Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
El presidente Javier Milei —convencido del enorme potencial presente en el campo argentino— estuvo a un paso de anunciar un recorte profundo de los derechos de exportación agrícolas, pero finalmente no lo hizo porque recibió un informe que le causó gran preocupación.
La avanzada tecnológica que integra el Gobierno nacional diseñó un gemelo digital de todos los productores agrícolas argentinos y luego, en el ámbito de un modelo de simulación creado con inteligencia artificial, procedió a eliminar completamente las retenciones.
Los resultados iniciales fueron muy satisfactorios, porque los productores virtuales incrementaron tanto la superficie sembrada como la inversión tecnológica aplicada a los cultivos.
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Sin embargo, en el mediano plazo comenzaron a aparecer señales alarmantes, ya que los gemelos digitales se olvidaron rápidamente del beneficio concedido y comenzaron a solicitar ayudas al Estado, tal como sucede en otras naciones de base agropecuaria.
Muchos de los que no habrían sobrevivido con los derechos de exportación continuaron en el negocio, lo que redujo la oferta de tierra disponible en el mercado de arrendamientos agrícolas, y eso disparó el costo de oportunidad de la tierra.
Por otra parte, con el tiempo se perdió la iniciativa y las opiniones en el sector comenzaron a experimentar un peligroso proceso de homogeneización, que derivó en una pérdida progresiva de diversidad de criterios.
Otro aspecto complicado es que la mayor parte de los gemelos digitales empezó a registrar una creciente animosidad contra el Estado, ya fuera por el estado de las rutas, las tarifas energéticas, la falta de seguros agropecuarios adecuados o un extenso etcétera. Todo era una avalancha de queja tras queja.
En cambio, con las retenciones vigentes, la mitad de los productores protesta siempre contra el Estado, mientras que la otra mitad, cuando se aplican rebajas homeopáticas de alícuotas, pide paciencia y acompañamiento a sus pares quejosos, lo que habilita la generación de enfrentamientos internos que, al quedar encapsulados en el sector, no contaminan al resto de los actores sociales.
El líder, con buen criterio, se preguntó entonces si valía la pena asumir semejantes riesgos por unos pocos miles de millones de dólares que pueden solicitarse a organismos multilaterales con relativa facilidad; solo es necesario ser generoso en términos de soberanía, un concepto que debe ser revisado en función de la enorme cantidad de recursos naturales que tiene un territorio habitado por una población con una tasa de natalidad en franco descenso.
Cualquier persona con cierto nivel educativo sabe bien cuál fue la respuesta: sería una locura eliminar los derechos de exportación, porque los beneficios inmediatos generados por esa medida habrían sido sobrepasados con creces por los daños promovidos por los efectos derivados de esa decisión.
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Tenemos la suerte de contar con un líder que, además de dotes de estadista, dispone de herramientas tecnológicas que permiten validar decisiones con robustez estadística. Ojalá todos podamos sentir el mismo orgullo que experimento al escribir estas líneas. No bajemos los brazos. ¡Viva la libertad, carajo!

