El Concejo Municipal analiza cambios en la ordenanza para responder a un requerimiento judicial previsto para octubre. Especialistas del ámbito científico y productivo expusieron sobre tecnologías de aplicación y experiencias internacionales.
En Rafaela volvió a escena el debate sobre la aplicación de fitosanitarios, esta vez con exposiciones de especialistas vinculados a la ciencia y la producción.
Entre el lunes y el jueves últimos, el Concejo Municipal abrió una ronda de consultas con referentes del sector agropecuario, que luego dará lugar a los activistas ambientales.
La jueza Natalia Carinelli, subrogante de Primera Instancia en lo Civil y Comercial de la Segunda Nominación, emplazó a la Municipalidad a definir antes de octubre las distancias para las aplicaciones. El eje vuelve a ser el artículo 4 de la Ordenanza N° 5.331, sancionada en diciembre de 2021, que establecía un «cinturón ecológico»: prohibía aplicaciones hasta los 50 metros del límite periurbano y permitía únicamente fitosanitarios biológicos entre los 51 y 200 metros. En 2023, la Justicia anuló ese artículo por el principio precautorio y restableció la prohibición hasta los 200 metros.
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Ese punto analiza ahora el Concejo para responder al requerimiento judicial, aunque durante las exposiciones hay legisladores que no prestan real atención y se distraen con conversaciones o tareas ajenas al debate.
Lejos ya de aquel proyecto descabellado que pretendía restringir las aplicaciones hasta los 2.000 metros para dar lugar a un gran negocio inmobiliario, Rafaela logró conservar su producción agropecuaria insignia mediante buenas prácticas y sin denuncias por irregularidades en las aplicaciones.

No es un problema de metros
José Jáuregui, ingeniero agrónomo y divulgador, sostuvo que “seguimos hablando de restricciones de metros cuando el mundo ha avanzado a otro tipo de legislaciones, a boquillas antideriva, a cortinas forestales”. Para él, discutir distancias carece de sentido frente a tecnologías que reducen la deriva en más del 90%.
“Hoy tenemos toda la información, sabemos que lo importante es hacer un uso responsable, aplicar el producto en condiciones adecuadas de humedad y sin viento. Las restricciones de distancia tienen poco sentido”, afirmó.
También reclamó mayor información para la sociedad. “Solo la dosis hace al veneno. En nuestros hogares usamos insecticidas y herbicidas sin cuestionarlo, pero cuando aparece un mosquito (máquina aplicadora de fitosanitarios) en el campo se genera alarma. Falta información y también nos falta como sector comunicar mejor”.
Recordó que Argentina ocupa el puesto 31 mundial en uso de fitosanitarios por hectárea, con 5 kilos promedio; que el 75% de los productos son clase 4, los menos tóxicos; y que el uso de clase 1 prácticamente desapareció. Además, indicó que las boquillas antideriva reducen entre un 75 y un 90% la deriva y las cortinas forestales hasta un 97,9%.
“Menos relato, más datos”, resumió. Citó estudios que ubican al glifosato como banda verde y sostuvo que “se necesitan 22 veces más glifosato que cafeína para generar un riesgo tóxico”, insistiendo en que el factor determinante es la dosis.
También comparó la normativa internacional: Francia fija entre 5 y 20 metros; Alemania, 10; Dinamarca, entre 5 y 100; Italia, 30 en algunas regiones; California, 400 metros sólo para escuelas durante los días de clase; mientras Suecia y Flandes regulan la deriva sin imponer distancias fijas.
En ese contexto, afirmó que Rafaela está “en el top mundial” de restricciones y agregó que, incluso considerando fallos judiciales de otras localidades, “no hay ningún país que tenga semejantes restricciones respecto a la distancia”.
Más población, más alimentos
“Todos los cambios productivos tienen que ser graduales. La agricultura orgánica baja entre un 30 y un 40% la producción, lo que implica más tierra para alimentar a la población. Hay necesidad de utilizar estos productos para sostener el sistema de producción y poder vivir como lo hacemos”, explicó.

Jáuregui destacó que Argentina es uno de los países más avanzados en tecnología de aplicación. Remarcó que “las cortinas forestales pueden ser una buena herramienta si se quiere aumentar la contención de la deriva, reducen entre el 50 y el 90% y en condiciones óptimas llegan al 97,9%”, y aseguró que entre 150 y 200 metros ya no existe deriva cuando hay una cortina de diez metros de altura.
Marcos Delfabro, referente de Productores Unidos de Rafaela, sostuvo: “Necesitamos dejar de debatir sobre este tema, porque en la ciudad no hay conflictos reales sobre lo que se intenta plantear desde algunos sectores. Los productores debemos enfocarnos en nuestra tarea. Para eso estamos poniendo a disposición del Concejo una serie de especialistas que sólo se basan en la ciencia para demostrar de qué manera se cumple la producción de alimentos”.
También recordó: “Hace más de seis años que venimos argumentando la importancia de sostener al campo en la ciudad de Rafaela, por su impacto positivo para toda la comunidad, no sólo por la producción de materias primas y su posterior industrialización, sino por la consecuencia social, por el trabajo sostenido de muchas familias y el sustento de centenares de personas en Rafaela y la región”.
En línea con Jáuregui, sostuvo que intensificar la producción es una respuesta al crecimiento de la población y a la mayor demanda mundial de alimentos.
La definición que deberá adoptar la Municipalidad en octubre será la oportunidad para acordar con datos y evidencia. El desafío será transformar la distancia en un concepto más amplio, que contemple tecnología, comunicación y confianza social, para que Rafaela deje de ser un caso extremo y se convierta en un ejemplo de regulación inteligente.
