El indicador de septiembre mostró una baja de 3,7 puntos porcentuales frente a junio, impulsada por la mejora en los valores de los granos y la caída del precio de la urea. Los costos de transporte, en cambio, aumentaron y mantienen una incidencia mayor en las zonas productivas más alejadas de los puertos.
El Índice FADA, que elabora la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina, en septiembre mostró que, una vez descontados los costos de producir, el 58,2% de la renta agrícola se destina al pago de impuestos. En otras palabras, de cada $100 de renta que genera una hectárea, $58,2 corresponden a impuestos nacionales, provinciales y municipales.
La participación es menor que la registrada en junio, cuando había alcanzado el 61,9%, pero el dato central no cambia: los impuestos todavía representan más de la mitad de la renta agrícola.
Mejores precios y una urea más barata
La baja del índice no responde a una modificación de la estructura tributaria argentina, sino a cambios en los precios y costos de producción.
Las tensiones entre Rusia y Ucrania y las dificultades logísticas derivadas del conflicto impulsaron los valores internacionales de los granos. El trigo aumentó y quedó por encima del nivel de un año atrás, mientras que la soja también mejoró, vinculada a cambios en las estimaciones de producción de Estados Unidos y a una mayor demanda de China.
Al mismo tiempo, la urea, uno de los principales fertilizantes utilizados en los cultivos, bajó de US$730 por tonelada en junio a US$570 en septiembre. Por este motivo mejoró la relación insumo-producto. Ahora se necesitan 2,9 toneladas de maíz y 2,4 de trigo para comprar una tonelada de urea, frente a 4 y 3,4 toneladas, respectivamente, en junio.
“La relación insumo-producto muestra cuánto esfuerzo necesita hacer el productor para comprar un insumo. Hoy, tanto para maíz como para trigo, se necesitan menos toneladas de grano que en junio para comprar una tonelada de urea”, explica Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA.
“En esta medición vemos cómo los movimientos del mercado internacional pueden modificar la renta agrícola. La mejora de los precios de los granos, junto con la baja de la urea, permitió que el resultado económico o la ganancia del productor mejore. Pero el Estado todavía se queda con una porción mayoritaria de esa renta”, agrega Antonella Semadeni, economista de FADA.
La carga impositiva supera la mitad de la renta
La mejora se reflejó en los cuatro cultivos analizados. La participación del Estado llega al 60,7% en soja, 53,8% en maíz, 55,5% en trigo y 56,8% en girasol.
El trigo muestra uno de los cambios más claros: la mejora de su precio y la caída de la urea permitieron que el resultado antes de impuestos pasara a terreno positivo. Sin embargo, los precios del trigo y el maíz todavía están por debajo de sus promedios de los últimos cinco años.
“La leve caída del índice no se dio por cambios en los impuestos argentinos en sí, fue por factores en el contexto internacional”, advierte Fiorella Savarino, economista de FADA.
“Esta combinación explica la baja del Índice, pero no cambia el dato de fondo: aún con mejores precios y menores costos para algunos insumos, los impuestos representan más de la mitad de la renta agrícola”, afirma Semadeni.
En promedio, la renta agrícola se distribuye entre 58,2% de impuestos, 27,3% de costo de la tierra y 14,5% de resultado agrícola.
Los fletes también pesan en el resultado
La baja de la urea no se repitió en todos los costos. Los fletes aumentaron respecto de junio y todavía más frente a un año atrás. Además, su incidencia cambia según la ubicación de los lotes. Cuanto mayor es la distancia hasta los puertos, mayor es el peso del transporte sobre la renta.
“En una hectárea de maíz, por ejemplo, en Córdoba, San Luis y La Pampa alrededor de 2 de cada 10 camiones de lo que se produce, se destina a pagar el flete”, sostiene Semadeni.
“Por eso, el precio del grano no es el único elemento que define la renta agrícola. También importan los costos de producción, la distancia a los mercados, los rindes y la estructura impositiva de cada territorio”, agrega Pisani Claro.
Más de la mitad de los impuestos son nacionales
Dentro de la carga tributaria, el 55,6% corresponde a impuestos nacionales no coparticipables. Los nacionales coparticipables representan el 35,7%, mientras que los provinciales explican el 7,8% y los municipales, el 0,9%.
Los derechos de exportación continúan entre los principales componentes. Desde diciembre de 2023, sus alícuotas se redujeron para los principales cultivos y disminuyó su participación dentro de la carga tributaria, mientras ganaron peso impuestos vinculados al resultado económico, como Ganancias.
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También existen diferencias entre provincias. El índice alcanza 56,9% en Córdoba, 56,1% en Buenos Aires, 53,9% en Santa Fe, 54,7% en La Pampa, 58,4% en Entre Ríos y 55% en San Luis. Según FADA, estas diferencias surgen de la combinación de rindes, precios, costos, fletes e impuestos provinciales y municipales.


