La cercanía de la plaga en países limítrofes mantiene en alerta a la apicultura argentina desde hace una década. El Senasa apunta a la detección temprana y la contención regional para sostener el estatus sanitario ante los mercados internacionales.
La principal amenaza del pequeño escarabajo de las colmenas (PEC) no es solamente el daño que puede causar dentro de los apiarios, sino la pérdida del estatus sanitario que hoy respalda las exportaciones argentinas de miel.
Con la plaga instalada en países vecinos y la certeza de que tarde o temprano cruzará la frontera, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) concentra su estrategia en la detección temprana y la contención regional para minimizar el impacto comercial. «Sabemos que en algún momento vamos a tener un positivo, porque va a entrar», advirtió Mauricio Rabinovich, referente del Programa Nacional de Sanidad Apícola del organismo, durante una entrevista en el programa 6AM de AIRE.
El mayor riesgo está en el comercio exterior
Argentina permanece libre del PEC y desde 2016 mantiene una alerta sanitaria nacional, luego de la primera detección de la plaga en Brasil. Posteriormente también fue reportada en Bolivia y Paraguay. «Está en la frontera norte del país», recordó Rabinovich.
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Aunque el insecto puede provocar importantes pérdidas productivas, el funcionario sostuvo que el principal desafío será comercial. «El mayor probleam no está a nivel de producción primaria», afirmó. «El problema grave es que nosotros exportamos miel a países bajo un certificado sanitario que dice que no tenemos PEC».
Cuando se confirme el primer caso, las condiciones de acceso a los mercados cambiarán. «Obviamente la exportación se va a resentir«, señaló. Sin embargo, explicó que el objetivo es sostener la confianza de los compradores demostrando capacidad de vigilancia y control. «Vamos a tener que demostrar que estamos haciendo algo«, indicó, en referencia a los sistemas de vigilancia activa y pasiva, la capacitación de equipos de respuesta y el monitoreo territorial.
La detección temprana, clave para contener la plaga
Para Senasa, el ingreso del escarabajo es prácticamente inevitable. «Damos por hecho» que llegará «porque el escarabajo vuela», explicó Rabinovich. El adulto puede desplazarse hasta 10 kilómetros y «el día que esté cerca de la frontera, simplemente con volar en dirección al país ya va a entrar».

Por eso, el organismo considera determinante que los apicultores conozcan la plaga y notifiquen cualquier sospecha. «Sabemos que en algún momento vamos a tener un positivo, porque va a entrar», reiteró. La diferencia estará en la velocidad de respuesta. «Al comunicarlo tenemos la posibilidad de restringirlo a alguna zona y hacer vigilancia ahí, para evitar que vaya hacia otra zona».
Esa estrategia permitiría negociar con los compradores internacionales la continuidad del comercio desde las regiones libres. «Esto es lo que tenemos que demostrarle a nuestros compradores: asegurarles que quedó circunscripto a una zona pero en el resto del país no».

En cambio, advirtió que si la presencia no se denuncia oportunamente, la dispersión nacional complicaría seriamente el escenario sanitario y comercial. «Si no se notifica, se va a dispersar en todo el país y ahí la situación va a ser mucho más compleja».
Vigilancia, prevención y trazabilidad
La difusión entre productores constituye una de las principales herramientas preventivas. El sistema combina vigilancia pasiva —la notificación de sospechas por parte de los apicultores— con vigilancia activa, basada en inspecciones sistemáticas de apiarios mediante protocolos específicos.
Rabinovich explicó que desde 2017 todas las sospechas recibidas resultaron negativas. «Recibimos escarabajos que nos asustaron, pensando que era el PEC; y hasta ahora nos dimos cuenta que en el país tenemos escarabajos que son muy parecidos».
Ante un ejemplar sospechoso, Senasa recomienda no mover las colmenas, recolectar el insecto en un frasco con alcohol y comunicar inmediatamente la situación al organismo para su identificación.
El organismo también insiste en evitar el ingreso al país de material apícola vivo, colmenas usadas o frutas sin certificación sanitaria; eliminar residuos de los apiarios; reparar grietas en las colmenas donde el escarabajo pueda refugiarse; reducir espacios internos innecesarios y mantener una única piquera.

Además, recuerda que todos los movimientos de colmenas, núcleos y material apícola deben realizarse con Documento de Tránsito electrónico (DT-e), una herramienta esencial para asegurar la trazabilidad en caso de un foco.
Un insecto con alta capacidad de adaptación
El pequeño escarabajo de las colmenas es visible a simple vista. El adulto presenta una coloración marrón oscuro casi negra y un comportamiento característico. «Es fotofóbico, no le gusta estar en la luz, entonces cuando se abren las colmenas se mueve muy rápido tratando de ocultarse», describió Rabinovich.
El insecto desarrolla gran parte de su ciclo biológico dentro de la colmena. «Causa daños dentro de la colmena, porque la utiliza como su supermercado de alimento». Allí se reproducen los adultos y se desarrollan los huevos, mientras que la etapa larval ocurre en el suelo.
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La respuesta de las colonias depende en buena medida del comportamiento defensivo de las abejas. Algunas «van a poder defenderse relativamente bien», mientras que «las abejas que no se defienden bien abandonan la colmena y se la dejan entera al PEC».
Su capacidad de adaptación preocupa especialmente a los técnicos. El escarabajo ya fue registrado desde Canadá hasta Paraguay, lo que demuestra, según Rabinovich, «un nivel de plasticidad, de adaptabilidad, muy grande». En esas condiciones, estimó que podría expandirse por gran parte del territorio argentino, «desde el norte hasta Chubut».
