El área implantada creció con fuerza y, junto a una mejora en los rindes, impulsó un volumen que superó ampliamente los registros recientes y el promedio de las últimas campañas. Ahora, avanzan la cosecha de maíz temprano con resultados variables según zona y el inicio del algodón en un escenario productivo heterogéneo.
La cosecha de girasol en el centro-norte de Santa Fe llegó a su fin con resultados históricos: una producción de 382.723 toneladas, un rendimiento promedio de 24 qq/ha y una expansión del área sembrada del 18%. El ciclo no solo superó ampliamente al anterior, sino que quebró el récord regional alcanzado en 2024/25 y se convirtió en el mayor volumen registrado en las últimas 15 campañas, desde el inicio de los relevamientos del Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA).
El mayor volumen en 15 años: un hito para el girasol regional
El cierre de la campaña 2025/26 confirmó un desempeño sobresaliente del cultivo en toda el área monitoreada. La superficie implantada alcanzó las 160.000 hectáreas, lo que representó un incremento de 28.900 hectáreas respecto del ciclo previo. En paralelo, la superficie efectivamente cosechada ascendió a 159.500 hectáreas, unas 28.520 más que el año anterior, consolidando un crecimiento cercano al 22%.
En términos productivos, el salto fue aún más significativo. Las 382.723 toneladas obtenidas marcaron un aumento interanual de 83.431 toneladas, equivalente al 29%, y permitieron establecer un nuevo máximo histórico regional. Este volumen no solo superó el récord inmediato anterior, sino que prácticamente duplicó el promedio de las últimas 15 campañas, que rondaba las 200.000 toneladas, con un incremento cercano al 91%.
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El rendimiento medio también mostró una mejora, al ubicarse en 24,0 qq/ha, superando en 1,15 quintales al ciclo 2024/25. Si bien el aumento porcentual fue más moderado (5%), acompañó el crecimiento general del cultivo y contribuyó a consolidar los resultados finales.
Desde el SEA destacaron que la campaña estuvo caracterizada por una mayor superficie sembrada y por un desarrollo general del cultivo sin inconvenientes sanitarios relevantes. El proceso de implantación se dio en dos etapas, condicionado por la disponibilidad de agua en la cama de siembra, mientras que el crecimiento fue calificado como normal. A lo largo del ciclo se registraron condiciones que favorecieron las etapas reproductivas, lo que resultó clave para la definición de los rindes.
Asimismo, se señaló como rasgo recurrente la presencia de daños provocados por aves, principalmente cotorras y palomas, una problemática que se repite campaña tras campaña en la región. En cuanto a la recolección, el proceso fue considerado normal en la mayor parte del período, aunque algunas precipitaciones hacia el final ralentizaron el ritmo de cosecha y extendieron su duración.
Fuerte heterogeneidad en los resultados del maíz según la zona
Tras la finalización del girasol, el foco de las labores agrícolas se concentra ahora en el maíz temprano y el algodón. En el caso del cereal, la cosecha avanzó con buen ritmo y ya alcanza aproximadamente el 65% del área, con progresos intersemanales significativos.

Los resultados obtenidos hasta el momento reflejan un escenario productivo heterogéneo, con rindes que varían según la zona pero que, en general, se ubican en niveles satisfactorios e incluso con picos destacados. En el norte, los rendimientos promedios se posicionan entre 35 y 55 qq/ha, con máximos de 65 a 75 qq/ha y registros puntuales que alcanzan los 90 qq/ha. En el centro, los valores mínimos oscilan entre 70 y 75 qq/ha, con máximos de 90 a 100 qq/ha y casos sobresalientes de hasta 145 qq/ha. Hacia el sur del área relevada, los primeros lotes recolectados muestran rindes de entre 70 y 75 qq/ha en los pisos, con techos de 95 a 110 qq/ha y picos de 130 qq/ha en situaciones particulares.
Algodón: zonas donde evalúan no cosechar por baja productividad
Por su parte, el algodón comenzó su cosecha en los departamentos del norte provincial, con los primeros lotes recolectados en Vera y Nueve de Julio. Los rindes iniciales se ubican entre 1.800 y 2.000 kg/ha, considerados relativamente buenos por los productores. Sin embargo, el panorama general del cultivo es dispar.
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Se observan lotes con buen desempeño, favorecidos por condiciones que permitieron sostener su desarrollo, pero también amplias superficies con estados regulares. A ello se suma la incidencia de plagas, particularmente el picudo algodonero, que en algunos casos afectó severamente a los cultivos. En estos sectores, donde no se realizaron controles por los altos costos en relación con el valor de la fibra, se evalúa incluso la posibilidad de no cosechar los lotes debido a su escasa productividad.


