Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Tengo que confesar que estoy muy decepcionado por las constantes
críticas sobre el estado de la infraestructura vial presente en el país
porque las quejas revelan las falencias propias de los mandriles que
no logran adaptarse a los tiempos actuales.
Puedo entender la cuestión –con ciertos reparos– si la queja proviene
de un turista, pero no de un empresario agropecuario, que en la
actual coyuntura debería invertir en el país y crear valor en origen
para así promover el crecimiento de sus respectivas comunidades.
Aquellos que aseguran que el estado de las rutas es decadente en
realidad están mostrando su falta de confianza en el exitoso modelo
económico promovido por el líder Javier Milei. Si en lugar de
despachar camiones a los puertos montaran una unidad productiva
destinada a darle valor a los propios granos, entonces no tendrían
que usar tanto la red vial y así contribuirían a cuidarla.
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Además, las quejas también reflejan cierta obsolescencia, ya que en
lugar de subirse al tren del progreso y automatizar procesos, existe
todavía gente en el campo que va de acá para allá con la camioneta,
como si eso fuese realmente parte del trabajo; podría haberlo sido
algunas décadas atrás, pero ahora la avanzada es gestionar todo
desde una computadora asistido por drones.
Habrá seguramente gente en el sector que no tenga la capacidad de
contar con una mirada integral sobre el asunto, como la posibilidad
de emplear el deterioro vial como punta de lanza de ingresos
turísticos.
Debido al éxito económico del modelo, la cantidad de argentinos
que vacacionan en el exterior aumentó muchísimo. Se trata de una
gran noticia indudablemente.
Pero se requieren acciones para compensar la balanza, lo que no
resulta sencillo porque el país se encuentra lejos de las principales
naciones exportadoras de turistas.
En ese marco, con un poco más de paciencia, podríamos llegar a
recibir un contingente importante de visitantes si logramos instalar
no sólo el Rally Dakar en el país, sino un evento propio anual de
similares características en las rutas argentinas. ¡Qué gran
acontecimiento sería poder instrumentar algo así!
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Por fortuna, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, el
marxista Axel Kicillof, en este caso logró aceptar la lucidez de la
visión del líder y optó por comenzar a desacondicionar las rutas de
su jurisdicción, de manera tal que el sueño del Dakar propio parece
mucho más cercano.
Por supuesto, habrá que encontrar un nombre propio para posicionar
la marca del nuevo evento deportivo en el imaginario global. Y no
me vengan con nombres aburridos como el “Rally del Sur” o el
“Rally Patagónico” (promoción no válida en caso de incendios). Lo
ideal sería denominarlo el “Rally de la Libertad”.
No nos dejemos vencer por los quejosos. Hagamos que la
imaginación sea nuestro límite al momento de crear nuevas
oportunidades para la Argentina. Hagamos a la Argentina grande de
nuevo ¡Viva la libertad, carajo!



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