El SEA registró 12.500 hectáreas más de las previstas al inicio de la campaña fina, impulsadas por mejores condiciones climáticas y decisiones económicas de los productores. Las lluvias de la última semana revirtieron la mejora de los suelos y volvieron a generar anegamientos que frenaron la cosecha de maíz tardío y complicaron al algodón.
El trigo de la campaña 2026 terminó de implantarse en el centro norte de Santa Fe con una particularidad inusual. El Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA) informó que la superficie sembrada alcanzó 462.500 hectáreas, unas 12.500 hectáreas más que las 450.000 estimadas al inicio de la campaña fina.
El proceso se completó tras nueve semanas consecutivas de trabajo de las sembradoras y dejó una situación excepcional para la serie histórica del SEA. Según la estadística del organismo, desde 2010 solo en 2017 y 2018 la superficie efectivamente implantada había superado la estimada al comienzo de la campaña; en el resto de los ciclos, lo habitual fue que la siembra terminara por debajo de la intención inicial.
El informe destacó que el aumento respondió a «las favorables situaciones climáticas«, a «la dinámica de los distintos factores actuantes» y a «los contextos económicos nacionales e internacionales que fluctuaron y generaron alternativas positivas», factores que influyeron directamente en las decisiones de los productores.
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Los trigales arrancaron con muy buen estado sanitario y tecnológico
Además del incremento de área, el SEA relevó un arranque favorable del cultivo. Los lotes implantados se encontraron en muy buen a excelente estado, sin problemas sanitarios, con adecuados niveles de tecnología aplicada y una correcta fertilización inicial.
En General Obligado se observaron trigales de ciclo intermedio en pleno desarrollo vegetativo y muy buen estado, mientras que en el oeste de Castellanos se relevaron lotes de ciclo largo con condición excelente.
El organismo señaló que productores y técnicos comenzaron a evaluar nuevas estrategias de refertilización en función de la evolución del cereal, las condiciones climáticas y la relación entre insumos y precios.
Las lluvias revirtieron la mejora de los suelos y volvieron los anegamientos
Sin embargo, el escenario agrícola en la rgión cambió durante la última semana. Tras varios días de estabilidad, el área recibió precipitaciones de distribución irregular, acompañadas por alta humedad ambiental y períodos de inestabilidad.
El SEA indicó que las lluvias «revirtieron la tendencia de las últimas semanas» y «nuevamente generaron escenarios de superficie con encharcamientos y anegamientos«.
Estas condiciones volvieron a complicar tanto el cierre de la cosecha gruesa como las planificaciones finales de la campaña fina.
El maíz tardío volvió a frenarse por la humedad
La cosecha de maíz tardío o de segunda había retomado actividad en toda el área de estudio, pero las nuevas precipitaciones volvieron a condicionarla.
El informe señaló que el proceso «continuó a diferentes ritmos» y que «luego de las lluvias y los altos porcentajes de humedad en el ambiente y en los cultivares, se detuvo«.
El cultivo ocupa 89.000 hectáreas, un 25,8 % más que en la campaña anterior. Los rendimientos relevados se mantuvieron elevados: 80 a 120 qq/ha en el sur, 70 a 100 qq/ha en el centro y 60 a 75 qq/ha en el norte del SEA.
El algodón quedó otra vez bajo presión y algunos lotes podrían abandonarse
La situación más delicada volvió a registrarse en el algodón. La cosecha avanzó durante los primeros días estables, especialmente en Vera y Nueve de Julio, donde las condiciones de piso permitieron trabajar.
En la zona este algodonera la recolección alcanzó el 95 % del área implantada, con un avance semanal de 5 puntos porcentuales. Sin embargo, en la zona oeste algodonera el progreso siguió muy condicionado por los excesos hídricos acumulados desde meses anteriores.
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El SEA advirtió que muchos lotes permanecen encharcados por su baja posición topográfica y que «algunos algodonales se abandonarían, no se cosecharían, ante las nuevas precipitaciones del período».
En Nueve de Julio se observaron lotes en fin de maduración con estado bueno a regular y marcado deterioro de los capullos. Bajo estas condiciones, el organismo reportó pérdidas de rendimiento y de calidad de fibra, con resultados muy variables que oscilaron entre 500 y 3.000 kg/ha según la zona y el estado de los cultivos.

