El Índice FADA de junio marcó que el Estado absorbe el 61,9% de la renta agrícola. Mientras el trigo recibió un alivio por mejores precios y menor retención, el aumento de la urea y los fletes volvió a complicar la ecuación productiva, especialmente para el maíz.
La participación del Estado sobre la renta agrícola continúa en niveles elevados y sigue condicionando la rentabilidad de los productores, en un contexto donde el trigo encuentra cierto respiro por la mejora de los precios y la reducción de los derechos de exportación (retenciones), aunque todavía enfrenta costos elevados. Al mismo tiempo, el maíz muestra un escenario más ajustado por el encarecimiento de insumos estratégicos y del transporte, reforzando el peso que tienen los impuestos y los costos sobre la actividad.
El Estado mantiene una fuerte participación sobre la renta agrícola
El Índice FADA correspondiente a junio de 2026 ubicó en 61,9% la participación del Estado sobre la renta agrícola. En términos prácticos, significa que de cada $100 generados por el sector, $61,9 se destinan al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales.
Aunque el indicador descendió levemente respecto del 62,5% registrado en marzo, la presión tributaria continúa siendo significativa. Desde la entidad señalaron que “el trigo y girasol se beneficiaron por subas de precio” y que en el caso del cereal también incidió “la baja de retenciones”, aunque remarcaron que el comportamiento no fue uniforme entre los cultivos.
La distribución de la renta restante muestra que, luego de afrontar los costos de producción, el 61,9% corresponde a impuestos, el 29,7% al pago de alquileres de la tierra y apenas el 8,5% constituye la ganancia del productor.

Cómo se reparte la carga impositiva y las diferencias entre provincias
Dentro del total de impuestos que afronta una hectárea agrícola, el 56,7% corresponde a tributos nacionales no coparticipables, principalmente derechos de exportación e impuesto sobre los créditos y débitos bancarios. Los impuestos nacionales coparticipables representan el 32,9%, mientras que los provinciales explican el 9,3% y los municipales el 1,1%.
Desde FADA destacaron que “la mayor parte de los impuestos corresponden a nacionales no coparticipables”, por lo que esos recursos “salen de las regiones productivas y no vuelven de manera directa a las provincias donde se generan”.
Las diferencias regionales también son marcadas. Entre Ríos registró el índice más elevado con 65,5%, seguida por Córdoba con 60,2%, Buenos Aires con 59%, La Pampa con 58,9%, San Luis con 58,2% y Santa Fe con 55,6%. Según el informe, estas variaciones responden a la incidencia de los costos productivos, el peso de los fletes y la estructura tributaria provincial y municipal.
Por cultivo, la participación estatal alcanzó el 73,6% en trigo, 68,1% en girasol, 61,7% en soja y 59% en maíz.
El trigo mejora por precio y retenciones, pero los costos siguen condicionando
El trigo mostró una evolución más favorable que otros cultivos durante el trimestre. Su precio aumentó 15,5% respecto de marzo y quedó 6,8% por encima del registrado un año atrás. A esto se sumó la reducción de la alícuota de derechos de exportación, que pasó del 7,5% al 5,5%.

Para FADA, “la combinación de mejores precios y la baja de retenciones ayudó a los números del trigo”, aunque advirtió que “los costos todavía siguen teniendo un peso importante”.
La mejora permitió reducir considerablemente la presión medida sobre este cultivo frente al 104,4% que había registrado en marzo, aunque sigue siendo el de mayor carga tributaria dentro de los principales granos analizados.
El maíz acusa el impacto de los insumos y del transporte
El panorama fue diferente para el maíz. Su cotización apenas avanzó 1,2% respecto del trimestre anterior, mientras que el incremento de los costos terminó deteriorando la relación económica del cultivo.
Uno de los factores de mayor incidencia fue el transporte. Los fletes aumentaron 26% frente a marzo y acumularon una suba interanual del 37,3%, afectando especialmente a las zonas más alejadas de los puertos.
Según la economista jefe de FADA, “los aumentos en transporte afectan especialmente a las provincias más alejadas de los puertos”. En Córdoba, San Luis y La Pampa, dos de cada diez camiones de maíz producidos se destinan únicamente a cubrir ese costo logístico.
La urea sigue encareciendo la producción
El precio de la urea continúa siendo uno de los principales focos de preocupación para los productores. El fertilizante acumuló un incremento del 48% en lo que va del año, impulsado por las consecuencias de la guerra en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
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El impacto también se refleja en la relación entre producción e insumos. Actualmente se necesitan cuatro toneladas de maíz para adquirir una tonelada de urea, mientras que para el trigo se requieren 3,4 toneladas.
