Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Esta semana se negociaron los primeros contratos de Soja Rosario Visec en A3 Mercados con un precio diferencial de 10 u$s/tonelada con respecto al contrato de Soja Rosario condición cámara.
Las operaciones, realizadas sobre el contrato de Soja Rosario Noviembre 2026, reflejaron que aquellos productores que se dieron de alta en el sistema de trazabilidad georreferenciado Visec pudieron acceder a «premios» sustanciales de precios.
El sistema permite validar que el origen de la harina de soja exportada a la Unión Europea provino de zonas que no fueron deforestadas. Dentro de un par de décadas, considerando las tendencias demográficas vigentes en la UE-27, será una herramienta esencial para poder validar que el operario de la cosechadora que trabaja en el lote de soja no bebe alcohol ni consume carne porcina.
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Existe, ciertamente, una gran controversia al respecto, porque no son pocos los productores que consideran que el Reglamento 1115 de la UE-27 sobre “Productos Libres de Deforestación” (EUDR) representa una intromisión inadmisible.
Al tratarse del requisito de un comprador, se puede aceptar o no en el marco de la libertad de acción humana. Aquellos que están dispuestos a convalidar esa «intromisión» reciben una compensación. Y los que no, se mantienen al margen.
Sin embargo, resulta curioso que, mientras que en el mercado agrícola el esfuerzo conlleva un «premio», en el mercado ganadero algunos frigoríficos comunicaron que aplicarán «descuentos» a la hacienda de empresas pecuarias que no se hayan dado de alta en la plataforma Visec.
El mercado europeo de harina de soja es tan relevante para la Argentina como lo es el de carne vacuna. Pero las industrias cárnicas optaron por probar la estrategia del «garrote» en lugar de la «zanahoria» para intentar sumar adhesiones a la plataforma Visec.
En los hechos, la filosofía libertaria indica que se trata de una cuestión propia de privados, por lo que el Estado nacional no tiene nada que hacer allí, salvo consolidar la intervención virtuosa del tipo de cambio para maximizar el valor en dólares de la carne comercializada en el mercado interno y contribuir así a morigerar eventuales conductas comerciales inapropiadas del sector exportador.
Los productores ganaderos descontentos pueden optar por gestionar su propio frigorífico exportador y aprovechar la coyuntura favorable en ese sentido, dado que abundan las empresas procesadoras cárnicas desfinanciadas que no pudieron adaptarse al resurgimiento macroeconómico de la Argentina.
En cualquier caso, lo importante es comprender que, detrás de todo problema, existe una oportunidad que puede ser encauzada a través del espíritu emprendedor. La regulación estatal no es la respuesta, la cual debe siempre provenir del sector privado a través de negociaciones libres. Los desacuerdos, en ese sentido, no deben ser entendidos como un fracaso, sino como una invitación a lograr una instancia superadora.
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El cambio cultural es un proceso que no es inmediato: requiere tiempo. Pero, una vez iniciado, resulta inexorable. Sigamos fomentando el equilibrio dinámico del mercado sin solicitar la intervención innecesaria del Estado, lo que redundará (sin considerar los intereses de las Lecaps, Boncaps, Letes, etcétera) en un saludable equilibrio fiscal. Sigamos avanzando. ¡Viva la libertad, carajo!


