2025 también participaron de una primera misión al territorio Pablo Talano y Sofía Stieglitz, integrantes de la misma organización.

La iniciativa nació a partir de una cooperación entre Francia y Kenia y reúne a organizaciones locales, instituciones de investigación y asociaciones civiles, entre ellas The Green Network Project y la Fundación Wangarĩ Maathai, que lleva el nombrfe de la primera mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz.
Un proyecto que combina conservación y desarrollo rural
La iniciativa también busca fortalecer los medios de vida rurales de una población que conserva conocimientos vinculados con la agricultura de subsistencia y la producción agroecológica de alimentos.
Para Garibaldi, preservar esa información resulta clave en un contexto global marcado por el despoblamiento rural y la creciente concentración de la población en las ciudades.
«En muchos países, la migración hacia las ciudades suele estar asociada con una pérdida de calidad de vida. Las personas dejan de producir sus propios alimentos y quedan más expuestas a situaciones de pobreza», sostuvo.
En ese escenario, consideró que existe una oportunidad para mejorar el bienestar de las comunidades a partir de la diversidad cultural y de las actividades productivas vinculadas con el territorio.
Otro de los ejes del proyecto es promover estrategias de conservación que también generen beneficios económicos y sociales para quienes viven en la región.
«Buscamos crear sinergias entre la naturaleza y las comunidades. Por ejemplo, la diversidad de árboles nativos dentro de las chacras puede aportar madera, medicinas y otros productos», explicó.

Restaurar el bosque sin resignar producción
Además de identificar áreas prioritarias para la restauración ecológica, el proyecto procura desarrollar alternativas de conservación económicamente viables.
«Buscamos encontrar soluciones que permitan conservar la naturaleza y que, al mismo tiempo, sean rentables para las personas. Ese es uno de los principales desafíos que tenemos en Kakamega», afirmó Garibaldi.
El equipo identificó tres áreas prioritarias para intervenir. La primera comprende las zonas cercanas a cursos de agua, donde la vegetación ayuda a reducir la contaminación, mejorar la regulación hídrica y disminuir el riesgo de inundaciones.
La segunda corresponde a sectores con fuertes pendientes, especialmente vulnerables a la erosión y a los deslizamientos durante los períodos de lluvias intensas.
La tercera incluye los relictos de bosque que aún sobreviven en el paisaje, cuya conservación, ampliación y conexión constituyen uno de los principales objetivos de la iniciativa.
Árboles nativos y ecoturismo para generar ingresos
El proyecto también promueve prácticas productivas destinadas a reducir la dependencia de especies exóticas y fortalecer el uso de árboles nativos.

«Muchas familias plantan eucaliptos como una especie de ahorro o jubilación. Nosotros trabajamos para generar alternativas con especies nativas que también tengan valor económico y puedan integrarse dentro de las granjas», señaló Garibaldi.
Aunque predominan las explotaciones de pequeña escala, la propuesta busca fomentar áreas boscosas diversificadas mediante el trabajo conjunto con viveros locales, impulsando especies nativas con potencial comercial y beneficios ambientales.
Además, el proyecto incorpora una estrategia de desarrollo del ecoturismo para generar nuevas fuentes de ingresos. En ese marco, jóvenes de la región reciben capacitación para desempeñarse como guías especializados.
Un modelo de trabajo construido junto a las comunidades
El aporte del equipo argentino se basa en una metodología de codiseño y coproducción con las comunidades locales.
Durante la primera misión, realizada en 2025, el objetivo fue relevar necesidades sociales y ambientales y construir un diagnóstico participativo sobre los principales desafíos del territorio.
La segunda visita estuvo enfocada en presentar y validar las propuestas surgidas de ese proceso. «Llevamos las ideas para discutirlas con la gente, conocer qué modificaciones harían, cuáles son sus prioridades y cómo mejorar las propuestas», explicó Garibaldi.
La próxima etapa, prevista para fines de 2026 o comienzos de 2027, estará centrada en la implementación de las acciones acordadas, que incluyen estrategias de restauración ecológica y prácticas regenerativas capaces de combinar beneficios ambientales con oportunidades económicas.
«Nosotros llegamos a sumar opciones y aportar herramientas técnicas, no a decirles qué tienen que hacer», remarcó.
En ese sentido, el equipo argentino aporta metodologías de diseño de paisajes, evaluación de alternativas y análisis de distintas posibilidades de intervención, mientras que las decisiones finales quedan en manos de las comunidades.
Durante las visitas también se realizaron talleres y espacios de trabajo con representantes de organizaciones e instituciones locales. «Ayudamos a identificar similitudes, puntos de tensión y oportunidades de articulación para generar sinergias entre las instituciones que participan del proyecto», concluyó.
