Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
El presidente Javier Milei esta semana le tapó la boca a los críticos que aseguran que en el gobierno libertario no existe ninguna política agropecuaria destinada al campo.
Durante el acto de celebración del 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el líder anunció que a partir de junio próximo la alícuota de los derechos de exportación sobre el trigo y la cebada pasará del 7,5% al 5,5%, algo que ya comenzó a reflejarse en las cotizaciones de ambos cereales.
Posteriormente, el ministro Luis “Toto” Caputo anunció un calendario de desgravación progresiva de alícuotas para la soja, el maíz y el girasol, el cual se aplicará a partir de 2027.
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En lugar de entusiasmarse y encontrar un motivo de alegría al momento de pagar impuestos, los quejosos de siempre salieron a decir que no habrá este año cambio alguno para la soja y que en 2027 se devolverían monedas.
¿No saben acaso que el presidente no reduce drásticamente las retenciones a la soja porque les está cuidando el negocio agrícola? ¿Se imaginan qué sucedería si las alícuotas de la oleaginosa cayeran a niveles bajísimos?
La participación de las gramíneas (trigo, maíz, cebada y sorgo) en la rotación agrícola de la Argentina ha mostrado una tendencia de crecimiento sostenido durante la última década, pasando de 35,1% en la campaña 2015/16 a un 46,6% en 2025/26, según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
El líder está plenamente al tanto de que se trata de un indicador que es fundamental para la sostenibilidad del sistema productivo, ya que una mayor presencia de gramíneas favorece la cobertura del suelo, el balance de nutrientes y el control biológico de malezas.
Con la rebaja de las retenciones a los cereales de invierno, el líder les está dando una oportunidad a los agricultores argentinos, quienes ahora deberán demostrar que están a la altura de las circunstancias.
Si siembran más cereales en los próximos meses y hablan con sus contadores para maximizar el pago de impuestos, de manera tal contribuir al aumento de la recaudación tributaria, entonces podrán ser merecedores en 2027 de una eventual mayor reducción de alícuotas en los productos del complejo sojero.
Andar a tontas y locas bajando derechos de exportación no sólo puede perjudicar el superávit fiscal y comprometer la estabilidad macroeconómica –que beneficia especialmente al campo–, sino que también representa una amenaza potencial para el cuidado de la salud del suelo. El margen económico de un sector específico no puede ser más importante que el patrimonio edáfico de los argentinos (afirmación no válida para corporaciones mineras y petroleras que realicen inversiones superiores a los 200 millones de dólares).
En lugar de preguntarse qué está haciendo el Estado por ustedes, son los productores quienes tendrían que preguntarse qué están haciendo por el país. ¿Tienen el campo siempre verde durante la mayor parte de los días del ciclo productivo o van a implementar un barbecho químico donde podría haber un cultivo invernal que aporte más recursos a ARCA y más divisas al BCRA? Reflexionen al respecto.
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No recurran a la queja sinsentido y sepan reconocer que tienen la suerte de contar con un líder que los cuida incluso de ustedes mismos. Cuando lleguen a ese nivel de comprensión, entonces podrán disfrutar pagar retenciones para financiar la batalla cultural que estamos librando contra aquellos que se quieren apropiar de lo ajeno de manera indebida. No bajemos los brazos ¡Viva la libertad, carajo!

