Agrotech Suelos documentó durante seis años la evolución de un lote salino-sódico en Monigotes. La intervención permitió mejorar indicadores químicos y físicos, duplicar la carga animal e incorporar cultivos agrícolas.
La recuperación de un suelo no depende únicamente de un insumo. El diagnóstico de sus limitantes, la aplicación de nanotecnología y un manejo productivo adaptado a cada ambiente forman parte de la propuesta con la que la consultora Agrotech Suelos trabaja para transformar áreas con restricciones y mejorar la eficiencia de los sistemas agrícolas y ganaderos.
Los ingenieros agrónomos Maximiliano Gerlero y Germán Bianchini, propietarios de la firma, presentaron a AIRE Agro los resultados de seis años de seguimiento sobre un lote salino-sódico de Monigotes, en el departamento San Cristóbal. El caso mostró cambios en la composición química y física del suelo y una evolución productiva desde un ambiente exclusivamente ganadero hacia un sistema con agricultura y mayor carga animal.
Un diagnóstico para definir el manejo de cada ambiente
Bianchini explicó que el trabajo de la consultora comienza por identificar las limitantes específicas de cada establecimiento. El servicio incluye un diagnóstico integral de las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo y la elaboración de propuestas de manejo a corto, mediano y largo plazo. “Nos especializamos en entender cuál es la problemática principal de los suelos. Nos enfocamos en entender cuál es la cuestión de fondo”, señaló.
LEÉ MÁS►Rindes estancados: las claves que mostró CREA para volver a hacer crecer el negocio agropecuario
A partir de ese diagnóstico, la firma integra distintas herramientas, entre ellas insumos con alto nivel de tecnología aplicada. Según explicó Bianchini, los nanofertilizantes son formulados con nanopartículas que buscan optimizar la eficiencia de los nutrientes y complementar el paquete de soluciones definido para cada situación.
Seis años para transformar un suelo salino-sódico en Monigotes
El trabajo comenzó en 2021 en un campo familiar que presentaba severas limitantes y estaba destinado a la ganadería. Gerlero recordó que eligieron deliberadamente un caso extremo para evaluar el funcionamiento de la tecnología.
El lote presentaba inicialmente una conductividad eléctrica elevada, un pH de 8,37 y un porcentaje de sodio intercambiable equivalente al 32% de la capacidad de intercambio catiónico. Durante seis años se realizaron muestreos georreferenciados, análisis de laboratorio, mediciones de resistencia mecánica mediante penetrometría, registros fotográficos y seguimiento con mapas de biomasa satelital.

Los datos del período 2021-2026 registraron una reducción del 67% de la conductividad eléctrica. El sodio intercambiable descendió del 32% al 15% de la capacidad de intercambio catiónico, mientras que el pH bajó de 8,37 a 7,28.
También se observaron mejoras en los niveles de materia orgánica y disponibilidad de nutrientes, junto con la desaparición de una capa compactada que restringía el desarrollo de las raíces. “En seis años, logramos pasar de un pH de 8,2 a 7,1 y bajar el sodio a la mitad”, resumió Gerlero sobre la experiencia.
Menos volumen y otra dinámica frente al yeso tradicional
La estrategia incluyó la utilización de sulfato de calcio en formulación nanométrica, además del manejo progresivo del sistema. Bianchini aclaró que el objetivo no es cuestionar la eficacia de las prácticas tradicionales, como la aplicación de yeso agrícola, sino trabajar sobre sus limitaciones operativas. “No es que lo tradicional no funcione; está comprobado que funciona muy bien; el problema es de volumen y de tiempo”, afirmó.
La diferencia, según explicó, radica en que la formulación nanométrica permite aplicar cantidades sustancialmente menores. Esto reduce requerimientos de volumen, flete y logística. “Este otro proceso es mucho más eficiente en el tiempo y mucho más eficaz en costo, en un montón de cuestiones”, sostuvo Bianchini.

El fundamento está vinculado a la posibilidad de generar reacciones con menor cantidad de producto en un suelo que ya contiene calcio, pero que, por sus condiciones químicas, no logra disponerlo adecuadamente en la solución del suelo.
Del campo ganadero a un sistema con agricultura
La corrección de las limitantes químicas fue acompañada por una planificación productiva. Para incrementar la materia orgánica se incorporaron especies adaptadas a la condición del ambiente, entre ellas el sorgo, que se sembró durante dos años consecutivos. “Para aumentar la materia orgánica, que no va a venir del aire en definitiva, necesariamente necesitamos poner especies que permitan aumentarla”, explicó Bianchini.
El lote avanzó luego hacia rotaciones con sorgo, girasol y soja. La incorporación progresiva de cultivos permitió aumentar el aporte de carbono y modificar un sistema que inicialmente tenía una utilización exclusivamente ganadera.
Los cambios también se reflejaron en la producción animal. “Históricamente en esa zona siempre la carga animal estaba en 0,5, 0,6, no pasaba de eso. Nosotros, al tener este manejo, pasamos de 0,5 a 1, a un animal por hectárea”, indicó Gerlero.

El asesoramiento, aclaró, no se limita a la aplicación de un producto. Incluye la planificación de pasturas, la definición de especies, pautas de manejo y, cuando corresponde, la articulación con otros profesionales para trabajar sobre aspectos como el plan reproductivo.
Una tecnología que también apunta a suelos de mayor aptitud
Aunque el caso de Monigotes fue elegido por sus condiciones extremas, los profesionales sostienen que la tecnología puede aplicarse también en ambientes de mayor potencial.
Bianchini consideró que existe una oportunidad para utilizar estas herramientas como parte de una estrategia de reposición y mejora de la fertilidad. “No estamos poniendo todos los nutrientes que nosotros estamos extrayendo, sea agrícola o en un tambo”, advirtió.
Según su planteo, el balance de cationes resulta negativo en la mayoría de los sistemas cuando no existe una reposición acorde con las extracciones. Por eso, señaló que esta tecnología puede utilizarse “para por lo menos reponer lo que se está llevando el cultivo de turno”.

Empezar por sectores y medir los resultados
Para Gerlero, la adopción no requiere necesariamente intervenir toda la superficie de un establecimiento. La recomendación es comenzar por los sectores improductivos o con mayores restricciones y avanzar de manera progresiva, evaluando los resultados.
“Lo que nosotros queremos proponer a los productores en general, es que se animen. No hacer todo el campo porque sabemos que por ahí no es viable hacerlo en toda la superficie, pero ir ganando superficie año tras año”, planteó.
LEÉ MÁS►Un estudio global revela los costos y beneficios de intensificar el uso de los pastizales
La propuesta puede comenzar con una parte del establecimiento y ajustarse de acuerdo con las condiciones productivas y económicas de cada empresa. “Empezar con un 10, con un 20, o ver la superficie que tienen improductiva para que pase a ser productiva”, agregó.
Gerlero destacó que Agrotech Suelos también trabaja como productor y busca acompañar la incorporación de estas prácticas con un diagnóstico y seguimiento de cada caso. “Siempre se puede hacer algo para producir más”, concluyó.
