Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Tengo buenas noticias. Estamos ganando la batalla cultural contra Don Chatarrín de los Tubitos Caros, Don Gomita Alumínica y el Señor Lengua Floja de los Neumáticos. Los leones están despertando y ya no se dejarán robar tan fácilmente frente a actitudes indebidas cometidas por los empresaurios.
Sin embargo, no puedo dejar pasar el hecho de que algunos mandriles me han hecho saber que en la lista hace falta incluir a Don Sojín Manotín, que vendría a ser el Estado nacional, el cual cobra un derecho de exportación del 24,0 % sobre la soja.
A Don Sojín Manotín —aseguran los mandriles— no le importa si el cultivo de soja resulta dañado por temporales intensos o granizadas devastadoras; él quiere su 24 % de lo que quede en pie, sin tener consideración por lo que suceda con el propietario del poroto.
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Semejante exabrupto puede resultar muy gracioso, pero pierde validez cuando se analiza con una mirada integral y sistémica que involucre factores de orden macroeconómico y geopolítico comprendidos en el asunto.
Desde el año 2024, el negocio de la soja en EE.UU. viene generando pérdidas debido a un incremento sustancial de los arrendamientos (o costo de oportunidad de la tierra), fertilizantes, personal, combustibles y labores agrícolas. Los márgenes de rentabilidad negativos son compensados por cuantiosos subsidios agrícolas.
Si la Argentina dejara de aplicar derechos de exportación, la producción de soja crecería de manera dramática y eso contribuiría a reducir los precios internacionales de la oleaginosa, lo que, a su vez, generaría que EE. UU. tenga que aumentar el monto de los subsidios agrícolas destinados a los farmers.
Si bien los derechos de exportación generan una menor producción de soja, lo que EE. UU. se ahorra en subsidios lo termina transfiriendo a la Argentina, como es el caso del aporte de 20.000 millones de dólares instrumentado en 2025.
Ambas naciones, faro de la libertad en sendos extremos del continente americano, salen ganando con ese acuerdo tácito, mientras que Brasil, gobernado por el comunista Lula, comienza a tener problemas ante la licuación de la renta agrícola.
Entonces, antes de llenarse la boca hablando sobre cuestiones que no comprenden en su completa dimensión, los críticos de esa estrategia brillante deberían reflexionar y llamarse a silencio para no dejar en evidencia su obscena ignorancia.
Es cierto que, con semejantes gigantes de la estatura de estadistas, no resulta sencillo comunicar las magníficas acciones conjuntas emprendidas por Javier Milei y Donald Trump con el propósito de derrotar a los socialistas en todos los órdenes existenciales. Pero tenemos que hacer el esfuerzo.
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No se trata de elucubrar qué es lo que puede estar mal, sino de comprender —de una vez por todas— que todo lo que sucede tiene una razón de ser porque el líder así lo dispuso, y que nuestra tarea es, precisamente, descubrir las razones detrás de su visión esclarecida e inspirada.
Aquellos que pretenden desinformar al público deben saber que el tiempo está a nuestro favor y que, más temprano que tarde, la Argentina recibirá su transferencia correspondiente por los servicios prestados al país más importante del mundo. Quizás la cifra hasta termine siendo superior a los 20.000 millones de dólares, considerando lo que están aumentando los fertilizantes. ¡Sigamos adelante! ¡Viva la libertad, carajo!


