En un establecimiento agrícola de América, al noroeste bonaerense, Diego Álvarez y Claudia Fournier impulsan Suma Qaman, un proyecto que combina sistemas regenerativos, producción de alimentos diferenciados y trabajo asociativo con otros emprendedores.
Diego Álvarez es productor agropecuario en América, al noroeste de la provincia de Buenos Aires, donde desarrolla un planteo agrícola de unas 900 hectáreas. En los últimos años comenzó a avanzar hacia sistemas regenerativos, una transformación que no solo alcanzó a los cultivos extensivos, sino que también dio origen a un proyecto orientado a la producción de alimentos para consumo directo.
La iniciativa se llama Suma Qaman y ocupa 40 hectáreas en el casco del campo. Allí, junto a su compañera Claudia Fournier y en sociedad con otros productores, impulsan un esquema diversificado que integra quesos de oveja, pollos y huevos pastoriles, harinas integrales molidas en piedra, harinas sin gluten, miel y hortalizas agroecológicas.
Una comunidad de emprendedores que apuesta a la producción regenerativa
“Durante la pandemia empezamos a pensar en irnos a vivir al campo y producir nuestros propios alimentos de una manera más regenerativa”, recordó Claudia, quien durante más de 20 años trabajó como profesora y directora de inglés en un colegio de América.
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Esa búsqueda fue el punto de partida para convocar a otros emprendedores. “Primero aparecieron nuestros socios de la huerta, Nina Moro, de Verde Porá; después Juan Aguerre y su familia, con los pollos pastoriles Horizonte; y Cristian Grimaldi, con el molino de piedra donde procesamos cereales y el molino libre de gluten”, recordó.

“También se sumaron Agustina Córdoba, con quien armamos el tambo de ovejas La Cardabelle y la elaboración de quesos; Néstor Rodríguez, de ApiRod, que trajo las colmenas al campo; y los huevos de gallinas pastoriles Eureka, con los Brambilla. Después armamos un emprendimiento de comercialización, del que hoy es socia una de nuestras hijas junto a su pareja”, agregó.
“Así fue tomando forma un proyecto colectivo”, comentó, y detalló que hoy la iniciativa involucra el trabajo de un equipo de seis personas en el campo, más un responsable de coordinación.
La red se articula a través de una estructura común. La empresa propietaria del campo, Iniciativas para el Buen Vivir, participa en distintas sociedades con cada emprendedor y, entre todos, forman parte de un grupo de intercambio y aprendizaje al que llaman la comunidad Suma Qaman.
“Nos unen tres ejes: la agricultura regenerativa, la alimentación saludable y el desarrollo personal, con la idea de emprender y construir en conjunto”, señaló Álvarez.
Cómo producen huevos, pollos, harinas, miel y quesos artesanales
En relación con la producción avícola, el establecimiento cuenta con una casilla de gallinas ponedoras pastoriles, con entre 300 y 400 aves según la época del año, que producen huevos en un sistema con acceso diario a pasturas.

“Las gallinas combinan pasto con un alimento balanceado específico, porque solo a pasto no logran sostener la postura. Más o menos, la alimentación se reparte mitad y mitad”, explicó Álvarez.
A eso se suma la producción de pollos pastoriles, que hoy alcanza unos 100 animales por mes. Las aves pasan la mayor parte de su ciclo productivo en pasturas, dentro de jaulas móviles que se desplazan diariamente.
“La idea es que siempre tengan acceso a una nueva franja de pastura, combinando el forraje con una alimentación complementaria”, señaló.
La huerta ocupa un cuarto de hectárea a cielo abierto y un invernadero de 245 m². “Trabajamos respetando los ciclos de las estaciones. Si en invierno no hay tomates, no se comen tomates”, resumió.
Otro de los proyectos son las harinas integrales, elaboradas con un molino de piedra artesanal construido en el propio establecimiento. Hoy cuentan con capacidad para moler unas 40 toneladas anuales de harinas con gluten y 20 toneladas de harinas sin gluten, aunque todavía utilizan una parte menor de esa capacidad.

“Molemos trigo y centeno en el molino de piedra, y también garbanzo y trigo sarraceno en el caso de las harinas sin gluten. Ahí tenemos mucho margen para crecer”, indicó.
La apicultura suma unas 100 colmenas, con una producción cercana a los 5.000 kilos de miel por año. Parte se comercializa fraccionada y otra a granel, bajo un manejo basado en principios agroecológicos.
“No alimentamos a las abejas más que con su propia miel y evitamos introducir productos que no sean naturales para el manejo sanitario”, explicó.

El tambo ovino, por su parte, cuenta con unas 100 ovejas en ordeñe y permite elaborar alrededor de 1.000 kilos anuales de quesos semiduros artesanales, además de cortes de cordero.
“Hoy estamos produciendo quesos Pecorino y Tomme, además de la carne de las crías”, detalló Álvarez.
La estrategia comercial detrás de la marca Suma Qaman
Con los años, el grupo fue consolidando una estrategia comercial diferenciada para cada producto. Los huevos, pollos, verduras y cortes de cordero se destinan principalmente al mercado local. La producción hortícola se comercializa a través de un grupo de clientes que recibe bolsones semanales y en otros puntos de venta cercanos.
Los quesos, las harinas y la miel, en cambio, ya cuentan con habilitación para llegar a otros destinos.
“Las harinas tienen nichos muy específicos, como panaderías artesanales que trabajan con masa madre. Los quesos también llegan a tiendas gourmet y restaurantes de Buenos Aires”, explicó Fournier.

Con el tiempo fueron integrando una estrategia de venta bajo una identidad común.
“Al principio, cada emprendedor vendía sus productos por su cuenta, pero después nos dimos cuenta de que no estábamos aprovechando la sinergia de Suma Qaman. Hoy todos los productos llevan ese logo junto con el de cada emprendimiento. Es una marca paraguas que engloba todo y que tracciona mejor cuando salimos juntos”, señaló Fournier.
El proyecto ahora busca abrirse al turismo y las experiencias rurales
Después de avanzar en la producción y la comercialización, ya están pensando en una tercera etapa del proyecto, vinculada a la generación de experiencias y actividades abiertas al público.
“En este camino nos dimos cuenta de que la transformación no fue solo armar una empresa, sino también cambiar como personas”, reflexionó Álvarez.
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La idea es desarrollar un espacio orientado a talleres, visitas y propuestas de contacto con la naturaleza, una iniciativa que comenzó a gestarse a partir de las visitas que el establecimiento recibió en los últimos años.
“Hace dos o tres años que nos visitan colegios de la zona. Ahora queremos organizar mejor esas experiencias y también abrirlas al público en general, porque mucha gente nos lo viene pidiendo”, concluyó Fournier.
