Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
El líder no deja de sorprendernos y esta semana implementó la primera reducción de alícuotas de derechos de exportación asociada a un resultado electoral.
Por medio del decreto 423/2026, se procedió a rebajar la alícuota de trigo y cebada para ubicarla en un 5,5%, mientras que en el caso de la soja, el maíz, el sorgo, el girasol y productos derivados de los mismos se implementó un cronograma de reducción progresiva de alícuotas por instrumentar entre los años 2027 y 2028.
Como el 27 de octubre de 2027 se realizarán elecciones presidenciales en la Argentina, los integrantes de la comunidad agroindustrial tendrán entonces la posibilidad de votar entre la certidumbre de un cronograma de reducción de retenciones y la sospecha de un zarpazo tributario “kuka”.
El propio decreto 423/2026 reconoce que “esta gestión (por el gobierno libertario) entiende a los derechos de exportación como un impuesto distorsivo que debe eliminarse y que, en la medida en que lo permita el superávit fiscal, se irán reduciendo hasta su desaparición”.
En otras palabras: los productores están obligados a financiar el proyecto libertario a cambio de la devolución –en cómodas cuotas– de una porción del capital de trabajo expropiado por el Estado a través de los derechos de exportación.
Si no lo hacen, corren el riesgo de ser gobernados nuevamente por expropiadores seriales que no conciben –tan angurrientos son– devolver ni un poco de lo que se roban a través del cobro de impuestos distorsivos.
Ese riesgo no es, por cierto, teórico, sino una realidad completamente palpable. Basta solamente con observar el resultado de la segunda ronda de la licitación del BONAR 2027 (AO27) y del BONAR 2028 (AO28) el pasado 28 de mayo.
Mientras que el AO27, con vencimiento en octubre de 2027, registró una tasa nominal anual del 5,00%, el AO28 se colocó a una tasa nominal del 8,17%. Esos más de tres puntos de diferencia se explican por el riesgo “kuka”.
El hecho de reconocer que los derechos de exportación son un “impuesto distorsivo que debe eliminarse”, representa una afirmación que refleja de manera contundente el valor moral del gobierno libertario.
No es lo mismo un ladrón que, al robar una cartera, pide perdón y explica sus motivos, que otro que actúa con violencia y no se contenta con apropiarse de lo ajeno, sino que además agrede a la víctima para satisfacerse de manera sádica.
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La reducción progresiva de alícuotas de retenciones quizás no sea lo mejor para los productores, pero constituye una herramienta muy pedagógica para que sepan valorar lo que tienen y, fundamentalmente, lo que pueden llegar a perder si votan mal. Estoy más que seguro que sabrán qué hacer al momento de votar. Sigamos adelante ¡Viva la libertad, carajo!

