El Gobierno de Lula determinó la existencia de dumping en las importaciones, pero decidió suspender cualquier medida hasta completar una evaluación de interés público. Brasil absorbe cerca del 45% de las exportaciones lácteas argentinas y continúa dependiendo del abastecimiento regional para cubrir su demanda interna.
Después de casi dos años de discusiones en distintos ámbitos políticos de Brasil, la acusación de dumping sobre la leche entera en polvo importada desde Argentina y Uruguay encontró ayer un desenlace que ahora aguarda la definición final del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
En su 237ª reunión, el Comité Ejecutivo de Gestión (Gecex) de la Cámara de Comercio Exterior (Camex), dependiente del Ministerio de Desarrollo, Industria y Servicios, reconoció la existencia de dumping en las importaciones de leche en polvo, pero resolvió no aplicar sanciones.
El comunicado oficial señaló que “la decisión de suspender los aranceles por precaución estuvo acompañada de la determinación de iniciar un proceso específico de evaluación de interés público para determinar los posibles impactos de cualquier aplicación de los derechos antidumping”. Por lo tanto, la aplicación de estas medidas queda suspendida hasta que se completen dichos análisis. Esta conclusión también alcanzó a casos de importación de fibras y mallas de poliéster y nylon provenientes de China.
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Un conflicto de fuerte tono político y electoral
Brasil opta así por no profundizar un planteo de carácter electoral que intentaba equiparar la leche en polvo importada —fraccionada en el propio territorio o reconstituida para elaborar otros lácteos— con la materia prima que sale directamente del tambo.

Hubo momentos en los que se temió que el comercio exterior, vital para Argentina y Uruguay, quedara paralizado. Sin embargo, finalmente prevaleció cierta racionalidad.
Cabe recordar que Brasil importa un promedio de 200 millones de litros mensuales equivalentes de lácteos, destino que concentra el 45% de las exportaciones argentinas, equivalentes al 30% de la producción mensual, hoy cercana a los 800 millones de litros.
El gigante sudamericano está lejos de alcanzar la autosuficiencia en producción primaria y en lácteos, y continúa necesitando de sus vecinos para abastecer una demanda que crece de manera sostenida.
La fragilidad estructural del sector lechero brasileño
La Encuesta Pecuaria Municipal de 2022 mostró que en 5.496 de los 5.569 municipios brasileños se produce leche. Según el Centro de Inteligencia de la Leche de Embrapa Ganado Lechero, el 70,5% de los productores nacionales generan menos de 50 litros diarios. Además, el Censo Agropecuario del IBGE (2017) indica que el 64% de la producción corresponde a explotaciones familiares.
La comparación que intentaba sostener la acusación de dumping resultaba impropia. El proteccionismo de un sector primario frágil debería sostenerse con otras herramientas, sin comprometer la provisión de alimentos básicos.
Las diferencias entre la leche en polvo y la materia prima son múltiples: físicas, químicas, bromatológicas, vinculadas a los canales de distribución, a los usos, a la percepción del consumidor, a los procesos productivos y a los precios. Incluso con la alícuota del 28% que grava todas las importaciones, el producto mantiene competitividad en un mercado donde se lo pretendía comparar con “leche en estado natural, obtenida del ordeño de vacas”.
Lula se inclina por subsidios antes que por aranceles
Argentina y Uruguay habían insistido desde el inicio en que no existían fundamentos sólidos para el reclamo. La definición final estuvo marcada por la postura del presidente Lula.
La Confederação da Agricultura e Pecuária do Brasil (CNA) reclamaba la aplicación inmediata de aranceles adicionales, argumentando que “los márgenes de dumping comprobados superan el 60% y están destruyendo la competitividad de los tambos brasileños”. Sin embargo, el Ministerio de Planeamiento y Presupuesto sostuvo que “no podemos trasladar un aumento de precios al consumidor en un momento de sensibilidad económica. La medida se reconoce, pero no se ejecuta”.
Lula ya había afirmado semanas atrás que “es mucho mejor subsidiar a nuestros productores que castigar a un socio que ya tiene un déficit con nosotros”.
La alternativa de subsidios internos, estimada en unos 400 millones de dólares, aparece como la salida más probable para sostener a los pequeños productores brasileños sin tensar las relaciones comerciales con Argentina y Uruguay.
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Brasil mantiene con ambos países un superávit superior a los 11.000 millones de dólares y no puede arriesgar negocios de peso frente a una postura electoralista de escaso impacto real. En las próximas horas se esperan comunicaciones formales de los ejecutivos de los tres países.
