La startup Sylvarum cerró una ronda de inversión con Inventure y proyecta comenzar su expansión comercial en 2026. Los ensayos realizados en soja, maíz y trigo mostraron mejoras en vigor, germinación y rendimiento, además de una reducción potencial en el uso de agroquímicos.
Aumentar la productividad siempre figura entre los principales desafíos del sector agropecuario. En ese contexto, una tecnología que aplica plasma no térmico para mejorar el rendimiento de las semillas está lista para dar el salto al mercado. Sylvarum, la startup que impulsa este proyecto en el plano comercial, cerró recientemente una ronda de inversión con Inventure —el fondo vinculado a Aapresid— y puso el foco en 2026 como el año bisagra de su historia.
Lo que comenzó como una línea de investigación científica de largo aliento hoy se transforma en una propuesta concreta para la industria semillera argentina y del Cono Sur. El origen de Sylvarum no está en una incubadora ni en un garage, sino en la ciencia de base.
La doctora Karina Balestrasse, investigadora del Conicet en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), y el doctor Leandro Prevosto, también investigador del Conicet en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Venado Tuerto, comenzaron a estudiar hace más de una década el fenómeno del plasma no térmico aplicado a la agronomía. Ambos son los fundadores y cerebros científicos detrás de la propuesta, y su trayectoria académica constituye la columna vertebral que sostiene el proyecto ante inversores y empresas del sector.
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Valentín Ottaviano, chief of staff de la empresa, se encarga desde Tucumán de la logística, las operaciones y las relaciones con inversores y potenciales clientes, y hoy es la cara más visible de la empresa. “En los últimos dos años lo que hicimos fue darle este marco de startup, con el nombre de Sylvarum, para poder salir a buscar una pata comercial al proyecto”, explicó.

Durante años, la investigación avanzó en el ámbito de los laboratorios sin una estructura empresarial. Recién en los últimos dos años el equipo decidió formalizar ese camino bajo el nombre Sylvarum y construir la arquitectura necesaria para competir en el mercado. Hoy, con inversores nacionales e internacionales y una ronda reciente encabezada por Inventure, ese proceso de maduración comienza a dar frutos concretos.
Qué es el plasma no térmico y por qué importa
La tecnología consiste en una máquina por la que ingresan las semillas para ser tratadas con plasma, el cuarto estado de la materia. El resultado es una planta más vigorosa, con mayor capacidad productiva y mejor resistencia.
“Son gases ionizados dentro de campos eléctricos de alta tensión. Las partículas forman una sopa reactiva que se mueve alrededor de las semillas y esto desata distintos mecanismos que resultan en una germinación más rápida y una reducción de patógenos”, detalló Ottaviano.
La tecnología ya fue probada en cultivos extensivos como soja, maíz y trigo, con múltiples campañas a campo que validaron sus efectos en distintas condiciones y variedades. Ottaviano señaló que el aumento del rendimiento es uno de los resultados más relevantes. La planta no sólo germina antes, sino que además crece con mayor vigor y puede producir significativamente más. Para el sector agropecuario argentino, donde los márgenes están constantemente bajo presión, ese diferencial tiene un valor económico directo.
El aspecto ambiental también ocupa un lugar central en la propuesta. La tecnología es seca, no utiliza químicos de ningún tipo y se posiciona como una alternativa concreta para reducir el uso de agroquímicos en la industria.
“Quizás no podamos eliminar por completo el uso de agroquímicos, pero sí reducirlo significativamente, obteniendo los mismos resultados o incluso mejores”, sostuvo Ottaviano.
Dos laboratorios, una misma apuesta
Detrás del desarrollo trabajan de manera articulada dos laboratorios. En Fauba funciona el laboratorio de biología, donde se realizan las determinaciones para evaluar el rendimiento de las semillas según cada tratamiento. En la UTN de Venado Tuerto opera el laboratorio de descargas eléctricas, donde el equipo de ingenieros construye y desarrolla la máquina y ejecuta los tratamientos que luego se analizan en Buenos Aires.
Esa articulación entre lo biológico y lo ingenieril es uno de los pilares del proyecto y también uno de sus principales diferenciales. Sylvarum nació precisamente de esa tensión productiva entre la ciencia y la ingeniería, entre el laboratorio y el campo.

La UTN Venado Tuerto, además, ubicada en pleno corazón de la región pampeana, aporta una cercanía geográfica y cultural con el mundo agroindustrial que resulta clave a la hora de construir confianza con los actores del sector.
El modelo de negocio
El modelo de negocios no apunta directamente al productor agropecuario, sino a las empresas semilleras que concentran la cadena de valor del sector.
“Es como un paso más de procesamiento en la industria. Así como se le aplica un curasemillas, se le aplica plasma no térmico”, graficó Ottaviano.
Sylvarum ofrece su tecnología como un servicio o producto integrado al proceso industrial de las semilleras, sin necesidad de que el productor modifique su operatoria habitual.
Actualmente, la empresa cuenta con un prototipo funcional y tiene acuerdos con varias semilleras para realizar ensayos piloto en variedades específicas. En soja, por ejemplo, ya acumula múltiples campañas a campo junto a una compañía de gran escala, en un proceso que Ottaviano define como de “validación y construcción de confianza”.
“Los movimientos para incorporar una nueva tecnología son procesos lentos de validación y construcción de confianza”, reconoció, aunque aclaró que ese ritmo es esperable y no representa un obstáculo, sino una etapa necesaria.
La reciente inversión de Inventure llega en ese contexto y tiene como objetivo escalar la capacidad de procesamiento de la máquina para alcanzar los estándares exigidos por la industria semillera a nivel industrial. El prototipo actual permite dar los primeros pasos comerciales, pero la meta es contar con una máquina de mayor escala y capacidad productiva que pueda operar a volumen.
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“Nuestra estrategia es enfocarnos en Argentina y en el Cono Sur. Buscamos dar los primeros pasos comerciales de la tecnología, salir a vender un producto o servicio y establecerlo como un producto sólido”, afirmó Ottaviano.
El desafío de 2026
El año 2026 aparece como una etapa clave para Sylvarum. Como parte de ese proceso de posicionamiento, la startup participará próximamente del foro BCR Innova, organizado por la Bolsa de Comercio de Rosario, donde presentará su propuesta ante el ecosistema agroindustrial de la región.
Se trata de una vidriera estratégica para una empresa que lleva años construyendo su tecnología y que ahora está lista para mostrarse al ciento por ciento.
