Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Esta semana ocurrió un hecho histórico en la Argentina que será materia de estudio en las universidades libertarias de las principales naciones del orbe: el Estado nacional cedió a la provincia de Santa Fe la administración de la ruta A012.
El gobernador Maximiliano Pullaro venía solicitando desde comienzos de 2024 que el gobierno nacional le otorgase la posibilidad de gestionar esa ruta nacional, la cual rodea el área metropolitana de Rosario y resulta esencial para el sector agroindustrial.
Mientras que con los kukas algo así habría seguramente tardado más de una década, con la eficiente gestión del líder Javier Milei el traspaso se pudo hacer en apenas dos años y medio. Una muestra cabal de eficiencia.
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El evento histórico convocó a las máximas autoridades del gobierno nacional y no es para menos. Se trata de un mensaje para el resto de los gobernadores argentinos, quienes deberían hacer lo mismo que Pullaro con las rutas nacionales que atraviesan sus jurisdicciones.
El Estado nacional está para cosas más grandes que la gestión de la red vial. ¿Acaso los gobernadores están atentos al estado de las calles de las ciudades que conforman sus respectivos territorios? Cada cosa en su lugar.
La filosofía libertaria considera que el Estado solamente debe asegurar derechos naturales, entre los cuales se incluyen la propiedad privada y la libertad individual, mientras que la provisión de otros servicios, como la infraestructura vial, debe ser sostenida por los propios usuarios.
Por supuesto, un Estado mínimo requiere, como contrapartida, impuestos también mínimos, aunque esa premisa no puede aplicarse desprendida del contexto, ya que podría ocasionar un auténtico desastre.
La libertad individual no puede ser considerada como un derecho abstracto si, luego de décadas de socialismo, existe una gran proporción de la población que no puede valerse por sí misma. Hasta tanto se logre el cambio cultural, resulta indispensable seguir manteniendo la presión impositiva, incluso con tributos distorsivos, como es el caso de los derechos de exportación.
La reducción de retenciones instrumentada por el líder, si bien puede resultar homeopática en términos de márgenes agrícolas, constituye un mensaje claro en ese sentido.
Así es como el Estado, durante la actual gestión, se ha ido liberando de erogaciones para transferirlas al sector privado con el propósito de que éste asuma sus plenas responsabilidades. Donde algunos ven una mochila muy pesada, otros pueden advertir una oportunidad para ser cada vez más eficientes. Todo depende de una cuestión de actitud.
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Cuando la batalla cultural en una o dos décadas esté finalmente concluida, entonces podrá comenzar a evaluarse un programa serio de reducción de impuestos acorde a las posibilidades concretas del país.
Mientras tanto, lo mejor que un buen ciudadano libertario puede hacer para incentivar la aceleración de ese proceso es pedirle al Estado que le asigne como propios aquellos gastos que estén siendo afrontados por el gobierno, de modo tal de incentivar, con el ejemplo, el compromiso con la ética social. ¡Viva la libertad, carajo!

