Javier Bottero, engordador de la zona de Seguí, en Entre Ríos, forma parte de un esquema asociativo que le permite trabajar de manera rentable. Enfrenta, sin embargo, el desafío de crecer en infraestructura y la necesidad de incorporar mano de obra sin resignar rentabilidad.
El consumo de carne de cerdo en Argentina atraviesa un crecimiento sostenido que ya supera las dos décadas. De los apenas 3 a 5 kilos por habitante al año que se registraban a comienzos de los 2000, pasó a un récord de 18,9 kilos per cápita en 2025 y, en la actualidad, las mediciones de la Federación Porcina Argentina (FPA) ubican el consumo anualizado entre 19 y 19,5 kilos por habitante. Este cambio en los hábitos alimentarios impulsa al sector a ampliar la producción, aunque también expone nuevos desafíos para los productores.
En ese escenario, Javier Bottero, engordador de la zona de Seguí, en Entre Ríos, es integrante de Granja Reynafe, un esquema asociativo de integración porcina que le permite producir de manera rentable. Sin embargo, sostiene que el crecimiento de la demanda obliga a pensar en nuevas inversiones en infraestructura y en la incorporación de mano de obra, con el desafío de expandir la producción sin comprometer la rentabilidad.
Cómo funciona el modelo de integración porcina que agrega valor al maíz
El sistema funciona con una granja central que produce lechones y un grupo de productores asociados que se encarga de las etapas de engorde y terminación. De este modo, la cadena abarca desde la producción agrícola hasta la comercialización con marca propia.
Todos trabajan con la misma genética porcina para garantizar una calidad homogénea en todas las granjas.
Desde sus inicios, los objetivos fueron agregar valor al maíz local mediante su transformación en carne; compartir riesgos entre productores agrícolas y porcinos; escalar la producción sin que cada productor deba realizar el ciclo completo; y llegar a la góndola con una marca propia, reduciendo la intermediación.

Los desafíos de producir más sin perder rentabilidad
Javier Bottero, productor agropecuario —y, como él mismo aclara, jubilado— de la zona de Seguí, en el departamento Paraná, es uno de los integrantes del esquema. Junto a su hijo trabaja en dos galpones de engorde. «Nos traen el lechón de alrededor de 25 kilos y se lo llevan a los 100 días con unos 100 kilos más», comentó.
El trabajo es exigente porque «hay que estar todos los días, recorrer los galpones, realizar un mantenimiento constante —especialmente por el desgaste de las instalaciones—, estar atentos a las cuestiones sanitarias y, cuando el animal está gordo y pesado, resulta bastante difícil de manejar», relató.
Bottero afirmó que el esquema integrado «nos resulta redituable porque trabajamos mi hijo y yo». Sin embargo, para crecer en la actividad «necesitaríamos un tercer galpón, pero somos conscientes de que eso implica, en primer lugar, una inversión importante y, además, contratar a una persona. Y esa contratación tal vez se lleve la ganancia que produciría ese tercer galpón, porque a la gente, para que trabaje y rinda bien, hay que pagarle bien, con un salario acorde a la tarea que desarrolla».
Cuánto engordan los cerdos y cómo es el ciclo de producción
Bottero precisó que la ganancia diaria de peso de los animales ronda un kilo. Por eso, en 100 días aumentan, en promedio, unos 100 kilos, aunque algunos llegan a ganar entre 110 y hasta 140 kilos.

Además, explicó que realiza tres ciclos de engorde al año, ya que cada uno dura 100 días y, una vez que sale una tanda, transcurren unos 15 días hasta el ingreso de la siguiente.
«Tres engordes de 100 días son 300 días, y 15 días entre tanda y tanda suman 45 días. Es decir, son 345 días en total, por lo que te quedan unos 20 días para tomarte vacaciones«, agregó.
Bottero consideró que la actividad de engorde es ideal para productores que disponen de poca superficie, ya que pueden aprovechar el purín —el subproducto compuesto por una mezcla líquida o semilíquida de heces, orina, agua de limpieza y restos de alimento— como fertilizante para implantar pasturas o cultivos, aunque aclaró que no se trata de una tarea sencilla.
Desafío: superar las limitaciones para ganar escala
De cara al futuro, el objetivo de los integrantes de este emprendimiento asociativo es ampliar la cantidad de madres, por lo que las expectativas de crecimiento son concretas y están directamente vinculadas con el aumento del consumo de carne de cerdo.
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Con ese horizonte, productores integrados como Bottero enfrentan el desafío de superar las limitaciones actuales y seguir trabajando para aumentar la producción.
