Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Se viene un año electoral en 2027 y los mandriles comenzaron temprano a desempolvar su repertorio de inmundas mentiras contra la batalla cultural emprendida por el gobierno libertario.
Una de mis preferidas es que la actual administración representa los intereses de un grupo de corporaciones y que poco le importa la suerte de la mayor parte de la población. Nada más alejado de la realidad. Tenemos que estar más que preparados para refutar todas las calumnias.
Si todo el electorado se tomase el trabajo de leer el informe de evolución del mercado de cambios publicado mensualmente por el Banco Central (BCRA), todas las mentiras quedarían evaporadas ante la contundencia de los datos reflejados en ese documento de cabecera.
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En el último año la compra de divisas por parte de particulares sumó casi 37.000 millones de dólares, lo que representa no sólo un éxito del modelo económico, sino fundamentalmente una política que democratiza la posibilidad de acceder a la divisa global.
Si bien la mayor parte de las divisas son generadas por el agro argentino, sería muy peligroso dejar que ese enorme volumen de recursos quedase en manos exclusivas de ese sector, porque el costo de los alquileres agrícolas subiría hasta la estratósfera para desajustar los márgenes del negocio.
Por tal motivo, con buen criterio, el gobierno obliga a liquidar el 100% de las agrodivisas en el BCRA, el cual, posteriormente, instrumenta una intervención virtuosa para que el valor del tipo de cambio se ajuste al nivel de equilibrio más adecuado para la economía.
Mientras que durante el régimen kuka reinaba la informalidad, con precios altísimos del dólar en el mercado negro, con el gobierno libertario cualquier persona tiene la posibilidad de comprar la divisa en el mercado formal.
Así, todos los meses, alrededor de un millón y medio de personas vienen comprando dólares a precios accesibles para atesorar, comprar inmuebles, automóviles o viajar. A medida que el cambio cultural se vaya consolidando, habrá mayor cantidad de gente que pueda hacer una mejor gestión de su dinero para participar de esa actividad. Grandes desafíos tenemos entre manos en lo que respecta a educación financiera.
Si bien no es aconsejable el uso de léxico zurdo para defender una posición, en algunos casos puede resultar viable afirmar que el gobierno, en lugar de entregar las divisas a “cuevas” amigas, ha optado por democratizar la redistribución de ese bien entre todos los argentinos de bien. Y para los argentinos de no tan bien, existe el régimen de inocencia fiscal. No hay que discriminar a nadie.
De esa manera, un recurso generado por la oligarquía del campo puede ser usufructuado por aquellos que, si bien no tienen la suerte de poder exportar, pueden vender sus productos en el mercado interno a consumidores que tienen, gracias a la apreciación cambiaria, un poder adquisitivo equivalente al presente en Estados Unidos.
Conste que estamos hablando de poder adquisitivo y no de nivel salarial, concepto este último que está ajustado a la productividad del trabajador. El gobierno ya hizo su parte incrementando el poder adquisitivo. Ahora le corresponde a los ciudadanos hacer uso del poder de su voluntad para incrementar su productividad.
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Los procesos de cambio cultural llevan tiempo y tienen altibajos. En cualquier caso, resulta fundamental no perder la paciencia y seguir evangelizando a la población para hacer, algún día, a la Argentina grande de nuevo ¡Viva la libertad, carajo!

