Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Cuando hablamos de la necesidad de emprender una “batalla cultural”, nos referimos no solo al ámbito político e informativo, sino también al terreno conceptual y simbólico, que es tan importante como el orden fáctico.
Las autoridades de la Unión Europea están preparando el terreno para bloquear el ingreso de biodiésel elaborado con aceite de soja, al considerar —sin fundamentos sólidos— que la oleaginosa es sembrada en tierras con elevadas reservas de carbono.
La Argentina exporta biodiésel a la UE-27 en el marco de un acuerdo de precios mínimos y cantidades máximas. Pero parece que no es suficiente. Ahora quieren interrumpir el ingreso del producto de manera directa.
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El problema es el fundamento que esgrimen para justificar tal acción, el cual señala, de manera impropia, que los sudamericanos estamos haciendo algo malo en términos ambientales y que, por tal motivo, debemos ser castigados. Ojalá los europeos pusieran el mismo ahínco para calcular la huella de carbono de la guerra ruso-ucraniana.
A comienzos de 2018, durante la primera presidencia de Donald Trump, se aplicaron derechos antidumping y compensatorios contra el biodiésel argentino, los cuales hicieron inviable la exportación de ese biocombustible hacia EE. UU.
Esa imposición, que se mantiene hasta la actualidad, es completamente honesta, como corresponde a un líder que es faro de la libertad en el mundo, ya que se aplica para defender a la industria local de otras que son más competitivas y pretenden abusar de su posición. El famoso “ajuste reparatorio”.
Los europeos deberían seguir el ejemplo de los estadounidenses —en esto y en muchos otros aspectos, claro—, ya que resulta por demás aburrido y desconcertante leer restricciones arancelarias disfrazadas de regulaciones ambientales.
Aplicar un bloqueo comercial sustentado en el argumento de que la soja es un producto dañino implica bastardear una de las insignias del Mercosur en materia de generación de riqueza, desarrollo y empleo. Sería mucho más transparente y sensato instrumentar la medida con el entendible propósito de proteger su industria de biodiésel.
El problema de los europeos es que son demasiado orgullosos. EE. UU. reconoce que en soja son “chotos” en comparación con los países integrantes del Mercosur. Pero no nos tiran tierra encima al momento de perjudicarnos. Simplemente reconocen que, como no pueden competir, nos sacan del partido.
Los europeos, que ni siquiera califican como “chotos” —porque son directamente inviables—, deberían hacer lo mismo que EE. UU., pero ya no pueden, porque acaban de firmar un Tratado de Libre Comercio con el Mercosur. Así que deben buscar alguna alternativa para neutralizar el ingreso de productos agroindustriales sudamericanos sin que esto afecte su engrosado ego.
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Así que, si alguien va a impedir que le exportemos algo, lo menos que puede hacer es evitar herir nuestro orgullo con declamaciones infundadas. La dignidad ante todo. Enhorabuena, la Argentina se alineó con EE. UU., nación que respeta nuestra dignidad. No nos dejemos mancillar. ¡Viva la libertad, carajo!

