El flamante decano advirtió sobre el atraso de Entre Ríos en conservación de suelos y planteó la necesidad de actualizar políticas para recuperar competitividad. También alertó por el deterioro salarial en las universidades públicas y el riesgo de pérdida de docentes y de calidad académica.
En el marco del proceso de renovación de autoridades de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), el crespense Mariano Fabio Saluzzio asumió como nuevo decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA), de Oro Verde, sucediendo en el cargo a Pedro Antonio Barbagelata. Alejandra Cecilia Kemerer, también crespense y quien se venía desempeñando como secretaria académica, lo secunda como vicedecana.
“Tenemos una universidad pública, de acceso irrestricto y de alta calidad. Y esa posibilidad, la de estudiar, es una de las cosas que nos dan verdaderas oportunidades en nuestro país. Por esto es que vamos a seguir trabajando”, destacó el flamante decano durante el acto de asunción.
Saluzzio ingresó a la Facultad de Ciencias Agropecuarias como alumno en 1984, con 17 años, y nunca se fue. “Por eso, para mí es un honor y un desafío poder cumplir el rol de decano de esta casa de estudios”, le dijo a AIRE AGRO.
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Universidades en crisis: alerta por salarios y fuga de docentes
Saluzzio, que posee una extensa trayectoria como docente y es un reconocido profesional en la actividad privada, asumió como decano en tiempos complicados para las universidades públicas argentinas, que enfrentan enormes dificultades presupuestarias. “No es el mejor momento, está claro, pero nuestra Facultad y la Universidad Nacional de Entre Ríos están muy bien”, remarcó. Sin embargo, subrayó que “tenemos un problema de sueldos, tanto de los docentes como del personal administrativo y de servicios, con un desfase del 35% como mínimo”.
“Es un problema muy grave porque genera desánimo y hace que muchos docentes —en los que la universidad invirtió mucho en su preparación para que puedan realizar investigación y extensión— se terminen yendo”, lamentó. Además, contó que en el caso de la FCA ya ha habido renuncias de algunos docentes —fundamentalmente de aquellos que residen lejos de Oro Verde—, mientras que otros están evaluando esa posibilidad.
Esta realidad, advirtió, podría ocasionar una disminución en la calidad académica, lo que se transformaría en un problema serio para los futuros profesionales y para la sociedad en general.
La UNER ha crecido mucho: en 20 años pasó de 5.000 alumnos a 26.000, mientras que la FCA ha vivido una expansión similar. Cada año ingresan entre 250 y 300 alumnos a estudiar Ingeniería Agronómica, además de haberse sumado nuevas ofertas académicas —Administración de Empresas y la Tecnicatura en Jardinería—, que reciben cada una entre 400 y 500 alumnos anualmente, junto con un desarrollo significativo en materia de infraestructura.
“Sostener todo lo que se ha logrado en los últimos años es el primer desafío”, subrayó Saluzzio.
Nuevo plan de estudios: más flexibilidad y adaptación tecnológica
El decano, en otro orden, recordó que en 2023 el plan de estudios de Agronomía fue modificado y resultó “un gran paso adelante” en un contexto de continua evolución tecnológica en el sector agropecuario.
El nuevo plan, explicó, propone, al finalizar la carrera, “lo que llamamos la formación complementaria”. Esta instancia “tiene que ver con algunos temas específicos de la producción agropecuaria que solo algunos alumnos suelen tomar, porque es una fase optativa de la carrera”.
“Esto le brinda al alumno la posibilidad de que pueda tomar distintos cursos o materias en otras facultades, o acreditar cursos para profesionales realizados en otro lugar. Y toda tecnología que vaya surgiendo y que amerite un curso o una materia nueva se va a poder incorporar dentro de la formación complementaria, sin necesidad de cambiar el plan de estudios, que suele ser un trámite tremendamente engorroso”, agregó.
Conservación de suelos: el atraso de Entre Ríos y el modelo que miran
Saluzzio es especialista en erosión hídrica y conservación de suelos y, desde hace muchos años, trabaja en esa temática en la actividad privada.

Su llegada al decanato de Ciencias Agropecuarias hace suponer que todo lo relacionado con la conservación de los suelos podría recobrar la importancia que alguna vez tuvo en Entre Ríos, provincia que supo estar a la vanguardia a nivel nacional, pero que en los últimos tiempos quedó prácticamente estancada.
—¿Es posible que la conservación de los suelos y el ordenamiento territorial vuelvan a tener presencia en la agenda política, como sucedió alguna vez?
—Es parte de los desafíos que tenemos. Si bien en la gestión de Pedro Barbagelata se trabajó mucho en estos temas, con participación en distintos foros, evidentemente tenemos que seguir enfatizando la necesidad de continuar con esa tarea, aggiornarnos, ponernos al día. Alguna vez Entre Ríos fue ejemplo en la parte legal de la conservación de suelos y hoy estamos tremendamente atrasados si nos comparamos con Córdoba, pero también con La Pampa, San Luis y con un proyecto que están intentando llevar a cabo en Santa Fe, que es muy ambicioso: el Observatorio Santafesino de Suelos.
Planes de uso y ordenamiento territorial: la deuda pendiente
El planteo de quienes trabajan en conservación de suelos en la Facultad y en el INTA, junto con el director regional Jorge Gvozdenovich, es avanzar hacia lo que ya aplica Uruguay: planes de uso y manejo responsable de suelos para asegurar prácticas sostenibles, como rotaciones de cultivos y manejo de la cobertura, manteniendo la erosión por debajo de los límites tolerables.
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Ese proyecto se impulsa desde hace años y busca que Entre Ríos recupere terreno en materia normativa. En una provincia donde el 65/70% de los campos agrícolas están arrendados, la aplicación de estos planes podría extender la duración de los contratos y mejorar las prácticas productivas.
Y el ordenamiento territorial, remarcan, sigue siendo un punto crítico: la falta de regulación genera conflictos entre producción agropecuaria y desarrollos urbanos, obligando en muchos casos a dejar de producir.

