Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Los libros de historia del futuro tendrán un lugar especial reservado para el líder Donald Trump, cuyos actos, si bien pueden lucir indescifrables para sus contemporáneos, encierran decisiones estratégicas planificadas con un horizonte de largo plazo.
El ataque a Irán desencadenó el cierre del estrecho de Ormuz, con el consecuente incremento del valor de los combustibles y los fertilizantes nitrogenados, algo que en lo inmediato puede parecer un despropósito, pero que con los años promoverá grandes beneficios para la humanidad toda.
Con el incremento del valor de los combustibles fósiles, muchas naciones comenzaron a revalorizar el uso de biocombustibles, que no sólo promueven el desarrollo local, sino que mejoran de manera notable la huella ambiental de la matriz energética global, además de promover el cuidado de la salud humana.
Esta semana, por ejemplo, Indonesia anunció que el corte de biodiésel con gasoil del 40% será incrementado al 50% para el próximo 1 de julio. ¡Todo gracias al impulso de Trump! Qué gran líder.
Incluso la propia Argentina, que venía remoloneando en materia de política de biocombustibles, implementó sorpresivamente la posibilidad de permitir una mezcla de hasta un 15% de bioetanol en naftas y de hasta un 20% de biodiésel en gasoil.
En cuanto a los fertilizantes nitrogenados, aquellos que auguran “épocas de hambre”, dejen de hablar pavadas y sepan que ahora, en lugar de depender de importaciones de nutrientes provenientes de naciones bárbaras, tendrán que montar sus propias fábricas de urea. La Argentina ya tiene una y ahora va por la segunda para poder autoabastecerse de ese fertilizante.
Además, seguramente se pondrá mayor foco en aquellas iniciativas agronómicas regenerativas que permitan dotar a los suelos de mayores niveles de nutrientes sin tener que recurrir a fuentes externas, como es el caso de los cultivos de servicio en el marco de sistemas agrícolas intensificados.
Cumplido el objetivo, el propio líder de EE.UU. y del mundo civilizado anunció que está dispuesto a retirarse de la zona de conflicto, pues el trabajo de incrementar los precios de los hidrocarburos y los fertilizantes ya está hecho. De ahora en más, Irán gestionará el estrecho de Ormuz con criterio propio en función de sus intereses.
Como todo líder bendecido por la divinidad, Trump sabe que será crucificado por acciones indebidamente interpretadas, las cuales, juzgadas con una mirada estrecha, serían contraproducentes. Sin embargo, la descarbonización de la matriz energética no sólo representa un componente esencial para revalorizar al sector agroindustrial, sino que consiste en un factor de desarrollo sostenible que las futuras generaciones agradecerán.
Muchos analistas quedados en el pasado siguen hablando de los “petrodólares”, en referencia a la necesidad que tiene EE.UU. de que ese commodity se comercie en dólares estadounidenses para que esa moneda siga siendo el patrón de referencia monetario global. No perciben que hoy son tan o más importantes los “agrodólares”, ya que los mismos son fuente tanto de alimentos como de energía.
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Tenemos que agradecer, todos los que formamos parte de la comunidad agroindustrial, la posibilidad de que Trump haya decidido realizar una apuesta tan grande para promocionar el valor agregado en origen e incentivar la agenda bioenergética. Estamos en buenas manos. ¡Viva la libertad, carajo! (promoción sólo válida para naciones alineadas con el eje del bien y la verdad).


