La relación entre soja y gramíneas volvería a ubicarse cerca de la paridad en la campaña 2026/27, consolidando un cambio que lleva una década. Mientras el maíz reafirma su lugar en las rotaciones, la siembra de trigo enfrenta demoras que podrían dejar 100.000 hectáreas fuera de la fecha óptima.
La imagen del «mar de soja» que durante años caracterizó a la región núcleo quedó relegada al pasado. La campaña 2026/27 consolida un cambio de paradigma productivo: las rotaciones con gramíneas dejaron de ser una excepción para transformarse en la base del sistema agrícola, afirmó la Bolsa de Comercio de Rosario.
Impulsadas por razones agronómicas, económicas y climáticas, las decisiones de los productores vuelven a sostener una relación cercana a la paridad entre soja, maíz y trigo, un escenario que también comienza a reflejarse en mejores resultados para la propia oleaginosa.
Rotaciones que cambiaron el mapa agrícola
Hace apenas una década, la relación soja/gramíneas era de 4 a 1. Hoy, esa proporción quedó atrás. Tras ubicarse en 1,07 durante la campaña pasada —con récord de siembra de trigo y maíz—, para el ciclo 2026/27 se proyecta una relación de 1,14 hectáreas de soja por cada hectárea de gramíneas.
LEÉ MÁS►Soja récord en el centro-norte santafesino: la mejor cosecha de primera de la historia
El cambio responde a la necesidad de recuperar la fertilidad física y química de los suelos y reducir la presión de malezas y plagas, problemas que se profundizaron durante los años de predominio del monocultivo.
Los técnicos resumen esta transformación en una frase: «Una soja de alta producción necesita un antecesor de maíz«.

Esa estrategia ya empieza a mostrar resultados. Según los relevamientos de la Guía Estratégica para el Agro (GEA), la mejora en los rendimientos de soja responde a «una combinación de factores» entre los que sobresalen el avance genético, mejores planteos de manejo y «el efecto acumulado de las rotaciones, cuando el agua no es limitante».
Maíz firme, soja recupera terreno y el trigo retrocede
Las encuestas de la GEA muestran que el maíz volverá a ocupar un lugar central. Favorecido por la baja del precio de la urea, que se negocia entre 550 y 600 dólares por tonelada, la intención es repetir o incluso superar el área implantada el año pasado.
Desde Pergamino explican que «por las expectativas de un Niño, el reacomodamiento del precio del nitrógeno y la intención de realizar planteos tempranos y de alta tecnología se está preparando una gran siembra maicera«.
En soja de primera, en tanto, se proyecta un aumento del 10% del área. El cultivo vuelve a ganar presencia en los mejores ambientes gracias a su menor costo de implantación y simplicidad de manejo, aunque persisten interrogantes sobre su rentabilidad.
El trigo muestra la única señal de retroceso dentro del esquema de rotaciones. La intención de siembra cae 12% respecto del ciclo anterior.
La soja mejora sus rindes apoyada en el cambio de sistema
El mayor peso de las gramíneas también comienza a reflejarse en los resultados de la soja. Los técnicos destacan que los lotes implantados sobre rastrojos de maíz presentan un comportamiento superior al de los antiguos esquemas de soja sobre soja.
En la última campaña, los lotes de mayor potencial alcanzaron rindes cercanos a 50 quintales por hectárea en Corral de Bustos, mientras que en Colón se registraron hasta 80 quintales en ambientes con buena disponibilidad de agua y napa.
Los especialistas también destacan el aporte de las nuevas variedades con eventos de tolerancia a herbicidas. Desde Colón sintetizan el impacto de esta tecnología: «Es un antes y un después; el productor que la adoptó no vuelve atrás».
El trigo entra en la recta final con demoras
La siembra de trigo avanzó sobre el 87% del área prevista, dos puntos porcentuales por delante del año pasado para esta fecha. Sin embargo, las lluvias registradas en el este de la región complicaron el ingreso de las sembradoras y reducen el margen para implantar materiales de ciclo largo.
La estimación indica que unas 100.000 hectáreas podrían sembrarse fuera de la fecha óptima.
Desde Aldao advierten que extender la implantación incrementa el riesgo de que los períodos críticos del cultivo coincidan con temperaturas elevadas. Además, cambiar a variedades de ciclo corto no siempre resulta posible por la limitada disponibilidad de semilla.
En algunas zonas incluso no descartan que finalmente el área sembrada termine siendo inferior a la prevista, lo que convertiría al trigo en la única gramínea que cedería superficie dentro de un esquema productivo donde las rotaciones ya dejaron de ser una tendencia para convertirse en una práctica consolidada.
