Productores advierten que los valores que reciben no alcanzan para cubrir los gastos de cosecha, empaque, flete y mano de obra. La Legislatura entrerriana ya analiza un proyecto para asistir a uno de los principales complejos productivos de la provincia.
La citricultura, una economía regional clave en Entre Ríos, atraviesa una nueva crisis por la falta de rentabilidad, consecuencia de precios muy bajos, la caída de la demanda interna —por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios— y externa, una producción abundante que inundó el mercado y el avance de enfermedades.
“Los precios actuales no alcanzan para cubrir los costos de producción y la próxima campaña está en riesgo”, advirtió Marcos Dal Mazo, citricultor de Colonia La Eloísa, cerca de Villa del Rosario, y secretario de la Federación del Citrus de Entre Ríos (Fecier).
“El productor recibe apenas 30, 40 o 50 pesos por kilo de fruta, mientras enfrenta gastos elevados de cosecha, empaque, flete y mano de obra”, explicó. Agregó que “la baja del consumo afecta a la actividad porque reduce las ventas en el mercado interno y deja una cantidad de fruta que supera la capacidad de absorción”.
LEÉ MÁS►El arroz entrerriano, con todo en contra: proyectan la menor producción del siglo
A este escenario se sumaron granizadas, heladas y nuevas detecciones de HLB (Huanglongbing), enfermedad considerada letal para la citricultura y que, según el dirigente, se volvió más frecuente en distintas quintas. “Se vuelve a repetir lo mismo desde hace bastante tiempo”, resumió.

Entre costos, enfermedades y caída del consumo, el citrus pierde rentabilidad
Dal Mazo sostuvo que, tras los problemas climáticos, el sector encontró un mercado interno debilitado. “El productor venía remando en dulce de leche y ahora nos encontramos con que los mercados no responden”, afirmó. Además, señaló que la producción fue similar a la de 2023, generando un desfasaje entre oferta y demanda.
Sobre la diferencia entre los 30, 40 o 50 pesos por kilo que recibe el productor y el precio al consumidor, explicó que responde a la cadena comercial integrada por empaque, mercados concentradores, distribuidores y comercios. “La citricultura pasa por muchas manos”, indicó. También aseguró que “tenemos un gasto elevado en los fletes por los valores del combustible, al punto que hoy es el costo principal”.
El productor rechazó que el costo laboral sea el principal problema. “La mano de obra no es cara si nuestro producto vale”, resaltó, y explicó que la cosecha, el empaque y buena parte de las descargas son manuales.
El problema se agrava cuando una demanda reducida coincide con una oferta elevada. Además, la fruta no puede permanecer indefinidamente en la planta porque madura y cae, por lo que muchas veces debe venderse aunque el precio no cubra los costos.

Dejarla sin cosechar también genera riesgos sanitarios y productivos. Dal Mazo mencionó la mosca de los frutos y el estrés que provoca una planta sobrecargada. “Si la planta está muy cargada, no florece y el año que viene no vamos a tener producción”, advirtió.
La industria juguera tampoco ofrece una salida, debido a la caída mundial de las ventas de jugos concentrados, situación que llevó a algunas empresas a retrasar pagos o dejar de recibir fruta.
La actividad enfrenta uno de sus momentos más difíciles
Mario Toler, productor, presidente de la Asociación de Citricultores de Santa Ana y exintendente de esa localidad, sostuvo que la actividad atraviesa “uno de los momentos más difíciles de los últimos años” y coincidió en que la próxima campaña podría resentirse porque muchos productores no podrán realizar las inversiones necesarias.
“El año pasado tuvimos problemas de calidad por las heladas y este año hay una excesiva cantidad de citrus, con un consumo muy por debajo de lo normal. También cayó el precio internacional del jugo, que pasó de valores de entre 2.500 y 2.800 dólares la tonelada a ubicarse entre 1.700 y 1.900 dólares”, precisó.
“Cuando los años malos se repiten, el colchón se termina y empieza a sobrar fruta. Eso va a afectar a gran parte de los productores”, advirtió.
Como ejemplo, indicó que colocar un cajón en Buenos Aires “cuesta entre 6.000 y 6.200 pesos; en el mercado se vende entre 8.000 y 9.000 pesos. Al productor le terminan quedando alrededor de 2.000 pesos por cajón. Y más del 70% se va en costos”.

Un proyecto de ley propone asistir al sector
Frente a este escenario, los diputados entrerrianos Enrique Cresto y Juan José Bahillo presentaron un proyecto para crear el Programa Provincial de Recuperación, Sostenimiento y Desarrollo de la Citricultura Entrerriana, “pensado como una política permanente para fortalecer económica, productiva, comercial y sanitariamente al sector”.
LEÉ MÁS►Fenómeno del Niño: en Entre Ríos buscan campos altos para alojar la hacienda de las islas
La iniciativa también crea el Fondo de Desarrollo Citrícola (Fodecit), financiado con partidas provinciales, aportes del Consejo Federal de Inversiones, programas nacionales e internacionales y recursos de la Cafesg. Los fondos podrán destinarse a créditos subsidiados, cosecha, acarreo, capital de trabajo, fertilización, poda, manejo sanitario, reconversión de quintas, sistemas de riego, protección contra heladas y granizo y modernización de empaques e industrias.
Además, propone un Programa Provincial de Consumo de Citrus Entrerriano para incorporar frutas producidas en la provincia en escuelas, hospitales, comedores, residencias de adultos mayores y otras instituciones públicas.
