La agroindustria argentina alcanzó el mayor nivel de molienda de su historia, impulsada por una sólida oferta de soja y un fuerte repunte del girasol.
La industria aceitera argentina cerró 2025 con un hito histórico: el procesamiento de oleaginosas alcanzó las 47,64 millones de toneladas, el volumen más alto jamás registrado. El dato confirma la relevancia estratégica del sector en el agregado de valor agroindustrial y refleja una combinación de factores productivos y estructurales que permitieron quebrar un récord que se mantenía vigente desde 2016.
El desempeño estuvo sostenido principalmente por un buen nivel de disponibilidad de soja y girasol, lo que permitió una utilización más intensa de la infraestructura instalada. Como contrapartida, la capacidad ociosa del complejo industrial se redujo al 28,2%, el nivel más bajo desde 2011, según datos de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Una industria que creció al ritmo de la soja
En perspectiva histórica, la industria aceitera argentina atravesó una transformación profunda. En las décadas de 1960 y 1970, el procesamiento anual rondaba apenas los 2 millones de toneladas, con el girasol como cultivo predominante. La irrupción de la soja hacia fines de los años setenta cambió el perfil del sector y dio inicio a un proceso sostenido de inversiones en infraestructura industrial a gran escala.
Desde mediados de los años setenta hasta 2011, la molienda de oleaginosas mostró un crecimiento exponencial. Solo en la década de 1980, el volumen procesado se triplicó, y en los años siguientes volvió a duplicarse, hasta consolidar un complejo aceitero de alcance internacional.
Sin embargo, a partir de la última década comenzaron a aparecer límites para sostener esa expansión. Entre 2010 y 2020, la molienda mostró un leve retroceso, reflejando las dificultades para aumentar de manera sostenida la oferta de materia prima.
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Soja firme y un salto clave del girasol
El récord de 2025 se explica por una composición equilibrada del total industrializado. Del volumen total, 42,63 millones de toneladas correspondieron a soja, lo que representa el segundo mayor registro histórico, apenas por debajo del máximo alcanzado en 2016.
La novedad del año fue el fuerte repunte del girasol, cuya molienda llegó a 4,63 millones de toneladas, el nivel más alto desde el año 2000 y un 68% superior al registrado en 2016. En tanto, el procesamiento del resto de las oleaginosas fue menor en términos absolutos, aunque mostró una mejora interanual, con un aporte destacado del maní.
Oferta ajustada y desafío productivo
El máximo histórico de molienda fue posible gracias a un buen nivel de oferta total de oleaginosas. Según datos internacionales, la disponibilidad conjunta en la campaña 2024/25 se ubicó entre las más altas de la historia reciente. No obstante, una parte relevante de esa oferta provino de importaciones temporarias de soja, una práctica que se volvió estructural en la última década.
Mientras que hacia 2010 las importaciones eran prácticamente inexistentes, en los últimos años oscilaron entre 4 y 10 millones de toneladas anuales, lo que permitió sostener el nivel de actividad industrial pese al estancamiento de la producción local.
En ese sentido, los especialistas coinciden en que para lograr nuevos saltos en el procesamiento será clave recuperar el crecimiento productivo, con foco en mejoras de rendimiento y expansión de la oferta, tanto doméstica como regional.
soja
Potencial industrial y ventaja de escala
A pesar de las restricciones por el lado de la materia prima, la estructura industrial argentina mantiene un alto potencial. Las plantas locales se destacan por su gran escala, con tamaños promedio superiores a los de países competidores, un factor clave de competitividad para abastecer mercados internacionales con productos de mayor valor agregado.
Con una capacidad instalada que aún permite crecer y una posición consolidada en el comercio global, la industria aceitera vuelve a mostrar que, cuando la oferta acompaña, el sector está en condiciones de marcar nuevos récords.

