Una startup biotecnológica desarrolla compuestos selectivos inspirados en toxinas naturales, con foco en eficacia y seguridad ambiental. El enfoque combina inteligencia artificial y producción por fermentación para escalar soluciones sin residuos y con nuevos modos de acción.
Los insecticidas están fallando y las plagas más relevantes han desarrollado resistencia. Frente a este desafío una startup propone una solucion novedosa: utilizar péptidos del veneo de arácnidos para el diseño de modos de acción novedosos, letales y específicos.
Péptidos de arácnidos: una nueva generación de bioinsecticidas
En bioquímica, los pépitos son moléculas formadas por la unión de dos o más aminoácidos. Al tomar estos elementos del veneno de los arácnicos, los integrantes de Arakion aspiran a un «insecticida de precisión», capaz del control de plagas en una sola aplicación, con un producto seguro para humanos y organismos benéficos, y sin período de carencia ni restricción de reingreso.
En un principio, el bioinsecticida comenzó a probarse en el cultivo de frutillas, pero la posibilidad de explorar más de 60.000 especies de arácnidos —que contienen millones de toxinas únicas aún no exploradas— abre el camino a aplicaciones en otros cultivos.
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En paralelo, los avances en inteligencia artificial y en capacidad de cómputo han vuelto viables los procesos de diseño, mientras que la caída en los costos de fermentación y producción de péptidos permite pensar en escalabilidad.

De startup a scaleup: próximos pasos e inversión
El ingeniero industrial Santiago Maddaloni, pergaminense de nacimiento pero rosarino por adopción, es cofundador de la startup y, en diálogo con AIRE Agro, explicó el alcance de una tecnología que busca cambiar las reglas del manejo de plagas.
Tras trabajar durante 10 años en empresas orientadas al consumo masivo en varios países de Latinoamérica, Maddaloni salió del mundo corporativo y aplicó al fondo GridX, un fondo de capital de riesgo nacido en Argentina que se especializa en crear y financiar empresas de base biotecnológica. En el marco de esa experiencia nació Arakion, luego de vincularse con los científicos Omar Piña —quien se transformaría en CEO de la empresa y se encarga del diseño molecular y la integración de flujos de innovación—, Gerardo Corzo —CSO y responsable de toxinas y validación experimental—, y Juan M. Hurtado —CTO y a cargo del área de IA y bioinformática—.
La startup, que nació con la misión de dotar a la agricultura de nuevos modos de acción capaces de superar la resistencia genética que las plagas vienen desarrollando desde hace casi un siglo frente a un conjunto cada vez más limitado de ingredientes activos, hoy también participa en la sexta edición de BCR Startup Network. A través de la vinculación con esta red, que funciona bajo la órbita de la Bolsa de Comercio de Rosario, apuesta a generar nuevos nexos que potencien la iniciativa.

Nuevos insecticidas frente a la resistencia genética de las plagas
La joven empresa trabaja en el desarrollo de insecticidas basados en péptidos arácnidos, un enfoque novedoso que apunta a mecanismos de acción desconocidos para las plagas. “El modo de acción es la forma en que el insecticida actúa y genera la letalidad. En nuestro caso, al tratarse de compuestos nuevos, las plagas no tienen resistencia previa”, explicó Maddaloni.
A diferencia de los productos tradicionales, estos péptidos presentan una mayor especificidad: atacan a los insectos objetivo, pero reducen significativamente el impacto sobre humanos y organismos benéficos, como los polinizadores, uno de los principales desafíos de los fitosanitarios actuales.
El desarrollo se encuentra en una etapa inicial y, por ahora, está focalizado en frutilla, un cultivo donde la presión de plagas y la exigencia de calidad son particularmente altas. “Es un caso de uso muy exigente: no tiene cáscara y los mercados demandan niveles de residuos prácticamente nulos, incluso en el período de precosecha”, señaló el graduado de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Cómo se diseñan insecticidas con inteligencia artificial
Sin embargo, la apuesta de fondo es más ambiciosa. Arakion está construyendo una plataforma tecnológica basada en inteligencia artificial —denominada Arapred— que permite explorar y diseñar péptidos a partir de una biblioteca biológica prácticamente inagotable. Se trata de cadenas cortas de aminoácidos cuya funcionalidad puede cambiar radicalmente con mínimas variaciones, lo que abre un universo de combinaciones posibles. “Hoy contamos con herramientas que, a partir de avances como AlphaFold, permiten predecir cómo se pliegan estas moléculas y cómo interactúan con sus blancos biológicos”, detalló.
El modelo de desarrollo también está condicionado por la economía de la tecnología. La producción de estos compuestos se realiza mediante fermentación, un proceso cuyo costo viene descendiendo de manera sostenida y que ya empieza a ser competitivo para el agro. Por eso, la estrategia de la empresa apunta a comenzar por cultivos intensivos —donde el valor por hectárea justifica la inversión— y, a medida que escale la producción, avanzar hacia sistemas extensivos.

Validación en laboratorio y pruebas piloto en México
En términos de avances, la startup ya logró validar su prueba de concepto: cuenta con compuestos que pueden producirse, muestran actividad insecticida y han sido escalados a nivel piloto en México. Además, Maddaloni contó que ya firmaron acuerdos de transferencia de material con una de las principales compañías globales de protección de cultivos, una señal de interés temprano por parte de la industria.
El equipo combina perfiles científicos y de negocios y tiene base operativa en el Instituto de Biotecnología de la UNAM, en Cuernavaca. Allí se lleva adelante un pipeline completo que va desde el diseño computacional hasta la validación experimental, sin depender de terceros en las etapas iniciales. “Tenemos la capacidad de diseñar, producir y testear nuestros compuestos de punta a punta”, destacó Maddaloni.
Con el respaldo del fondo GridX, que ya invirtió en la instancia pre-seed, la compañía proyecta completar su producto mínimo viable (MVP) y avanzar hacia ensayos en condiciones de invernadero, con la mirada puesta en abrir una ronda de inversión mayor. En paralelo, busca fortalecer vínculos con el ecosistema productivo y avanzar en procesos regulatorios en mercados como Argentina y México, donde espera dar sus primeros pasos comerciales.
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El contexto acompaña. Tras el auge de los biológicos en los últimos años, el sector atraviesa una etapa de depuración y sofisticación tecnológica. “Hoy hay una nueva generación que busca combinar la seguridad de los biológicos con la eficacia de las moléculas tradicionales”, resaltó Maddaloni, atendiendo especialmente a la demanda de los consumidores y a las restricciones regulatorias, particularmente en mercados como Europa.
