La recolección de los primeros lotes en 9 de Julio marca el inicio de la campaña 2026 en el centro-norte de Santa Fe, en un ciclo condicionado por los costos de producción y las estrategias de fertilización. Desde la molinería, los primeros análisis de la mercadería que llega desde provincias vecinas muestran una mejora respecto del ciclo anterior, aunque persisten limitaciones en los niveles de proteína.
La cosecha de trigo comenzó en el norte santafesino, pero las lluvias y la elevada humedad ambiental interrumpieron las labores. Mientras tanto, la molinería de la región ya recibe mercadería de zonas productivas de Chaco y Santiago del Estero, donde los primeros análisis permiten evaluar la calidad de los granos y anticipar algunas de las condiciones que marcarían esta campaña.
Trigo: los primeros lotes rindieron entre 30 y 32 qq/ha
Según el informe del Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA), correspondiente al período del 21 al 27 de octubre, la recolección comenzó en el departamento Nueve de Julio y avanzó hacia el noreste santafesino, antes de detenerse por las precipitaciones.
Los primeros lotes cosechados arrojaron rendimientos promedio de entre 30 y 32 quintales por hectárea. El SEA señaló que los cultivos evolucionaron normalmente durante el ciclo, favorecidos por el contenido de humedad de la cama de siembra, que permitió una buena germinación, emergencia y desarrollo vegetativo.
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El 96% de los trigales en pie presentaba condiciones buenas, muy buenas o excelentes, mientras que el 4% restante se encontraba en estado regular, particularmente en el noroeste del área de estudio, debido a la distribución irregular de las precipitaciones.
Por su parte, Juan Cruz Imhoff, gerente general y vicepresidente de Molino Matilde S.A., dijo a AIRE Agro que la cosecha en el norte de Santa Fe se generalizaría entre el 9 y el 10 de noviembre, siempre que las condiciones climáticas lo permitan.

La calidad del trigo mejora, pero la proteína sigue siendo baja
La firma ya recibió 137 camiones con trigo procedente de zonas como Las Breñas y Avia Terai, en Chaco, y Quimilí y Pampa del Infierno, en Santiago del Estero.
De acuerdo con Imhoff, los primeros análisis muestran una calidad ligeramente superior al año pasado, con menos problemas de ligue y niveles de proteína levemente mejores, aunque todavía bajos para los parámetros habituales de la industria. «No están tan por el piso como hemos padecido en la cosecha anterior», cuando «muchos trigos inclusive no ligaban», señaló.
Según explicó, el problema se detectó solamente en «dos o tres camiones«. Y precisó que si bien «es una proteína baja para lo que estamos acostumbrados, yo diría que por el momento es levemente superior a la campaña anterior».
La capacidad de ligue es un atributo relevante para la industria molinera porque está vinculada con el comportamiento del gluten y las propiedades de la harina. Por eso, una mejora en este aspecto representa una señal favorable, aunque todavía es temprano para establecer una evaluación definitiva de la campaña.

El costo de la urea condicionó la fertilización
Imhoff explicó que las diferencias de calidad entre las dos campañas responden, en buena medida, a factores agronómicos y económicos.
El año pasado, los rendimientos excepcionales provocaron un efecto de dilución del nitrógeno en los granos, que redujo la concentración de proteína. Para el ciclo actual, en cambio, la principal preocupación está relacionada con una menor fertilización, como consecuencia del encarecimiento de los insumos.
El aumento del precio de la urea, asociado al conflicto en el estrecho de Ormuz, modificó la relación entre el costo del fertilizante y el valor del trigo. «Eso hizo que se cambien algunas estrategias de fertilización«, explicó el directivo. Como referencia, indicó que al comienzo del año se necesitaban 2,7 toneladas de trigo para comprar una tonelada de urea, mientras que en abril la relación había trepado a 4,3 toneladas, un incremento del 57%.
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En términos prácticos, producir trigo exigía destinar una mayor cantidad de la cosecha a cubrir el costo de la nutrición del cultivo, lo que condicionó las decisiones de manejo. «En su momento vos necesitabas vender dos toneladas de trigo para pagar la urea y al momento del incremento se fue a cuatro«, ejemplificó.
Sobre las consecuencias para la calidad, Imhoff advirtió que todavía falta información para confirmar cómo se expresarán esas decisiones en el grano recibido. «En este caso va a pasar algo parecido, pero al revés», anticipó. Y aclaró: «Es lo que nosotros estimamos, hasta que no empecemos a recibir no tenemos mucha más información».

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