Desde el INTA y el CONICET avanzan en el desarrollo de productos con impacto productivo y ambiental, y reconocimiento internacional.
En los últimos años, el mejoramiento de inoculantes dio un salto en la Argentina a partir de la aplicación de herramientas de edición génica. Investigaciones del INTA y el CONICET están impulsando una nueva generación de productos con mejoras en eficiencia, rendimiento y desempeño ambiental.
Recientemente, estos desarrollos fueron distinguidos en el Concurso de Agrobioemprendimientos de Impacto LATAM 2025, impulsado por el programa de Innovación y Bioeconomía del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), junto al Fondo Regional de Tecnología Agropecuaria (FONTAGRO), la Red Latinoamericana de Bioeconomía y otros aliados estratégicos de la región.
De la transgénesis a la edición génica
Durante décadas, el desarrollo de inoculantes para leguminosas se basó en la selección de bacterias presentes en la naturaleza. Ese enfoque permitió avanzar hasta alcanzar un techo hacia los años 90. Desde entonces, la ingeniería genética se convirtió en una vía más eficiente para introducir cambios dirigidos en estos microorganismos.
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“El mejoramiento clásico se basa en cruzamientos y selección de la descendencia, algo que en bacterias no es posible porque se reproducen de manera asexual”, explicó Nicolás Ayub, investigador del CONICET en el Centro de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas (CICVYA) del INTA Castelar, donde integra los institutos de Genética y de Biotecnología.

El CICVYA es un referente en agrobiotecnología en la Argentina. Allí, Esteban Hopp participó en el desarrollo de los vectores binarios usados para incorporar genes de tolerancia a glifosato, una tecnología que luego adoptó el sector privado para el control de malezas. También surgieron Sergio Feingold, pionero en la aplicación de edición génica en el país, y Gabriela Soto, reconocida por sus aportes en prospección génica, transgénesis y edición génica.
En esa tradición de innovación científica y desarrollo biotecnológico se inscribe el trabajo actual del equipo. La edición génica permite modificar el ADN del organismo sin incorporar genes de otras especies, como ocurría con la transgénesis. Actualmente, el grupo de Ayub trabaja con estas herramientas sobre rizobios —las bacterias responsables de la fijación biológica de nitrógeno— para mejorar su desempeño en cultivos como soja, maní y alfalfa.
“El genoma de los rizobios de soja tiene unos 6 millones de nucleótidos. Con esta técnica, podemos modificar uno solo y obtener un carácter agronómico muy importante, sin introducir material externo”, ejemplificó. Ese nivel de precisión abre la posibilidad de activar funciones que estaban silenciadas en las bacterias.
En 2015, la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) estableció un marco regulatorio para microorganismos modificados que permitió aprobar la liberación a campo de la primera bacteria recombinante destinada a uso como inoculante, desarrollada por el grupo de Ayub. En 2025, Argentina dio un paso más al determinar que ciertos microorganismos obtenidos mediante edición génica no deben ser regulados como organismos genéticamente modificados, sino equivalentes a los aislamientos naturales.
“A partir de esa aprobación, y con ayuda de investigadores de estaciones experimentales del INTA de todo el país, pudimos avanzar con la evaluación de inoculantes editados para soja en campo”, señaló el investigador. La decisión permitió salir del ámbito experimental y escalar los ensayos a campo en distintas ecoregiones. Según explicó, los productos que muestran buen desempeño pueden seguir el mismo proceso de registro que un inoculante convencional, sin atravesar las instancias regulatorias más complejas que exige un transgénico.

Mejoras ambientales y productivas
En la actualidad, el mejoramiento de inoculantes que impulsa el equipo del INTA y CONICET se orienta a cuatro objetivos principales: mejorar el rendimiento, reducir emisiones de gases de efecto invernadero, aumentar la disponibilidad de nitrógeno y disminuir la presencia de herbicidas en el ambiente.
Uno de sus primeros avances se enfocó en la emisión de óxido nitroso, uno de los principales gases de efecto invernadero. “Las bacterias del suelo son las que generan ese gas, y si bien el manejo agronómico puede mitigar parte de la emisión, los cambios más significativos se logran al intervenir sobre esos microorganismos”, explicó.
En ese sentido, introdujeron modificaciones que inhiben la desnitrificación, el proceso por el cual el nitrato se transforma en óxido nitroso. Esto no solo reduce emisiones, sino que también evita pérdidas de nitrógeno en el sistema. “Al conservar más nitrógeno en el suelo, el productor necesita usar menos insumos externos”, señaló.
También pusieron foco en variables productivas directas. “Trabajamos sobre el mejoramiento genético de la nitrogenasa, que es el complejo encargado de fijar nitrógeno. Así logramos que la planta tenga mayor disponibilidad y, en consecuencia, más rendimiento”, indicó.
Otra línea apunta a la degradación de herbicidas. A través de la edición génica, lograron que los inoculantes reduzcan la carga de glifosato y sus derivados en el suelo. “Podemos disminuir significativamente compuestos como el AMPA, que es uno de los principales residuos”, precisó.
Además, avanzan en desarrollos vinculados al estrés abiótico. En condiciones de sequía, por ejemplo, las plantas generan compuestos oxidantes que pueden resultar tóxicos. “Muchas veces no es el estrés en sí lo que las afecta, sino su propia respuesta. Logramos que las bacterias degraden esos compuestos y estamos próximos a evaluar la mejora en la tolerancia al déficit hídrico”, explicó.
Del laboratorio al campo
Ayub destacó el potencial de estos desarrollos. Se trata de los primeros inoculantes obtenidos mediante edición génica en la Argentina y, probablemente, en América Latina. “Hoy solo existen antecedentes comerciales en Estados Unidos, con productos genéticamente modificados o editados”, señaló.
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El desafío actual es extender la aplicación de esta tecnología de mejoramiento genético a todos los inoculantes modernos y la articulación con el sector privado para impactar en el mercado.
