Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Si cambia la música, hay que cambiar el paso. Pero algunos empresarios agrícolas siguen bailando tango en lugar de danzar alegremente al ritmo de Hava Nagila.
Desde marzo pasado, los precios de la soja Rosario en pesos están estancados, lo que implica que quienes se sentaron sobre el silobolsa perdieron una gran cantidad de dinero.
El gobierno del líder Javier Milei viene realizando grandes esfuerzos para evitar la descapitalización de las empresas agrícolas, como es el caso de las Letras del Tesoro Nacional Capitalizables (Lecaps) y los Bonos del Tesoro Nacional (Bontes y Boncaps), que generan tasas efectivas mensuales de entre el 1,9 % y el 2,0 % en pesos.
Sin embargo, son pocos los que aprovechan ese beneficio. Si eso sucede porque consideran que el valor de la soja puede llegar a subir, me parece bien que asuman esa posición (a su propio riesgo). Pero si piensan que guardar soja es un buen resguardo contra una eventual devaluación, están muy equivocados.
Gracias al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), las corporaciones petroleras y mineras están generando un caudal mucho más voluminoso de divisas. Y ahora viene el “Súper RIGI” para doblar la apuesta.
El sector agropecuario también sigue cumpliendo su misión de fabricante de divisas con la ayuda de las generosas rebajas de retenciones instrumentadas por el líder y también gracias a las “fuerzas del cielo” (un clima benigno que ahora se potenciará gracias a la fase ENSO “El Niño”, que viene en camino).
Además, gracias a la excelente relación con Donald Trump, la Argentina tiene asegurada una canilla libre de divisas provenientes de organismos multilaterales.
Por otra parte, la balanza comercial, en lo que va de 2026, está registrando un sólido superávit sostenido por mayores exportaciones y una reducción de las importaciones; esto último gracias a que muchos argentinos han comenzado a comprender que deben ajustar sus cuotas de consumo a la productividad genuina de la economía (un síntoma por demás saludable).
La buena noticia es que quienes aún tienen gran parte de la soja sin vender pueden recuperar parte del tiempo perdido y deshacerse de todo el stock remanente para colocarlo en títulos públicos argentinos y financiar la batalla cultural contra el populismo. Quizás tengamos que buscar una mejor estrategia comunicacional para hacer llegar el mensaje.
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Desde ya, lo que no deben hacer los productores es dejarse llevar por los comentarios de mandriles que aseguran que los títulos públicos libertarios representan un “carry trade” que “desangra” financieramente al país, cuando, por el contrario, constituyen un instrumento para cuidar el valor del capital.
Cuando terminen de entender que lo que más le conviene a la empresa agrícola es también lo que más le conviene al país, entonces podrán vender todo el poroto y sacar provecho del gran momento histórico que estamos viviendo. Algunos ya se dieron cuenta. Otros tardarán un poco más. Tenemos todo por delante para seguir sumando éxitos. ¡Viva la libertad, carajo!


