Investigadores argentinos desarrollan harinas proteicas a partir de insectos como alternativa sustentable para la alimentación animal. Buscan reducir costos, aprovechar residuos y abrir nuevas oportunidades productivas en el campo, aunque aún enfrentan desafíos técnicos y regulatorios.
Saltamontes, moscas y grillos. Estos son los ingredientes de una dieta rica en proteínas que busca insertarse en la nutrición animal. Las investigaciones son realizadas por un equipo interdisciplinario del CONICET, el INTA y el SENASA en la Patagonia y en la provincia de Buenos Aires. Apuestan a expandirse por el país, con la posibilidad de que los propios productores generen con insectos el alimento para su ganado.
“En otros países existe un consumo ancestral de insectos, como los chapulines de México. Estos podrían utilizarse como fuente proteica para alimentar animales, en reemplazo de la soja o la harina de pescado, que tienen altos costos económicos y ambientales”, explicó a AIRE Agro la especialista del Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias Bariloche (IFAB, INTA-Conicet) e integrante del grupo ESTePA, Valeria Fernández Arhex.
Hoy, pese a la evidencia científica sobre su calidad nutricional, el uso de harinas de este origen está habilitado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para animales monogástricos —aves, cerdos y peces—, pero no para rumiantes. Además, únicamente están reguladas algunas especies de cría.
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Mosca soldado negra: una proteína alternativa que gana terreno
La idea de trabajar con insectos como fuentes alternativas de proteína nació hace más de 10 años, durante un muestreo de tucuras (saltamontes) consideradas plaga en campos de comunidades mapuches de Ruca Choroy, en el sudoeste de Neuquén.
Las tucuras son insectos herbívoros nativos que, en estallidos poblacionales, se vuelven plaga y consumen recursos forrajeros para el ganado. “Son muy voraces y generan fuertes daños en las comunidades. La especie conocida como tucura sapo, por ejemplo, además de comerse los cultivos, obliga a la gente a mudarse por semanas para fumigar las casas”, señaló Fernández Arhex.

“Durante el trabajo de campo, un productor nos contó que tenía una alta densidad de tucuras —en ese caso encontramos unas 70 por metro cuadrado— y nos preguntó si esa especie podía usarse como fuente nutricional”, recordó. “La idea era buena”, reconoció. Desde entonces, trabajan en esa línea, aunque, ante la dificultad de hacerlo con animales silvestres, comenzaron con insectos de criadero.
Los primeros estudios in vivo del equipo —pioneros a nivel mundial— evaluaron el uso de harina de mosca soldado negra en la dieta de corderos, junto con el grupo de Sistema de Alimentación, Producción y Bienestar Animal (SAPBA), especializado en nutrición de rumiantes. La elección respondió a una cuestión metodológica: para evaluar el impacto en rumiantes se necesitaba una gran cantidad de ejemplares y, en ese momento, no contaban con una colecta masiva en el campo.
El ensayo se realizó en conjunto con la empresa Procens, dedicada a criar mosca soldado negro en el país, y aportó unos 70 kilos de harina al proyecto. “A partir de ese material, analizamos la calidad nutricional y encontramos una proporción considerable de proteína bruta. Cuando comparamos su desempeño con una dieta a base de soja, no registramos diferencias significativas”, indicó.
Actualmente, avanzan en una nueva etapa centrada en la calidad de la carne de los corderos alimentados con ambas dietas. El estudio plantea que la harina de larva de mosca soldado negro podría funcionar como una alternativa viable al expeller de soja en sistemas ovinos.
Otra línea de trabajo se enfoca en grillos alimentados con desechos frutihortícolas de la Patagonia y la provincia de Buenos Aires, destinados a producir una harina proteica para la alimentación animal. “La idea es que los pequeños productores puedan alimentar a los insectos con sus desechos y generar una fuente proteica para animales monogástricos, sin tener que gastar en soja”, explicó.

Tucuras: de plaga a alimento para animales
Luego, también lograron avanzar con los estudios sobre las tucuras. Junto con el Instituto de Alimentos ICyTESAS (INTA-CONICET), analizaron la calidad nutricional de dos especies plaga en la Patagonia: la tucura de alas manchadas y la tucura sapo, presente en Río Negro, Chubut y Santa Cruz, que no vuela. En años de estallido poblacional —que suelen repetirse cada tres años— registraron densidades de 150 o más insectos por metro cuadrado en la estepa patagónica.
El trabajo se desarrolló junto con agencias del INTA en Esquel y El Maitén, Chubut, y con SENASA, e integró a la comunidad Mapuche-Tehuelche de Cushamen. “Generamos la harina y, al evaluar la calidad, encontramos valores de entre 70 y 75 % de proteína”, destacó la investigadora.
La harina de tucura sapo fue enviada al INTI Mar del Plata, donde formularon un alimento balanceado para truchas. Luego, junto con el Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (Conicet-Universidad Nacional del Comahue), realizaron ensayos con juveniles de trucha arcoíris.
El ensayo consistió en suministrar un alimento control —con harina de pescado como fuente proteica— y dos dietas con 25% y 50% de harina de insectos. Las truchas consumieron las tres opciones por igual, lo que evidenció buena palatabilidad y aceptación. Además, crecieron más con las dietas que incluían harina de insectos.

Antes de ese ensayo, el equipo había evaluado la harina de insectos en alevinos de trucha, en comparación con un alimento balanceado como control. En ese caso, la aceptación también fue buena y el crecimiento resultó similar. “Los alevinos la aceptaron muy bien y crecieron igual que con el balanceado utilizado como control, pero presentaron una coloración más rojiza que los del grupo testigo”, añadió.
Para Fernández Arhex, una de las claves está en el origen de estos insectos. “Como no son de cría, no consumen alimento balanceado, sino que se alimentan en el campo. Su dieta es natural, con nutrientes de buena calidad, y eso les aporta una composición nutricional más rica”, explicó.
Un dispositivo para capturar insectos en el campo
Capturar grandes cantidades de tucuras en el campo sigue siendo uno de los principales desafíos para producir harina a escala. Hasta ahora, el equipo trabajó con métodos manuales, pero comenzó a desarrollar una alternativa más simple para los productores. “Para nuestras investigaciones, las recolectamos con redes a mano. Pero el productor requiere una técnica más simple”, explicó Fernández Arhex.
Junto con la cooperativa Cosertec, de El Hoyo, diseñaron un dispositivo similar a una motomochila que, en pocos minutos, pasa del sistema de pulverización a un modo aspiradora para capturar tucuras. “Ya lo probamos este año. Las capturamos y caen vivas en recipientes, dentro de una bolsa. Luego se las mata por frío, se las seca y se elabora la harina”, detalló.
El prototipo fue pensado para usar en viviendas y zonas cercanas. “Queríamos darles una solución a los productores para evitar el uso de agroquímicos y que, en cambio, puedan capturarlas y utilizarlas para alimentar a sus animales, por ejemplo aves de corral”, indicó.
Insectos para alimentar ganado: qué dice la normativa actual
Las tucuras no están habilitadas por el SENASA para consumo animal. Hasta ahora, el organismo solo autorizó especies de cría, no las que podrían capturarse en el campo durante picos poblacionales. “Si se aprobaran, también podrían ser fuentes proteicas para vacas y ovejas”, señaló la investigadora. En el caso de las larvas de mosca soldado negra y los grillos, sería necesario desarrollar sistemas de cría masiva en condiciones controladas.
La aprobación para su uso en rumiantes todavía parece lejana, aunque existen antecedentes que podrían abrir esa discusión. En la Unión Europea, por ejemplo, su uso está limitado por las restricciones derivadas de la “vaca loca”. Sin embargo, en la Argentina esa enfermedad no está presente y hay estudios que indican que el prión no se transmite por insectos. “Los países asiáticos están más avanzados en este tema. China, por ejemplo, ya lo tiene habilitado para todos los usos”, indicó.
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Con vistas a ampliar el marco legal, Fernández Arhex prevé reunirse en las próximas semanas con autoridades del organismo sanitario para analizar la posible habilitación de estos insectos plaga para su consumo en rumiantes. El siguiente desafío es incorporarlos a la dieta humana, como ya sucede en países de América Latina y Europa.
En ese sentido, explicó que en la Unión Europea ya está habilitado el consumo humano de harinas de insectos, que se utilizan para elaborar panes, pastas y otros alimentos con buen aporte proteico. “En Europa, por ejemplo, hay barritas proteicas de grillo y helados con harina de grillo. También en México. Entonces, en un momento dado queremos que en la Argentina se abra el consumo humano”, afirmó.
