Ahora, el transporte de empleados en la planta de Clason podría discontinuarse por falta de pago. La crisis continúa en alza desde abril pasado y no se cumple el acuerdo que vence este jueves.
La agonía de Lácteos Verónica se extiende en medio de un esquema de pagos fragmentados que el personal rechaza de manera sistemática. Este lunes les depositaron 245 mil pesos y otros 470.000 el miércoles, de una cuota de un millón comprometida para cancelar haberes de noviembre, diciembre y el aguinaldo.
Incumpliendo el pago semanal acordado, este jueves 8 de enero vence el acuerdo -firmado en septiembre- entre la empresa, la provincia y el gremio de los trabajadores (ATILRA) sin haber podido encontrar alternativas que le aporten liquidez, como nuevos negocios con terceros para la producción o la opción de venta de activos.
De este modo, se profundiza una crisis que involucra directamente a más de 700 trabajadores, miles de millones de pesos adeudados a los tambos, con la ausencia absoluta de un esquema de cumplimiento. A esto se suman ahora conflictos puntuales por deudas con prestadores de servicios fundamentales.
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Aunque se está en medio de una retención de débito laboral por la falta del pago semanal completo, la situación se agrava porque la empresa de transporte que traslada a los trabajadores de la zona hasta la planta de Clason advirtió que podría dejar de prestar el servicio debido al cúmulo de deuda acumulada.

La planta no trabaja desde hace meses, pero el personal cumple con sus turnos y permanece en el lugar. Sin embargo, este panorama podría cambiar por completo. Hay servicios que resulta complejo que se interrumpan por falta de pago, incluso los fundamentales, pero es entendible que una empresa privada, cansada de demorar los pagos a sus propios empleados, tome una decisión de este tipo.
Paralizada una y con mínimo movimiento otra
En Suardi, la situación es distinta, ya que la mayoría del personal reside en la localidad y, aunque no hay producción en la planta, puede asistir sin mayores complicaciones.
Levemente diferente es el caso de Lehmann, la única planta con cierta actividad, a partir del secado de leche para terceros, aunque esos acuerdos vencerían pronto. Con trabajadores de esa localidad y de Rafaela, la actividad se intenta sostener día a día, aunque en condiciones cada vez más precarias.
El trabajo a fasón en la industria lechera —o en cualquier otra— permite no detener las líneas de producción, mantener activo al personal y a la maquinaria en funcionamiento, pero no genera ganancias. Esto es lo que sucede en Verónica, con una agonía que no encuentra otra orilla para lograr un respiro.
Las manifestaciones en contra de la falta de pagos son impulsadas por los trabajadores desde hace cuatro semanas, cuando comenzó a discontinuarse el acuerdo alcanzado ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe.
Habría una deuda paga
Hace tiempo la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) dejó de presionar por los reclamos y ya no menciona la deuda que la empresa de la familia Espiñeira mantenía con el sindicato, ya que habría sido cancelada.

De este modo, se busca transitar la crisis sin demasiado ruido sindical, aunque ahora simplemente espera un golpe de efecto. Desde Atilra confían en poder imponer sus condiciones ante la actual conducción, o ante lo que el destino depare.
Desde abril, esta crisis no deja de crecer. Ya se percibe un adormecimiento y una adaptación dentro de la fuerza laboral, que funciona como una forma de supervivencia frente a una empresa que inició su declive en 2017 y que parece no tener retorno.
Quienes en algún momento se mostraron interesados en sumar contratos de fasón o en adquirir alguna planta ya desistieron de la idea, debido a la falta de criterio en las decisiones y al tironeo interno familiar, que incluso derivó en el reparto de campos y tambos en tres empresas diferentes, registradas a principios de septiembre, justo antes de la firma del acuerdo que hoy se incumple y que continúa incrementando la deuda global.
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En el ámbito del Ministerio de Trabajo de Santa Fe, el caso sigue abierto, pero la realidad indica que la empresa y el sindicato parecen intentar establecer una lógica de acostumbramiento al incumplimiento que los operarios no están dispuestos a convalidar.
Lácteos Verónica es una empresa centenaria, una marca conocida y con productos de calidad, pero parece desvanecerse en manos de quienes la han desaprovechado.

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