La rentabilidad del sector se deteriora frente a costos crecientes que elevan los rendimientos de indiferencia muy por encima de la productividad media. La caída de la superficie sembrada y la falta de financiamiento agravan la incertidumbre de cara a la próxima campaña.
La producción arrocera en Argentina atraviesa una crisis de precios que pone en riesgo la supervivencia de los productores de menor escala. En la provincia de Santa Fe, el impacto se notó en el ciclo 2025/26 con una reducción de la superficie sembrada, aunque con menor intensidad que en Corrientes y Entre Ríos. Lo que ocurra a nivel internacional y el eventual apoyo local serán factores determinantes para la próxima campaña, a partir de agosto o septiembre.
Precios en caída y costos en alza
“Los precios son ridículos; no hay ni un productor en Argentina que pueda pagar los costos de lo que plantó hace seis meses”, afirmó el ingeniero agrónomo Leonardo Van Opstal, asesor y presidente de la Asociación de Técnicos Arroceros de Santa Fe. Si bien la última siembra se encaró sabiendo que el panorama no era favorable, “no nos imaginábamos tanto”.
En el programa 6AM en AIRE de Santa Fe, el profesional indicó que hoy un productor cobra $250 por kilo de arroz cáscara, dependiendo de la distancia al molino, ya que los más alejados sufren descuentos por flete. En dólares, esto equivale a unos u$s 160 por tonelada. Considerando que el costo de producir una hectárea ronda los u$s 1.600, “necesitamos 10.000 kilos de producción” como rendimiento de equilibrio, mientras que “el rendimiento promedio nacional no supera los 7.500 kilos”.
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En la provincia, según el Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA), este año el rinde medio ronda los 6.000 kilos en San Javier y los 6.900 en Garay. Así, “tenemos un 25% de quebranto sobre el margen bruto”, sin considerar logística e impuestos, explicó el asesor.
Sobrestock y caída de precios internacionales
Los bajos precios, señaló, responden a un sobrestock local y un desajuste de oferta a nivel mundial. En 2023 hubo un pico de precios que estimuló la siembra en 2024, lo que luego generó un exceso de materia prima en Argentina, mercado que consume solo el 50% de su producción. Al mismo tiempo, un desbalance global provocó la caída de los precios internacionales. “Ya el año pasado los números no cerraban y comenzó una reducción”, indicó.
Van Opstal sostuvo que “se notan los parates en la región, la detención de la inversión y de los proyectos de crecimiento: está todo parado, freezado”, no por especulación, sino porque “no hay fondos”.

Menos productores y menor superficie
Actualmente, Santa Fe cuenta con menos de 20 productores arroceros, frente a los aproximadamente 50 que había en el pasado. “Es un fenómeno que se dio en toda la Argentina”, explicó. En Entre Ríos, por ejemplo, el número bajó de 800 a 400; en Corrientes, de 600 a poco más de 300. Además, advirtió: “en cada crisis, el productor chico que sale no vuelve a entrar; no hay forma financiera de reinsertarse”.
En la zona arrocera provincial, un relevamiento reciente estimó que se sembraron 31.150 hectáreas durante la última campaña, casi un 7% menos que las 33.400 del ciclo anterior. A nivel nacional, la retracción fue del 12% (en Entre Ríos alcanzó el 18%).
Impacto económico y perspectivas futuras
“Sabemos bien la cantidad de gente que depende de esta actividad”, señaló Van Opstal, ya que el cultivo emplea aproximadamente a un trabajador cada 70 hectáreas. Además, genera demanda de transporte —debido al volumen de la cosecha— y de procesamiento en molinos, actividad que en Santa Fe se realiza íntegramente dentro de la provincia. Actualmente, “tenemos una capacidad molinera que supera la producción”, agregó.
El principal problema ahora es “lo que viene”, ya que el productor acumula dos campañas con precios bajos y enfrenta un escenario aún más complejo por el aumento del combustible y los fertilizantes, impulsado por la guerra en Medio Oriente.

En este contexto, desde las provincias arroceras reclamaron al Gobierno nacional “facilitar créditos a los productores en las mismas condiciones que a los exportadores”.
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Por otra parte, el técnico estimó que, a medida que los molinos reduzcan su stock, podría mejorar el precio del arroz cáscara. También destacó que el incentivo al riego —incluido en el RIMI— implicará una disminución del IVA en la energía eléctrica destinada a ese fin: “es una ventaja que este año no tuvimos, pero sí hacia adelante”.
En definitiva, la suerte de la próxima campaña dependerá de lo que ocurra hasta agosto, cuando comiencen los preparativos para la siembra. El productor hará los trabajos necesarios, pero “no va a sembrar hasta no tener un panorama certero”.
