Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Si cambia la música, hay que cambiar el paso. Esa frase de cabecera, que se aplica usualmente en el contexto económico, tiene utilidad en muchos otros escenarios de la experiencia humana.
El Centro de Predicciones de la Agencia Climática de EE.UU. (CPC-NOAA por sus siglas en inglés) proyecta para el último trimestre de 2026 una probabilidad del 62% de ocurrencia de un “Súper Niño”, fenómeno asociado a precipitaciones por demás abundantes en gran parte de las regiones productivas argentinas.
Las “fuerzas del cielo”, que vienen acompañando al gobierno del líder Javier Milei desde el minuto uno de su mandato, ahora nos aseguran plena disponibilidad de agua para la campaña agrícola 2026/27, lo que permitirá seguir generado cosechas extraordinarias para continuar recomponiendo las reservas internacionales del Banco Central (BCRA).
Pero, con el pronóstico de un “Súper Niño”, también se incrementa la probabilidad de inundaciones en zonas bajas, algo que, encarado con una actitud proactiva, puede representar una gran oportunidad para promover emprendimientos acuícolas que contribuyan a diversificar la dieta de los argentinos.
Nunca faltan los mandriles que aprovechan la ocasión para preguntar qué piensa hacer el gobierno ante tal panorama, como si la dinámica meteorológica estuviese bajo su estricto control para determinar la cantidad de milímetros por distribuir en cada jurisdicción.
El Estado no puede estar en todo. Ya bastante hace instrumentando una batería de títulos públicos, como las Lecaps o Boncaps, para que las empresas agrícolas puedan preservar el capital de trabajo hasta que escurra el agua y estén en condiciones de volver a sembrar.
Como en toda coyuntura cambiante, donde algunos ven un problema, otros descubrirán oportunidades para concretar emprendimientos de transporte fluvial de personas y animales, además de implementar –por qué no– deportes náuticos, campeonatos de pesca deportiva y ecoturismo.
Así como todos los años millones de toneladas de soja paraguaya recorren en barcazas el río Paraná para abastecer a las fábricas oleaginosas rosarinas, ¿por qué no puede suceder lo mismo en la provincia de Buenos Aires? Hasta me imagino embarcaciones con techos calefaccionados para ir acondicionando el grano, así se aprovecha mejor el tiempo del viaje hasta el puerto.
Qué poca iniciativa tiene el gobernador kirchnerista Axel Kicillof, quien seguramente está esperando que se inunde todo para culpar al gobierno nacional de las obras que él tendría que haber hecho, pero que no instrumentó para desgracia de los bonaerenses.
Otro tanto puede decirse de las autoridades municipales bonaerenses, las cuales, salvo por algunas pocas excepciones, viven drenando a los productores agropecuarios sin ofrecer nada a cambio. Tendrían que estar pensando ya en reemplazar la tasa vial por una tasa fluvial y ofrecer un servicio acorde.
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Gracias a la ciencia climática, podemos anticiparnos a los acontecimientos y evitar encontrarnos con sorpresas desagradables. Pero para eso resulta indispensable que cada uno de nosotros se haga cargo y no busque proyectar responsabilidades propias en terceros.
Agradezcamos la posibilidad de tener un gobierno que premia el esfuerzo personal y la ética del trabajo en lugar de la dádiva populista. No dejemos que nos inunden a acusaciones falsas y que lastimen la imagen de figuras intachables, como es el caso de Manuel Adorni. Sigamos predicando en cualquier circunstancia, incluso cuando creamos que el agua nos está llegando al cuello. Tenemos todo para ganar ¡Viva la libertad, carajo!

