La firma santafesina, con más de 30 años de trayectoria, ya exporta más de la mitad de su producción a una veintena de países y proyecta ampliar su capacidad industrial. La estrategia combina desarrollos propios, investigación junto a organismos públicos y una migración progresiva hacia tecnologías de menor impacto.
Desde Santo Tomé, QUIMADH construyó en más de tres décadas una empresa tecnológica vinculada al agro y a otros sectores productivos. Con una fuerte base de investigación y desarrollo, presencia comercial internacional y una creciente participación de bioinsumos para la producción en su portfolio, la firma santafesina atraviesa una etapa de expansión con una mirada puesta en los cambios que tendrá el mercado durante los próximos años.
El eje de esa estrategia está en anticipar la demanda. Actualmente, el 80% de sus productos son bioproductos y la compañía trabaja para llevar esa participación al total de su cartera, mientras amplía su capacidad productiva y desarrolla nuevas soluciones junto a universidades y organismos de ciencia y tecnología.
De los tratamientos de agua al desarrollo de tecnologías para el agro del futuro
“QUIMADH es una empresa que no nació en el campo, nació en el agua”, explicó el ingeniero Nicolás Imhoff, director Técnico, I+D y Operaciones. Los comienzos estuvieron vinculados con el tratamiento de aguas industriales, un conocimiento que posteriormente abrió las puertas del sector agropecuario.
“Entendiendo que la calidad del agua es un factor determinante en toda pulverización agrícola y que determina si la aplicación sirve o se desperdicia”, la empresa desarrolló su primera línea de coadyuvantes.

Ese origen todavía forma parte de la propuesta actual: además de comercializar productos, QUIMADH analiza el agua y realiza recomendaciones para mejorar la eficiencia de las aplicaciones.
La compañía cuenta actualmente con unos 20 profesionales y, según explicó Exequiel Crespi, director Comercial y Desarrollo de Negocios, alrededor del 70% del personal está abocado al desarrollo. “Todos los productos, tanto los orientados al agro como a la industria, son todos desarrollos propios en laboratorio, eventualmente realizados por convenios con UNL y CONICET, donde nosotros escalamos los desarrollos de laboratorio, para transformar ese conocimiento en un producto y una solución concreta para los productores”, señaló.
Investigación, bioproductos y vinculación tecnológica
La investigación ocupa un lugar central en el modelo de negocios. QUIMADH mantiene desde hace más de 15 años una relación de trabajo con CONICET y la Universidad Nacional del Litoral (UNL), vínculo que permitió transformar conocimiento científico en tecnologías comerciales.

“Basados en esa experiencia exitosa renovamos el convenio para seguir desarrollando bioproductos y ahora estamos diseñando un biofungicida”, contó Crespi.
El proyecto se desarrolla junto a INTEC-CONICET-UNL y busca obtener nuevas formulaciones a partir de metabolitos secundarios vegetales. El producto ya comenzó los ensayos de eficacia junto con INTA, como parte del proceso requerido para su registro ante Senasa.
“Las plantas sintetizan sus propios químicos para defenderse de las plagas, nosotros tratamos de entender cuál es esa química de la planta, aislar ese compuesto y llevarlo a una formulación para el productor, tratando de emular a la naturaleza”, explicó Imhoff.
El futuro biofungicida podría utilizarse tanto en tratamiento de semillas como en aplicaciones foliares, en cultivos extensivos e intensivos.
Un portfolio que combina eficiencia y menor carga química
La oferta de QUIMADH incluye coadyuvantes, acondicionadores de agua y soluciones para el control de plagas y enfermedades. Entre sus principales productos aparecen TS Active, destinado a acondicionar el agua y potenciar la eficiencia del glifosato; Locker, de base oleosa para aplicaciones de herbicidas, insecticidas y fungicidas; y Palmaline, un óleo adyuvante orgánico.

También forman parte del portfolio Stopper, un insecticida y acaricida de origen orgánico, y Cropally, un fungicida orgánico de amplio espectro. Acariout combina Stopper y Palmaline y apunta al control de ácaros en producciones como cítricos, banano y horticultura.
“Para nosotros los bioproductos son el eje central de nuestra estrategia”, afirmó Imhoff. La compañía apunta a ofrecer herramientas de origen biológico que reduzcan la posibilidad de generación de resistencias y, al mismo tiempo, respondan a una demanda creciente por alimentos producidos con menor impacto.
“Están cambiando la matriz de consumo de alimentos en el mundo”, sostuvo. Y agregó que ese giro “no viene del campo, sino del plato, de la mesa del consumidor”. Según explicó, esa transformación es particularmente visible en cultivos intensivos y de alto valor, donde además pesan las exigencias de los mercados de destino.
Certificación orgánica sin resignar eficacia
Uno de los diferenciales que destaca QUIMADH es que sus bioproductos no solo apuntan a reducir la carga química, sino que además cuentan con certificación para su uso en agricultura orgánica, una característica que es igualmente eficaz en el lote.
“Muchos nos preguntan si tenemos certificación orgánica”, explicó Imhoff, y remarcó que los productos certificados “tienen una cualidad muy importante, que no resignan eficacia: compiten en el mercado convencional de la misma manera que un químico de síntesis tradicional”.
Un ejemplo es Palmaline, un coadyuvante orgánico que mejora la pulverización y permite optimizar el funcionamiento de los principios activos sin dejar residuos. Otro caso es Stopper, insecticida y acaricida de origen orgánico que actúa sobre la plaga por asfixia y sin incorporar venenos de síntesis.

La experiencia internacional que cambió la estrategia
QUIMADH tiene casi dos décadas de experiencia en comercio exterior y actualmente comercializa sus productos en más de 20 países. Más de la mitad de su producción se exporta, con presencia principalmente en países limítrofes y también en mercados de Centroamérica.
La diversidad productiva de esos destinos permitió validar la adaptación de sus tecnologías. “Nuestros productos tienen la característica de poder adaptarse a diferentes condiciones y tener buenos resultados, lo que nos da mucha versatilidad”, explicó Imhoff.
La experiencia internacional también llevó a la empresa a modificar su orientación. “Hace unos 10 años cambiamos el foco, de la demanda presente y cultivos extensivos hacia la demanda futura y en cultivos intensivos de alto valor”, explicó Crespi.
La apuesta comenzó cuando el mercado de bioproductos todavía era incipiente. Hoy, según señaló, esa tendencia se transformó en una realidad concreta y con una fuerte proyección de crecimiento. “Eso hoy nos posiciona en estos mercados con desarrollos avanzados y validación de costos”, afirmó.
Una planta que busca triplicar su capacidad
La expansión también tiene una dimensión industrial. Actualmente, QUIMADH posee una capacidad de producción de 600.000 litros de productos orgánicos, que proyecta triplicar durante los próximos dos años.
La empresa busca acompañar ese crecimiento con nuevos mercados y un portfolio cada vez más concentrado en soluciones biológicas. “Nosotros esperamos, en los próximos cinco o seis años, estar comercialmente presentes en los países que hoy están en desarrollo y que el portfolio sea íntegramente de bioproductos”, anticipó Crespi.
La estrategia, en definitiva, excede el desarrollo de productos para el mercado actual. “Estamos en una expansión fuerte: estamos mirando el agro a 20 o 30 años”, resumió Imhoff. Y completó: “Pensamos que es un buen momento para invertir en ciencia y en desarrollo”.
