El director de Lechería de Santa Fe advirtió que los establecimientos de menor escala enfrentan un escenario de rentabilidad muy ajustada y crecientes dificultades financieras. También planteó que reducir el costo del crédito e invertir en infraestructura son condiciones clave para mejorar la competitividad del sector.
En un contexto de costos en alza, financiamiento caro y un precio estable para la leche cruda, la situación de muchos tambos de la cuenca central santafesina «es compleja», reconoció el director de Lechería de Santa Fe, Carlos De Lorenzi. La realidad es aún más desafiante para los establecimientos de menor escala, que son mayoría en la región, por lo que consideró que sólo un desarrollo sostenido de las exportaciones puede garantizar su supervivencia. Mientras tanto, sostuvo que una baja de las tasas de interés podría mejorar la rentabilidad de numerosos productores.
«Se viene una economía de costos» para la lechería
Durante una entrevista en el programa 6AM, que se emite por AIRE, el funcionario definió la situación de la producción primaria santafesina como «compleja». «Hoy los números son muy finos y es a lo que va a tender si se logra estabilizar la economía», afirmó.
En ese escenario, señaló que el sector enfrenta una «economía de costos», con márgenes muy ajustados. Confirmó que «hay tambos que están perdiendo», mientras que otros apenas logran una rentabilidad mínima. En ese sentido, consideró que un mayor ordenamiento de los costos permitiría que algunos establecimientos vuelvan a ser rentables y que otros mejoren sus resultados.
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De Lorenzi evaluó que el precio que recibe actualmente el productor, de entre 32 y 34 centavos de dólar por litro, está en línea con los valores internacionales. Recordó que el año pasado el precio alcanzó entre 40 y 42 centavos de dólar por litro, «el más alto de la historia», aunque aclaró que se trató de una situación excepcional, ya que históricamente el rango se ubicó entre 27 y 33 centavos.
Explicó además que el componente financiero tiene un peso determinante en la estructura de costos de muchos tambos, llegando a representar hasta el 15% de los gastos. Gran parte de ese endeudamiento responde a la necesidad de financiar la confección de reservas al comienzo del año, pero advirtió que hoy ese financiamiento tiene «un costo altísimo en relación con la inflación y los niveles de rentabilidad».
Por ese motivo, consideró que una reducción de las tasas de interés permitiría que «un montón de unidades productivas pasaran a tener rentabilidad».
Infraestructura y eficiencia, dos deudas pendientes
El director también remarcó que tanto el sector primario como la industria deben avanzar en mejoras de eficiencia. «Tranqueras adentro no todos hacemos las cosas bien», afirmó, y agregó que tampoco ocurre «portones adentro», en referencia a las plantas industriales.
Asimismo, admitió que la provincia tiene una responsabilidad directa en la infraestructura que necesita la actividad, especialmente en el suministro de energía eléctrica. En ese sentido, sostuvo que la actual gestión heredó un fuerte atraso en electrificación y alertó: «tenemos casi 2.000 tambos con energía monofásica«. «No podemos hablar de competitividad ni conseguir mercados externos si no tenemos infraestructura», enfatizó.
Los tambos chicos, frente al desafío de exportar
De Lorenzi detalló que en la cuenca central de Santa Fe existen más de 2.600 tambos, con un promedio apenas superior a los 2.000 litros diarios de producción. En comparación, en Buenos Aires los establecimientos superan los 6.000 litros diarios y en Córdoba rondan los 4.000.

Con una demanda interna deprimida, sostuvo que el principal desafío para los tambos pequeños pasa por acceder a los mercados externos. «La única forma en que esos tambos puedan subsistir es exportando», afirmó.
Explicó que, al tratarse de un negocio de escala, los establecimientos más grandes —más productivos y eficientes— continúan creciendo tanto en producción como en superficie. En cambio, para los tambos pequeños, muchos de ellos asentados sobre las históricas parcelas de 33 hectáreas entregadas a los primeros inmigrantes, el panorama es mucho más complejo.
Genética, asociativismo y una apuesta exportadora
Aun así, De Lorenzi consideró que existen alternativas para sostener a los establecimientos de menor escala. Entre ellas mencionó la incorporación de genética para producir más sólidos y obtener un mejor precio por la leche, así como el desarrollo de esquemas asociativos. «Hay que estar abierto a eso», señaló.
También sostuvo que «los tambos chicos tienen que abrir la cabeza» y que la provincia, junto con las entidades financieras, debe acompañar ese proceso. En ese sentido, advirtió que los plazos de financiamiento siguen siendo insuficientes. «El crédito más largo que tenemos es de tres o cuatro años», indicó, y alertó: «Hasta que no se estabilice todo esto pueden ir quedando muchas unidades productivas en el camino».
Finalmente, destacó que «es muy importante el tambo chico» porque genera arraigo en numerosas localidades y dinamiza la economía de los pueblos.
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Por eso insistió en que el futuro de la actividad depende de una definición estratégica: «Somos o no exportadores».
Según explicó, existen tres escenarios posibles: producir sólo para el mercado interno, exportar únicamente los excedentes o convertirse en un país netamente exportador. «Si somos exportadores hay más posibilidades de que esos tambos chicos puedan subsistir; si exportamos excedentes sabemos que una buena parte se va a caer; y si somos sólo consumidores de nuestra producción, sin excedentes, van a quedar muy pocos tambos», concluyó.
