Los últimos días volvieron a poner en riesgo a la producción lechera, además de la agrícola, en el centro-oeste de la provincia, donde las obras hidráulicas siguen ausentes. Los productores de la región hablan de caídas en la producción que van del 10 al 20% en estas últimas dos semanas.
Claro que las imágenes no se asemejan en nada a aquel abril de 2007, cuando el Departamento Castellanos se tapó de agua. Tampoco a un par de años más tarde, ni a muchos momentos de 2015, 2016 o 2017, cuando las últimas inundaciones le quitaban el sueño al campo y a las ciudades.
Después de una Semana Santa que quedará en el recuerdo de muchos, la lechería muestra el impacto de las últimas lluvias, pero también de los días de agobio de finales de marzo.
Luego de una semana de temperaturas por sobre los 34 grados, con porcentajes de humedad que llevaron las sensaciones térmicas cercanas a los 40 grados —con más intensidad que en el propio verano—, llegaron cinco días de precipitaciones, con unos 200 milímetros acumulados en promedio.
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Toda esta combinación pone una vez más a prueba a los productores de la región, agobiados por la falta de infraestructura, por la suba de costos, pero sobre todo por la sensación de un eterno volver a comenzar.
Una pileta natural
Es entre Coronel Fraga y Vila, bien al oeste del departamento, donde el agua vuelve a fundirse con el cielo. Son muchos los campos tapados de agua, que no escurren, que van a demandar muchos más días para evaporarse y que pueden llevarse, con su persistencia, la producción agrícola de granos, pero también de pasturas.
Sin mantenimiento de los canales y cursos naturales de agua, no hay escurrimiento posible.
Es el Canal Vila —que llevó años de reclamos, pero también muchos mandatos para conseguir una obra más o menos adaptada a las necesidades— el que no registra movimiento en el agua. Venimos de una sucesión de años en los que primero hubo lluvias por encima del promedio, después de tres años de sequía, pero sin ningún tipo de intervención de maquinaria que remueva malezas o mejore la caída natural; por eso no se logra destapar la “pileta natural” que se forma casi en el límite con la provincia de Córdoba.

A pocos kilómetros de la Ruta 70 se pueden ver los caminos colapsados y los lotes cubiertos de agua, que con los días van arrasando los cultivos y donde la humedad abunda, aunque no siempre con anegamientos visibles, poniendo en riesgo los rendimientos.
Incluso los canales menores están en iguales condiciones, con agua estancada. Esto se da en mayor medida en las cunetas de rutas y caminos centrales, porque en los caminos rurales no existe espacio para desagotar los campos.
En el ingreso a Estación Roca se puede ver uno de los carteles que demuestran que las intenciones llegan tarde. Algo caído, el anuncio no tiene fecha de inicio, pero sí habla de diez meses de plazo. Sin embargo, la Resolución 1.721 es de 2024 y, desde ese momento hasta ahora, los productores dicen no haber visto movimientos en el Canal Bajo Roca, donde está a cargo el Comité de Cuenca Cañadas Las Calaveras–Las Penquitas, con una contraprestación de más de 106 millones de pesos por la tarea.
Eso sí: religiosamente se cobran el Impuesto Inmobiliario Rural, las tasas de canalización y la tasa por hectárea, aunque las contraprestaciones no estén a la vista.
Otro canal que espera
El otro caso al que hay que prestarle atención es el Bajo Peretti, una obra que se confirmó sobre el final del gobierno anterior y que se inició en la gestión actual. Hace más de un año, la versión oficial hablaba de un avance del 80%; sin embargo, hace unos días el propio ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, ya con la lluvia sobre el campo, explicó que los avances son del 70%.
“La obra contempla 24 kilómetros de canalización y la construcción de 34 alcantarillas para mejorar la evacuación de excedentes hídricos y fortalecer la infraestructura productiva en el sector este de Castellanos. Con esta intervención buscamos optimizar el drenaje hídrico en Rafaela y beneficiar a las localidades de Susana, Villa San José, Presidente Roca y Saguier”, constan en el reciente parte oficial las declaraciones de Enrico.
Este curso de agua, que cruza por debajo de la Ruta Nacional 34, al sur de la ciudad de Rafaela y que desemboca en el Canal Sur, aguarda sus etapas clave, que dependen del impulso de un otoño que promete más agua.
¿Y los tambos?
Desde hace dos semanas, la inestabilidad del clima hace que la situación en los tambos sea compleja.
Viniendo de jornadas en las que la vacunación antiaftosa —que se desarrolla en estas semanas— ya afectaba la productividad y el bienestar en todas las categorías, el complemento con días de altas temperaturas y mucha humedad generó una baja productiva que suma un nuevo factor de impacto.
Todo el manejo en las unidades productivas tuvo que modificarse para evitar que los animales permanezcan en el agua durante casi cinco jornadas completas de lluvias, en plena Semana Santa. Esto afectó el bienestar y la salud de los rodeos: aun cuando los anegamientos sean temporarios, alcanzan para impactar en el recuento de litros. El cuadro se complicó aún más con dos jornadas adicionales de precipitaciones, de menor intensidad, pero que empeoraron el barro en callejones y lotes.
Según los productores, la primera estrategia fue trasladar el rodeo a las zonas más altas de los campos, generalmente cercanas a la sala de ordeño y al corral de espera.
Claro que es difícil evitar el barro y el cansancio que esta dinámica supone para los animales, por lo que la baja productiva es inevitable, además de registrarse cambios en las dietas y en la alimentación.
Los productores de la región hablan de caídas en la producción que van del 10 al 20% en estas últimas dos semanas. A esto se suma una mayor mortandad en la crianza de terneros, sobre todo por diarreas, en el momento del año con mayor cantidad de pariciones.
La caída productiva podría incrementarse aún más con la persistencia del barro y las complicaciones incluso en el pastoreo.
Lo que ocurre fuera de los campos afecta inevitablemente todo tranqueras adentro, donde también se ponen en riesgo la maquinaria, la infraestructura y la tecnología.
Estas situaciones se reflejan en una imagen repetida: tractores cargando tráileres con tanques plásticos e incluso tachos de leche hasta el arenado, el ripio o la ruta más cercana, para no perder la materia prima y poder transferirla a los camiones, que deben alterar horarios y recorridos.
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Ahora comienza la recuperación de rutinas y caminos, con la convicción de no poder controlar las variables de la naturaleza, pero sí de tener que exigir condiciones de infraestructura a quienes administran organismos y espacios de gobierno que tienen obligaciones con las comunidades y los ciudadanos. Porque la lechería santafesina no puede seguir corriendo el riesgo de perder competitividad por problemas propios de otros tiempos.
