Camino al invierno, desde el INTA Rafaela destacan la gran temporada de cosecha, la calidad y los precios favorables, pero advierten sobre las claves a tener en cuenta para conservar la salud de los apiarios durante los meses de invernada.
Esta semana en la Estación Experimental de INTA Rafaela se desarrolló la jornada “Herramientas estratégicas para el invierno”, donde Emanuel Orellano, técnico especializado en apicultura, compartió con Aire Agro un balance de la campaña y recomendaciones clave para los productores.
“Este año la temporada fue muy buena en el centro de la provincia de Santa Fe. Todavía falta una vuelta de cosecha para dar por finalizada la campaña, pero ya podemos decir que arrancamos con una primavera excelente. Los apicultores pudieron multiplicar sus colmenas sin ningún tipo de problema, el régimen de lluvias acompañó, y eso se notó muchísimo respecto de la temporada anterior”, señaló Orellano.
Explicó que la primera vuelta de cosecha, entre fines de diciembre y principios de enero, fue la más significativa. “Se levantó el grueso de la producción, alrededor del 50% de la miel de toda la temporada. La segunda cosecha, a finales de enero, fue menos representativa, y ahora, entre febrero y marzo, estamos haciendo el bajado a cámara para cosechar lo que resta”.
LEER MÁS ► Apicultura y agroquímicos: las buenas prácticas agrícolas permiten una sana convivencia
Los resultados productivos son alentadores. “Estamos teniendo promedios por encima de los 35 kilos por colmena. En algunas poblaciones puntuales se llegó a 60 o 65 kilos, lo cual es un resultado muy bueno y superior al año pasado. Además, el precio está subiendo, arrancamos con 2.700 a 2.800 pesos por kilo y hoy superamos los 2.950. Eso entusiasma a los apicultores, que ya están invirtiendo en material inerte y ampliando sus colmenas. Es una temporada que se está cerrando con mucho entusiasmo”, afirmó.
La calidad de la miel también marcó la diferencia. “Este año se produjeron mieles mucho más claras y en mayor cantidad, lo cual fue muy positivo. El año pasado, con mieles más oscuras, hubo dificultades para comercializar porque el mercado paga menos cuando el milimetraje supera lo exigido. Incluso con cultivos como el girasol, que suelen oscurecer la miel, las condiciones ambientales y otras floraciones evitaron ese problema. Fue un cambio muy notorio respecto de la campaña anterior”, explicó.
Importancia exportadora
Orellano recordó que Argentina mantiene un rol histórico en el mercado internacional. “Nuestro país siempre está entre el segundo y tercer lugar mundial como productor de miel. El 95% de lo que producimos se exporta, principalmente a Estados Unidos y la Unión Europea. En los últimos años, el mercado norteamericano ganó peso porque las exigencias europeas son mayores. El precio se mantuvo estable al inicio y luego comenzó a subir, lo cual también es alentador”.
En el territorio
El acompañamiento del INTA es clave para los productores. “Estamos presentes a través de las agencias de extensión, que nos acercan las inquietudes de los apicultores. Hemos trabajado sobre problemáticas como la mortalidad de colmenas por fumigaciones y sobre cultivos nuevos, como la carinata, que modifican el ambiente y obligan a ajustar manejos. Es una satisfacción personal y de todo el equipo poder evacuar esas consultas y acompañar los procesos de adaptación, conociendo cada caso y el territorio de la manera más detallada».
Las jornadas de capacitación se multiplicaron en distintas localidades. “Este año estuvimos en Ceres, en Rafaela y en San Cristóbal, que es el departamento con mayor cantidad de colmenas de la provincia. Siempre contamos con convocatorias de 35 a 40 apicultores por encuentro, lo cual es muy positivo. En Castellanos y Las Colonias también hay una fuerte presencia, con alrededor del 40% de las colmenas de toda la provincia. Eso muestra la importancia de la apicultura en el territorio”, agregó.
Camino al invierno
Emanuel Orellano compartió recomendaciones estratégicas para la invernada. “El primer consejo es aplicar acaricidas habilitados por Senasa para el control de barroa, que es nuestra principal enfermedad. Son los productos que garantizan eficacia y evitan residuos en la miel”.
El segundo es “retirar todo el material melario, porque las colmenas deben invernar en cámara de cría para evitar contaminaciones y favorecer el bloqueo del nido”.
El tercero corresponde a “reducir la superficie de postura de la reina, de modo que las abejas de fin de temporada acumulen reservas corporales y puedan vivir tres o cuatro meses, en lugar de los 45 días habituales”.
Finalmente, “es fundamental coordinar los tratamientos con los apicultores vecinos y monitorear. Una práctica sencilla y económica, como llevar un frasco con agua y detergente, permite medir la carga de barroa y evitar que una sola colmena contagie a todo el apiario”.
Concretamente, Orellano indica que “hoy sabemos que si queda una sola colmena con una carga superior al 1% de barroa, en un mes puede contagiar a todo el apiario. Por eso insistimos en que el monitoreo es la herramienta más económica y, al mismo tiempo, la más importante para sostener la salud de las colmenas”.
El amor por las abejas
Emanuel no es sólo un gran profesional de la apicultura, sino que a él las abejas le cambiaron la vida.
Oriundo de San José de Calchines, hijo de una familia de pescadores cuenta que la vida se hacía compleja con un sólo ingreso, hasta que conocieron a las abejas, cuando él tenía 13 años.
Consiguieron sus primeras colmenas, llegó el programa Cambio Rural del INTA con la asesoría de un técnico en el departamento Garay, comienzan a dedicarse a la apicultura con toda la tecnología que la capacitación les acercaba. Se unieron a la cooperativa Cosar, que hoy vende a diferentes destinos en el mundo, a sus 18 años accedió a una beca para especializarse en Italia. Al volver se postuló en INTA para un cargo técnico y fue seleccionado entre muchos colegas.
“Eso me permitió seguir aprendiendo sobre abejas y estudiar en la universidad y hoy soy técnico en Administración Rural”.
La pasión que transmite sobre la apicultura Emanuel es muy especial. El está todo el tiempo entre las abejas, en definitiva “fueron una puerta de ingreso a otra forma de vida”, que hoy también le permiten a su familia seguir viviendo de mejor manera.
De alguna manera, todo el tiempo él transmite ese mensaje para todos los que comparten la dedicación a esta actividad que puede ser complementaria o principal, pero que es parte esencial.



