Una jornada de CREA Región Sur de Santa Fe reunió experiencias, investigaciones y manejo a campo para mostrar cómo la integración agrícola-ganadera puede mejorar la salud del suelo y la estabilidad productiva. Los cultivos de servicio, el reciclado de nutrientes y las tecnologías de procesos fueron los principales ejes técnicos.
En un contexto donde los rindes dejaron de crecer al ritmo esperado y la degradación de los suelos limita la rentabilidad, recuperar los procesos biológicos pasó a ocupar un lugar central en las decisiones productivas.
Ese fue el mensaje que atravesó la jornada «Tranqueras abiertas», organizada por CREA Región Sur de Santa Fe en el establecimiento Hilda’s OCHA SA, de El Trébol, donde productores, asesores e investigadores analizaron cómo la integración entre agricultura y ganadería puede reconstruir la productividad a partir del uso de cultivos de servicio, el reciclado de nutrientes y un menor uso de insumos externos.
Integrar agricultura y ganadería para reconstruir el sistema
La experiencia del establecimiento anfitrión fue el hilo conductor de la jornada. Su gerente de Producción, Esteban Sconfienza, explicó que el cambio comenzó cuando las limitaciones del esquema agrícola tradicional se hicieron evidentes frente a las inclemencias climáticas y el deterioro del suelo.
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«Nuestro camino fue integrar ganadería y agricultura buscando consumir la biomasa generada por los cultivos de cobertura, recirculando nutrientes y activando procesos biológicos», detalló el ejecutivo.
Actualmente, el sistema combina un 80% de agricultura y un 20% de ganadería que rota sobre los lotes agrícolas. El objetivo no fue reemplazar actividades, sino aprovechar el pastoreo para transformar biomasa en carne, reciclar nutrientes y favorecer la generación de materia orgánica, reduciendo la dependencia de fertilizantes e insumos externos.
«La integración agrícola-ganadera genera más preguntas que respuestas. Eso significa que el sistema está vivo«, resumió Sconfienza.
Más raíces y menos dependencia de insumos
El ingeniero agrónomo Ricardo Pozzi sostuvo que las rotaciones tradicionales ya no alcanzan para recuperar la calidad física de los suelos. «Con las rotaciones tradicionales de cultivos de renta y 3% de materia orgánica ya no alcanza.»
Explicó que las raíces y la rizodeposición representan la principal vía de incorporación de carbono al suelo, mejorando estructura, infiltración, retención de agua y fertilidad. En ese proceso, las pasturas son las que más contribuyen a incrementar la materia orgánica, seguidas por los cultivos de servicio.
Para Pozzi, el desafío pasa por priorizar las tecnologías de procesos sobre las de insumos y adaptar el manejo a cada ambiente, sin recetas únicas.
Cultivos de servicio: sincronizar nutrientes y producir carne
Las investigadoras Silvina Restovich y María Paz Tieri presentaron resultados que muestran el aporte de los cultivos de servicio al ciclado de nutrientes y al balance de carbono.
Explicaron que la liberación de nitrógeno depende de la relación carbono/nitrógeno de los residuos y del tiempo transcurrido entre el secado del cultivo de servicio y la siembra del cultivo siguiente. En sus ensayos, un secado más tardío permitió una mejor sincronización de la oferta de nitrógeno, aunque advirtieron que debe contemplarse el consumo de agua en campañas secas.
En sistemas mixtos, el pastoreo agregó una nueva función. «Además de capturar carbono, producen carne y reciclan fósforo.»
Los trabajos mostraron que el reciclado de fósforo y la inmovilización del nutriente en la biomasa microbiana fueron superiores cuando los cultivos fueron pastoreados.
El pastoreo como herramienta de manejo
Los ingenieros Alex Tomassetti y Gabriel Zurbriggen señalaron que el aprovechamiento ganadero de los cultivos de servicio requiere manejar intensidad, frecuencia y distribución del pastoreo para conservar sus beneficios agronómicos. «La clave es realizar un pastoreo moderado, dejando un remanente de entre 15 y 20 centímetros.»
Ese manejo permite mantener la cobertura, incrementar la producción de forraje y sostener el rendimiento de los cultivos agrícolas posteriores, además de mejorar la provisión de servicios ecosistémicos.
Pensar el lote como parte de un sistema
El investigador Lucas Garibaldi amplió la mirada hacia el paisaje productivo y destacó el aporte de la biodiversidad. «Es clave comenzar a pensar en un ambiente integral y ya no sólo en la relación cultivo-producto.»
Según explicó, los paisajes multifuncionales favorecen la polinización, mejoran la calidad de los cultivos y contribuyen a la estabilidad del sistema productivo.
La jornada concluyó con recorridas por tres estaciones a campo, donde los asistentes observaron una calicata en un lote con cultivos de servicio pastoreados, el funcionamiento de estructuras móviles para el manejo del rodeo y el desempeño de los animales sobre los verdeos, integrando en la práctica los conceptos desarrollados durante las exposiciones.


