Una empresa familiar nacida en Feliciano combinó producción, genética e industria para atender distintos mercados de carne. Su titular explicó las claves del modelo y los desafíos que enfrenta la ganadería argentina.
La genética bovina es el punto de partida del negocio desarrollado por una empresa ganadera de Feliciano, Entre Ríos, que abarca la producción de reproductores y vientres hasta la faena, el consumo interno y la exportación de carne. Durante la 81° Exposición de la Sociedad Rural de la localidad, Sebastián Castillo, explicó el planteo y brindó su mirada sobre una ganadería argentina que, según sostuvo, enfrenta una demanda internacional que crece más rápido que la oferta.
Vinculada a la cabaña Doña Ñata, «Abuelo Julio» produce principalmente animales Braford y también Angus, tiene presencia comercial en una veintena de mercados, trabaja con carne kosher y acaba de firmar un contrato con un grupo musulmán de Estados Unidos.
“Nosotros hoy tenemos presencia comercial en 24 países”, sostuvo el empresario, y agregó que en más de 10 de esos mercados la relación con los clientes alcanzó “un nivel de colaboración estrecho, que permite adaptar el producto a las necesidades de cada comprador”.
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De la producción primaria a la integración
El nombre de la firma surgió de la historia familiar de Castillo. Su abuelo era un “fanático de la ganadería” y consideraba a Feliciano como su lugar en el mundo. La familia representa la cuarta generación de productores y durante años se dedicó principalmente a la cría y la recría.

El cambio comenzó cuando la empresa amplió su mirada sobre el negocio y avanzó sobre la genética y la integración de la cadena.
“Nosotros arrancamos con la cabaña”, señaló Castillo, pero “nos pusimos como objetivo dejar atrás un esquema limitado a la producción de terneros para avanzar hacia un sistema que permitiera controlar más etapas hasta llegar al consumidor”.
La cabaña se convirtió en la base del proyecto. Para Castillo, la genética permite obtener productos homogéneos, mejorar el rendimiento de los cortes y responder a las exigencias de los mercados internacionales. “Es la base de cualquier producto de calidad cuando hablamos de un producto cárnico”, afirmó.
Braford y Angus para distintos destinos
La firma produce principalmente Braford por su adaptación a las condiciones del norte entrerriano, aunque también desarrolla Angus. El modelo genético busca combinar adaptación ambiental, rendimiento y calidad de carne.
La empresa apunta a animales capaces de desarrollarse con temperaturas elevadas durante el verano y amplitudes térmicas en invierno. A la vez, procura buenos rendimientos, cortes con marbling —grasa intramuscular distribuida como pequeñas líneas o puntos blancos— y un nivel equilibrado de grasa.
“Ese equilibrio permite atender diferentes destinos: restaurantes, hoteles y servicios de catering; plataformas digitales de comercialización de alimentos; y mercados que requieren cortes de gran calibre, como el vinculado con la elaboración de shawarma”, explicó.
Una cadena que también integra los granos
«Abuelo Julio» busca que los reproductores y los animales que generan permanezcan dentro del sistema hasta su destino final, que puede ser la terminación de un novillo o la venta de un reproductor.

La integración también alcanza a la agricultura. La empresa produce en Entre Ríos parte de los granos utilizados para alimentar a sus animales. “La agricultura que nosotros hacemos en Entre Ríos es la misma agricultura que alimenta nuestros animales”, señaló.
La escala propia todavía representa una parte limitada del volumen comercializado. La firma faena unos 1.200 animales por semana y entre 200 y 350 provienen de su propio ecosistema productivo.
“Hoy estamos en un 15%, o menos y el objetivo es aumentar ese porcentaje”, sostuvo Castillo. Sin embargo, advirtió que “el crecimiento comercial avanza a un ritmo diferente del crecimiento biológico de la producción ganadera”.
La empresa utiliza terminación a pasto y con granos, según el animal y el destino. En ambos casos, Castillo destacó la necesidad de medir los índices productivos, mejorar la conversión de kilos y elevar la eficiencia.
Kosher, mercado musulmán y presencia internacional
La carne kosher ocupó un lugar central en el desarrollo comercial. Castillo explicó que el primer contrato de largo plazo de la empresa estuvo vinculado con ese mercado y que todavía continúa con el mismo cliente.
Este mercado, dijo, adquirió una importancia comparable a la que tuvo en su momento la demanda china para determinados segmentos de la cadena ganadera. “Hoy el negocio sin el kosher es muy difícil, hay que decirlo”, afirmó.
La empresa también fortaleció sus vínculos con el mercado musulmán. «Abuelo Julio» firmó un contrato con un grupo de Estados Unidos para vender carne destinada a los carritos de shawarma de las grandes ciudades de ese país.

Una oportunidad para la ganadería argentina
Castillo sostuvo que la demanda internacional de carne vacuna se mantuvo amplia y diversa y consideró que para capitalizarlo hay que mejorar la competitividad. “Estoy convencido de que este buen momento se va a sostener en el mundo y que Argentina lo tiene que aprovechar y ser parte”, sostuvo.
El empresario aseguró que la demanda crece más rápido que la oferta, lo que contribuye a sostener los precios internacionales. Para él, el desafío interno es elevar la productividad y la eficiencia, sin depender exclusivamente de una suba de valores.
También planteó la necesidad de equilibrio entre criadores, recriadores, engordadores, frigoríficos y comercializadores. “La oportunidad que tenemos es de que todos podamos tener una cadena sana”, subrayó.
Castillo cuestionó además las comisiones que consideró excesivas en algunas operaciones de hacienda. Aunque defendió la intermediación, sostuvo que cada participante debe tener una participación lógica dentro de la cadena.
La garrapata, un desafío regional
La garrapata bovina también formó parte de la exposición. Castillo aclaró que su análisis corresponde al plano empresarial y no al técnico.
«Abuelo Julio» está ubicada a unos 20 kilómetros del límite con Corrientes y la empresa incorporó la presencia de la garrapata como una condición del sistema productivo. Por eso mantiene inmunizado a todo su plantel y adapta los tratamientos a las características de la zona.
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Castillo reconoció que Entre Ríos busca convertirse en una provincia libre de garrapata, pero planteó dudas sobre la posibilidad de erradicarla por completo. “Me parece que es mejor convivir con la garrapata que querer erradicarla 100%”, opinó.
También consideró que el abordaje sanitario debería superar los límites provinciales. “Estas cosas deberían ser más regionales, más de país, no de provincia. La discusión requiere una definición conjunta entre los distintos actores y jurisdicciones involucradas”, concluyó.
