Beam CropTech prueba en Argentina y Estados Unidos una innovación que permite a las plantas aprovechar mejor la luz solar y rendir hasta un 25% más en escenarios de sequía y altas temperaturas. Los ensayos de 2026 marcarán el camino hacia su llegada comercial.
¿Y si un cultivo pudiera ver venir el momento de mayor sol del día y prepararse antes de que llegue? La clave está en cómo la planta gestiona la luz solar. En eso se enfocó una startup que trabaja en una AgTech que activa un compuesto fotoprotector natural antes de que la radiancia alcance su pico, generalmente al mediodía.
En lugar de reducir su rendimiento fotosintético frente al exceso de luz —como ocurre naturalmente— la planta sigue fotosintetizando y capta más energía de la que aprovecharía en condiciones normales. Podría lograrse un 25% más de rendimiento frente a sus pares en condiciones de estrés hídrico, altas temperaturas o suelos marginales.
Beam CropTech desarrolla tecnología para optimizar el proceso de fotosíntesis en cultivos extensivos y atraviesa un 2026 clave. La compañía espera concretar dos ensayos a campo que funcionarán como termómetro de su avance hacia el mercado.
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Valeria Arredondo, doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y CEO y cofundadora de la empresa, repasó el presente y el horizonte de la firma. «Para este 2026 tenemos la expectativa de concretar dos ensayos», señaló.

Uno de ellos, en maíz, ya fue plantado en Marshall, Missouri, mientras que la gran expectativa pasa por el ensayo en soja en Argentina, en sociedad con una semillera nacional, su primer cliente. «Son dos ensayos chiquitos que servirán de indicador para saber si vamos por el buen camino. La gran validación será posiblemente en el 2027», anticipó a AIRE Agro.
Cómo funciona la tecnología que permite a las plantas aprovechar mejor la luz solar
El nombre de la empresa no es casual. «Beam CropTech tiene ese nombre porque refleja lo que es el haz de luz solar que le llega a los cultivos. Es el haz de luz transformado en tecnología para las crops, para los cultivos extensivos, porque lo que hacemos es mejorar el proceso de fotosíntesis», detalló la CEO.
La tecnología, inventada por su socio y cofundador Carlos Croco, activa un compuesto fotoprotector natural de la planta antes de que la radiancia alcance su pico, generalmente al mediodía. De esta manera, en lugar de reducir su rendimiento fotosintético frente al exceso de luz, la planta continúa fotosintetizando de manera positiva y capta más energía de la que normalmente aprovecharía.
Ese excedente energético se traduce en resultados concretos. «En condiciones de normalidad nuestras plantas crecen entre un 10% y un 16% más, pero cuando hay estrés hídrico, presencia de un patógeno, altísima radiancia o condiciones de secano, nuestras plantas performan un 25% mejor que las plantas de control», explicó Arredondo.

Esta diferencia no solo implica mayor productividad, sino también la posibilidad de ampliar la frontera agrícola hacia tierras hoy consideradas marginales.
Los ensayos en soja y maíz que definirán el futuro de Beam CropTech
El modelo de negocio de Beam es exclusivamente B2B (Business-to-Business, esquema en el que una empresa vende productos o servicios a otras empresas, en lugar de al consumidor final). La compañía no trabaja directamente con el productor, sino con las empresas semilleras que incorporan la tecnología en su germoplasma y la distribuyen a escala global. «Tendremos a lo sumo una cartera de 15 o 20 clientes», precisó.
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Respecto del estado de desarrollo, Arredondo distinguió los avances según cada cultivo. En soja está más adelantado y este año saldrán a campo en Argentina, lo que la CEO definió como «una gran validación de la tecnología». En maíz, la compañía ya salió a campo hace tres semanas en Estados Unidos, y al menos dos empresas firmaron un acuerdo de confidencialidad para evaluar el ensayo con miras a adoptar la tecnología en sus propias líneas.
«No estamos tan al principio, esto tiene 13 años de investigación aplicada de mi socio más los 6 años que tenemos como empresa de escalado de la tecnología. Ahora estamos a más o menos dos años de poder llegar literalmente al mercado, que significa estar con la tecnología en manos del farmer, del productor agrícola«, sostuvo.

Aun así, prefirió la cautela: «Estamos más cerca del final que del principio, pero no hay que cantar victoria porque en biología todo es validación».
La apuesta por una mejora genética sin transgénicos para acelerar su llegada al mercado
Un dato que la propia Arredondo calificó de primicia tiene que ver con el camino regulatorio de la tecnología. Aunque en sus inicios la empresa pensaba avanzar con un desarrollo transgénico, los resultados de invernadero mostraron que el mismo efecto puede lograrse de manera cisgénica.
«No es edición génica, es cisgénesis, no introducimos nada ajeno a la planta, sino que trabajamos con promotores, genes y terminadores de la misma especie. Es una transformación que podría haber hecho la naturaleza sola», explicó.
En ese sentido, agregó que ese matiz no es menor ya que implica que la tecnología podría ser considerada convencional en los mercados, evitando un proceso regulatorio extenso y costoso, en un terreno donde, según Arredondo, «la regulación internacional es un negocio de pocos jugadores».
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En materia de equipo, la empresa lidera dos frentes: el científico, a cargo de Croco, con vínculos con el M54 Lab y la próxima apertura de un laboratorio en la Facultad de Agronomía de la UBA, y el de negocios, bajo la órbita de Arredondo, las funciones de contaduría y asesoría legal.
La protección de la propiedad intelectual es un eje central: la compañía ya cuenta con una patente concedida, otra solicitada en Argentina, una provisional en Estados Unidos y cuatro más en proceso de presentación.

Del laboratorio al campo: el plan de Beam CropTech para escalar su tecnología a nivel global
El recorrido de inversión también tuvo un signo particular. A diferencia de otras startups, Beam consiguió a su primer cliente antes de recibir inversión. Cerró un acuerdo en 2023, año en que SF500 realizó el primer aporte de capital. Al año siguiente se sumó el grupo español Camigin Investment, que duplicó la valuación de la empresa, y en 2025 ingresó Inventure, un fideicomiso rosarino, mediante un Safe (Simple Agreement for Future Equity, un acuerdo Simple para Futura Participación Accionaria). Actualmente, la compañía negocia un term sheet con Cite/CIT de Sunchales.
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Arredondo también destacó el rol de los programas de aceleración en el desarrollo de la empresa, desde Incubagro —en la Facultad de Agronomía y la Bolsa de Comercio de Rosario— hasta instancias internacionales como Brain Chile, además de su participación actual en Grow New York y su paso como finalista en el MassChallenge de Suiza.
De cara a lo que viene, Beam proyecta iniciar el trabajo de introgresión de su tecnología en las líneas de las semilleras y avanzar más allá de maíz y soja, los cultivos en los que trabaja actualmente. La demanda de otros sectores ya asoma en el horizonte: remolacha azucarera, caña de azúcar, trigo, vid y tomate aparecen como próximos destinos posibles para una tecnología que, según su creadora, podría aportar a «una democratización de la mejora genética» en un mercado históricamente concentrado en pocos jugadores.
