La Red de Manejo de Plagas de Aapresid advirtió que las condiciones ambientales de las últimas semanas generan un escenario favorable para la enfermedad, sobre todo en maíces tardíos. El organismo recomendó reforzar el monitoreo y ajustar el manejo integrado para evitar pérdidas de rendimiento.
La sucesión de lluvias, la elevada humedad y las noches frescas comenzaron a encender alertas en los lotes de maíz. En ese contexto, la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid advirtió que la campaña presenta condiciones predisponentes para el avance de la mancha blanca, una enfermedad que en los últimos años ganó presencia en distintas regiones maiceras y que puede comprometer el potencial de rinde si no se detecta y maneja a tiempo.
Desde la entidad señalaron que “las condiciones de lluvias y humedad de las últimas semanas son el caldo de cultivo ideal para la mancha blanca del maíz”, especialmente en planteos tardíos donde el ambiente acompaña el desarrollo del patógeno.
Qué es la mancha blanca y por qué preocupa
Según explicó la REM, la mancha blanca es una enfermedad de comportamiento complejo debido a “la alta variabilidad en su expresión a campo y la dificultad para predecir su dinámica”. Tradicionalmente se la vinculó a los hongos Phaeosphaeria maydis o Phoma maydis, aunque investigaciones recientes también identifican a la bacteria Pantoea ananatis como agente principal involucrado en el proceso.
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El desarrollo de la enfermedad está estrechamente asociado a ambientes húmedos. La REM indicó que los cuadros avanzan con humedad relativa superior al 60%, lluvias recurrentes, temperaturas moderadas de entre 15 y 20°C, noches frescas y períodos prolongados de mojado foliar.
Además, los rastrojos de maíz y las malezas pueden actuar como reservorio de inóculo, mientras que el viento y el salpicado de las lluvias favorecen la dispersión dentro del lote.
Cómo reconocer los síntomas en el lote
Los primeros síntomas aparecen como pequeñas manchas blanquecinas sobre las hojas. Con el avance de la enfermedad, esas lesiones evolucionan hacia áreas blanco grisáceas rodeadas por un halo oscuro.

Desde la REM detallaron que, a medida que progresa, las lesiones “pueden coalescer, generando áreas extensas de tejido afectado”. La enfermedad suele comenzar en las hojas inferiores y avanzar desde el ápice hacia la base hasta alcanzar rápidamente las hojas superiores.
Aunque históricamente la mancha blanca se observaba hacia el final del ciclo del cultivo, en las últimas campañas comenzó a detectarse en estadios reproductivos tempranos, con una evolución acelerada cuando las condiciones ambientales son favorables.
El impacto sobre el rendimiento
La preocupación agronómica se centra en el daño que provoca sobre el área fotosintética del cultivo. La REM remarcó que “niveles elevados de severidad comprometen la fotosíntesis, afectando el llenado de granos y el rendimiento”.
El impacto final depende de varios factores: la susceptibilidad del híbrido, el momento de infección y las condiciones ambientales posteriores. Las infecciones tempranas y progresivas son las de mayor riesgo, sobre todo cuando coinciden con etapas críticas como floración y llenado de granos.
Manejo integrado: genética, monitoreo y decisiones ajustadas
Frente a este escenario, la REM insistió en que el manejo debe ser integral y anticipado. Una de las primeras herramientas es la elección del híbrido, ya que, aunque no existen materiales totalmente resistentes, sí hay diferencias importantes de comportamiento sanitario entre genéticas.
La entidad destacó que “el monitoreo sistemático del cultivo es clave, especialmente en campañas como la actual”. Detectar la enfermedad en estadios iniciales permite seguir su evolución y definir intervenciones más precisas.
Entre las prácticas complementarias, recomendaron anticipar fechas de siembra para evitar que los períodos de mayor susceptibilidad coincidan con ambientes favorables a la enfermedad. También sugirieron sembrar sobre lotes sin rastrojos de maíz y sostener una nutrición balanceada, evitando excesos de nitrógeno.
Fungicidas: cuándo aplicarlos y qué mirar
Respecto del control químico, desde la REM indicaron que la decisión de aplicar fungicidas debe surgir de una evaluación integral del lote, contemplando severidad, potencial de rendimiento y condiciones predisponentes.
En general, las estrategias incluyen mezclas de estrobilurinas con triazoles o carboxamidas, adaptadas a cada situación productiva.
El momento de aplicación aparece como un punto crítico. La entidad advirtió que “se debe tener precaución con aplicaciones muy tempranas (antes de V8), ya que la enfermedad suele intensificarse luego del panojamiento”.
Una campaña donde anticiparse será clave
Con pronósticos y condiciones ambientales que mantienen a la humedad como protagonista, la REM consideró que la campaña exige una lectura más fina del ambiente y del comportamiento sanitario de cada lote.
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“Anticiparse resulta más efectivo que reaccionar tarde”, resumieron desde la entidad. En esa línea, remarcaron que la combinación de genética, monitoreo y manejo agronómico ajustado será determinante para reducir el impacto de la enfermedad en una campaña donde la mancha blanca encuentra condiciones ideales para expandirse.
