Las lluvias abundantes pueden comprometer la sanidad y la productividad de las majadas, especialmente después de las pariciones. El INTA recomienda reforzar los controles sanitarios, revisar las instalaciones y planificar la alimentación para reducir los riesgos.
El aumento de las lluvias asociado al fenómeno de El Niño plantea nuevos desafíos para los productores ovinos. La humedad persistente, el barro y las condiciones de encierro pueden favorecer la proliferación de parásitos, las enfermedades podales y las infestaciones por moscas, con consecuencias sobre el bienestar animal y los resultados productivos.
Frente a este escenario, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) destacan la importancia de anticiparse a los problemas sanitarios y ajustar el manejo de la majada para evitar pérdidas.
HPG y FAMACHA: cómo detectar los parásitos antes de que causen daños
El control de los parásitos internos es uno de los puntos centrales de la prevención. Para evaluar su presencia, se recomienda realizar análisis de huevos por gramo de materia fecal (HPG), que permiten estimar la carga parasitaria y orientar las decisiones de manejo.
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Otra herramienta es el método FAMACHA, que permite identificar signos de anemia mediante la observación del color de la mucosa del párpado inferior. Se utiliza especialmente para detectar animales afectados por Haemonchus contortus, un parásito que se alimenta de sangre y puede provocar cuadros graves.
El sistema clasifica la coloración en cinco categorías, desde el rojo intenso, asociado con animales sin anemia, hasta el blanco, que indica anemia severa. Esta evaluación ayuda a identificar a los ovinos que requieren tratamiento y a evitar desparasitaciones innecesarias.
El objetivo es aplicar un control selectivo que reduzca los costos y contribuya a retrasar la resistencia de los parásitos a los antihelmínticos. La interpretación de los resultados y las decisiones terapéuticas deben adecuarse a cada majada, con asesoramiento veterinario.
«De esta manera pueden identificarse animales que requieren mayor atención y orientar el control selectivo de parásitos», explicó Lisandro Homse, especialista del INTA Corrientes.
Barro, humedad y moscas: los riesgos que hay que vigilar
Las precipitaciones persistentes también pueden favorecer el pietín, los abscesos y las dermatitis interdigitales. Por eso, se aconseja revisar las patas de los animales, detectar rengueras y lesiones, y realizar el mantenimiento de las pezuñas cuando corresponda.

«El uso de pediluvios puede contribuir a la prevención y el control de enfermedades podales», señaló Homse. Para utilizarlos, recomendó limpiar previamente las pezuñas, respetar las indicaciones de uso y mantener a los ovinos en espacios limpios y secos después del procedimiento.
Otro foco de atención son las bicheras y las infestaciones por moscas, que pueden afectar especialmente la base de la cola y la región perianal. La revisión frecuente del vellón permite detectar lesiones y actuar antes de que se agraven.
El mantenimiento de corrales y camas también es fundamental. Retirar el estiércol, eliminar acumulaciones de barro y mejorar el drenaje ayuda a reducir la humedad y los sitios de reproducción de moscas y otros insectos.
Alimentación e instalaciones: cómo prepararse para las lluvias
La prevención también requiere evaluar periódicamente la condición corporal de los animales para anticipar necesidades de suplementación y ajustar la alimentación a los requerimientos de cada categoría.
Ante los pronósticos de lluvias abundantes, contar con un plan de contingencia permite prever la disponibilidad de alimento, acondicionar las instalaciones para eventuales encierros y reducir las pérdidas productivas.
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«Se debe prestar especial atención al estado general de los animales, mantener las instalaciones en condiciones adecuadas y anticiparse a posibles situaciones de emergencia», indicó el especialista.
Homse remarcó que estas medidas deben acompañarse de un calendario sanitario actualizado y del seguimiento permanente de la majada. La consulta con un veterinario zonal permite definir las estrategias más apropiadas para cada establecimiento y ajustar las decisiones a las condiciones sanitarias y ambientales.

