Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Qué placer fue escuchar esta semana a uno de los arquitectos de la estabilización macroeconómica argentina en el predio ferial de Palermo. Los gustos hay que dárselos en vida.
“La única forma de estar blindados es no movernos un centímetro del camino del orden económico, porque Argentina fue un país que, durante décadas, atropelló la propiedad privada, pisoteó las instituciones y su moneda”, aseguró esta semana el ministro Luis «Toto» Caputo durante una charla ofrecida en la reunión de fin de año de directores y delegados de la Sociedad Rural Argentina (SRA).
Caputo remarcó que los logros económicos obtenidos se realizaron “respetando la santidad de los contratos, sin atropellar la propiedad privada” y recordó que esta es una metodología que la “Argentina había normalizado antes de la asunción del presidente Javier Milei”.
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Como se ha hecho costumbre, lamentablemente, algunos mandriles salieron a vociferar que los derechos de exportación representan una apropiación indebida del capital de trabajo de los productores agropecuarios. Se trata de una afirmación temeraria que, fuera de contexto, puede llegar a confundir a personas desprevenidas y desinformadas.
Ciertamente, no ayuda mucho que la OCDE siga incluyendo a la Argentina en la medición del apoyo estatal brindado a los productores (Producer Support Estimate o PSE), ya que el país descree de esas políticas socialistas. Los empresarios deben valerse por sus propios medios sin recurrir a beneficio alguno por parte del Estado; así lo determina la filosofía libertaria.
Si diéramos por cierta la hipótesis sostenida por los mandriles, entonces tendríamos que sostener que las regalías mineras (una compensación económica que las empresas del rubro abonan por la extracción de recursos naturales no renovables) representan un abuso, cuando eso claramente no es así.
Gracias al INTA, podemos saber que el 60% de las tierras cultivadas en la Argentina está por debajo del umbral crítico de fósforo, lo que implica que la mayor parte de los productores extrae más de lo que repone. Si bien no se reconocen como tales, conceptualmente son también «mineros«.
A pesar de que la extracción relativa de fósforo del suelo se ha venido incrementando en los últimos años, el presidente Javier Milei, en lugar de incrementar los derechos de exportación (que es lo que correspondería para mantener el equilibrio dinámico del uso del recurso público), los ha venido reduciendo, lo que demuestra la generosidad del líder.
En lugar de festejar ese logro, tenemos que escuchar a gente quejosa en el ámbito agropecuario, que no termina de entender que no solo no está abonando un impuesto injusto, sino que incluso podría estar siendo subsidiado por la actual gestión.
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Por suerte, podemos estar seguros de que, de todas maneras, votarán por Milei en 2027, porque saben que en frente tienen a un grupo de analfabetos intelectuales que creen que cerrar un mercado es una opción válida en el mundo en el que vivimos. Ucrania y Rusia no pueden exportar por el mar Negro por el enjambre de drones y misiles que atacan puertos y buques cargueros. Acá, en cambio, basta la firma de un kirchnerista para bloquear un mercado. Por eso, no perdamos las esperanzas. Tenemos un gran desafío por delante. ¡A no aflojar! ¡Viva la libertad, carajo!



