La actividad reunió experiencias y conocimientos sobre el aprovechamiento de los animales provenientes de los tambos. UNCOGA presentó su sistema de engorde y especialistas del INTA abordaron alternativas para fortalecer la producción de carne.
El macho Holando Argentino dejó de ser un subproducto sin destino para convertirse en una alternativa para producir carne de calidad. Así quedó planteado durante la jornada a campo del IPCVA realizada el jueves 13 de agosto en Humboldt, donde se mostró el sistema de engorde en un feedlot cooperativo y especialistas del INTA analizaron las posibilidades que ofrecen los cruzamientos carniceros en los tambos.
Las instalaciones de UNCOGA (Unión de Cooperativas Ganaderas) apunta a darle una nueva salida al ternero macho de los establecimientos lecheros de la región. Oscar Ferrero, director técnico del encierre cooperativo, explicó que el objetivo fue agregar valor a una producción que históricamente tuvo dificultades para encontrar un destino rentable.
«Lo único que le faltaba era ponerle una mejor grasa de cobertura acompañada por el marbling«, señaló el veterinario a AIRE Agro al explicar el desarrollo del sistema.
LEÉ MÁS►La carne gana terreno en la cuenca lechera: exitoso remate de la Unión Ganadera de Humberto 1°

Un engorde que busca equiparar al Holando con un mestizo
El proceso -explicó- comienza con terneros de entre 170 y 200 kilos, que ingresan al feedlot, son caravaneados electrónicamente y quedan identificados durante todo el proceso. El establecimiento cuenta con una trazabilidad propia que permite seguir cada animal desde el ingreso hasta la faena y devolver a las cooperativas el resultado obtenido de cada animal que enviaron.
Después de la recepción se aplica un plan sanitario y comienza un período de adaptación de entre 15 y 20 días. Durante esa etapa se realizan lecturas de comedero y de bosta para detectar el cambio en el rumen antes de avanzar hacia la dieta de terminación.
La alimentación se basa en silos de trigo o maíz, rollo de alfalfa, grano de maíz partido y un concentrado proteico. A ese esquema se incorporó además grasa bypass, como parte de las pruebas que realiza actualmente el feedlot para mejorar el engrasamiento.
El sistema permite alcanzar ganancias diarias de entre 1,3 y 1,35 kilos, con una eficiencia de conversión de materia seca de 6,5 a 1. Los animales se terminan entre los 380 y 420 kilos en unos 150 días, aunque con la incorporación de grasa bypass ese período se redujo a alrededor de 130 días.

El resultado buscado es modificar una de las principales diferencias históricas entre el Holando y los animales mestizos. Mientras el Holando presenta una grasa más blanca y una carne más rosada y tiene menor facilidad para generar grasa de cobertura y marbling, el manejo aplicado permitió mejorar esos atributos.
Ferrero destacó el incremento en la proporción de las reses Holando de mayor calidad. «Desde que pusimos este tipo de engorde y con grasa bypass pasamos a tener casi el 40% de tipificación B«, explicó. Según el técnico, el resultado permite equiparar al Holando con el mestizo desde el punto de vista de la media res.
Una alternativa que genera demanda y movimiento en la zona
El cambio también empieza a reflejarse en el mercado de terneros. Ferrero señaló que los machos Holando provenientes de tambos son actualmente buscados en los remates, una situación que contrasta con lo que ocurría años atrás, cuando incluso se llegaba a descartarlos por la falta de alternativas comerciales. «Hoy cualquier ternero de tambo es muy buscado en los remates», afirmó.
La experiencia de UNCOGA también incorpora un componente asociativo. El feedlot no cuenta con campo propio para producir todos los insumos que necesita: productores de Humboldt proveen el picado y el maíz utilizados para alimentar a los animales.
Para Ferrero, ese entramado permite que el desarrollo genere valor agregado en la zona, al crear una alternativa para los terneros de los tambos y, al mismo tiempo, una demanda para los productores que abastecen al feedlot.
La propuesta no apunta a que cada tambo deba instalar su propio sistema de terminación. El técnico planteó la posibilidad de distribuir las tareas entre distintos actores: «Tenemos que cambiar de mentalidad argentina: tenemos que trabajar en esquemas asociativos«.

Beef on Dairy: más carne sin descuidar la reposición
Otro de los ejes de la jornada fue el sistema Beef on Dairy, que propone utilizar vacas de tambo cuya descendencia no será necesaria para la reposición y cruzarlas con genética carnicera.
Nicolás Welschen, médico veterinario del área de Salud Animal y Epidemiología del INTA Rafaela, explicó que esta alternativa todavía se encuentra en una etapa inicial en Argentina, pero que tiene un potencial significativo en la cuenca lechera santafesina.
En esa región, alrededor del 70% de los animales son de tambo. Por eso, sostuvo que el margen para incorporar cruzamientos es amplio, siempre que antes se analice la dinámica de cada rodeo.
«Repensar cómo está la reposición de nuestro rodeo» es, para Welschen, una condición central antes de aplicar Beef on Dairy. El riesgo es utilizar demasiadas vacas para cruzamientos carniceros y luego no contar con suficientes hembras para renovar el plantel lechero.
El precio de las vaquillonas abre una oportunidad
El contexto actual puede favorecer la incorporación de esta herramienta. Welschen explicó que hoy el precio de una vaquillona de reposición se encuentra por debajo del de un novillo, en un escenario en el que muchos tambos tienen dificultades para colocar las hembras excedentes. «Hoy es un momento ideal como para empezar con un grupo de vacas que no quiero que me dejen descendencia en el campo, meter novillos de carne», sostuvo.
Una de las ventajas del sistema es que no necesariamente exige un mayor gasto en alimentación. Según la experiencia presentada por el especialista, un animal Beef on Dairy puede producir un producto de mayor valor con una dieta similar a la que recibiría una vaquillona.
Welschen señaló que un ternero de invernada producto de un cruzamiento Angus por Holstein puede alcanzar un precio 25% a 28% superior al de una vaquillona Holando de seis u ocho meses, aun cuando ambos consuman la misma alimentación. «Esto no necesariamente implica un gasto extra de alimento; por el contrario, la evidencia muestra que es menor el gasto», afirmó.
LEÉ MÁS►IPCVA: Carsfe votó mantener el aporte obligatorio, pero pidió cambios y más transparencia
La alternativa, además, es flexible: el productor puede retener el animal para producir un novillo de 18 o 20 meses, venderlo como invernada o derivarlo a otro eslabón de la cadena. Para Welschen, la combinación entre la situación del mercado de reposición y el potencial de los cruzamientos abre una oportunidad para diversificar la rentabilidad de los tambos. «Creo que la potencialidad para generar un producto de más valor es muy alta en los tambos de la zona», concluyó.

