Al cabo de 9 años, Julián y Lucila Imhoff consolidaron un sistema que hoy ordeña 385 vacas y alcanzó un nivel productivo que consideraban «medio utópico”. La estrategia combinó eficiencia, reinversión, mejora de instalaciones y un equipo de trabajo que convirtió el crecimiento en un objetivo propio.
Nueve años después de poner en marcha un tambo desde cero con apenas 15 vacas, Julián Imhoff y su hermana Lucila alcanzaron por primera vez los 10.000 litros diarios en Gessler, departamento San Jerónimo. El dato marca un hito para una empresa que creció en una actividad atravesada por ciclos de precios y costos, y que sostuvo su expansión a partir de la eficiencia productiva, la reinversión y el trabajo de un equipo que terminó haciendo propio ese objetivo.
Julián, quien al momento de plantar el tambo tenía 25 años, es ingeniero agrónomo y Lucila, veterinaria. En 2015 asumieron la administración del establecimiento familiar El Día, un campo dedicado a la cría vacuna al que debían sacar del estancamiento. Entonces decidieron cambiar el planteo hacia la lechería, en busca de un esquema con mayor factuación. En 2018 liquidaron el rodeo de cría y pusieron en marcha un tambo desde cero.
Esta semana, el más chicos de los hermanos mostró en sus redes sociales los dos tíckets del retiro diario de la leche: uno por 5.048 litros y el otro por 4.973. «9 años después, gracias al esfuerzo y dedicacion de un gran equipo, el 0 se convierte en 10.000 Its de leche/dia«, escribió. Aquellas 15 pioneras con el tiempo crecieron hasta las 385 vacas en ordeñe actuales, con una producción promedio de 27 litros por animal, bajo un sistema pastoril combinado con silo de autoconsumo. Las 12 bajadas iniciales del tambo se ampliaron a 16.
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Un crecimiento construido paso a paso
En diálogo con AIRE Agro, Julián relató que el primer año llegaron a ordeñar entre 120 y 130 vacas, entre animales recriados en el propio establecimiento y otros comprados al parir. «Después, fuimos apostando de a poquito; mis hermanos, cada uno tenía algo de de plata y dijeron ‘bueno, compramos animales y los ponemos en alquiler en la empresa.’” El crecimiento también se sostuvo con la reinversión de los resultados del tambo y de la agricultura, que realizan sobre campos alquilados.
Para Imhoff, la participación en un grupo CREA fue otra herramienta decisiva. La posibilidad de comparar resultados y analizar el negocio con otros productores les permitió dimensionar el potencial de la actividad y pensar una estrategia de crecimiento para el establecimiento familiar. “Nos llevó a ver un poco el negocio, a compararnos con pares y entender que que en el campo de la familia podíamos generar volumen de facturación…”

Desde el comienzo también definieron prioridades productivas. «Sabíamos por dónde queríamos ir, que teníamos que trabajar fuerte en la producción de pasto, en la eficiencia del sistema”, definió.
Esa mirada se trasladó a las decisiones cotidianas, desde la alimentación hasta la genética. “Son decisiones que uno va tomando en el día a día en todos los rubros, como tratar de sembrar un buen maíz, hacer un buen silaje, inseminar con un buen semen”, explicó.

Inversiones y un equipo detrás de los 10.000 litros
El aumento del rodeo estuvo acompañado por inversiones permanentes. Ampliaron la capacidad de frío y la fosa, incorporaron techo y aspersión en el corral de espera y mejoraron las condiciones de confort animal. “Quien esté en la producción sabe que todos los años hay que invertir un poco más en en confort animal, en instalaciones”, señaló Imhoff.
El equipo del tambo está integrado por cinco personas, con el apoyo de la pareja de uno de los trabajadores para cubrir los francos. A ellos se suman dos empleados dedicados a agricultura y recría. Para Imhoff, la gestión del personal es una parte central del sistema porque los propietarios definen la estrategia y los trabajadores la convierten en acciones concretas. “Vamos de la mano: quien ejecuta las tareas todos los días y lleva a la acción lo que uno pretende que pase con la producción es la gente que trabaja en el tambo”, resaltó.

Ese compromiso también hizo posible alcanzar el hito productivo. “Lo charlaba con los chicos que están hoy al cargo del tambo y estaban tan contentos ellos como nosotros, porque ellos hace 1 año que llegaron y dijeron, ‘Bueno, vamos a llegar a los 10 000 litros’ Y con mi hermana nos miramos y dijimos, ‘Mira, son ambiciosos.'»
El clima también acompañó el momento del logro, con un invierno benigno y buenas condiciones para los animales, aunque ahora esperan por una lluvia. “Climáticamente venimos con un invierno bastante benigno, hace un tiempito que no llueve y ahora haría falta agua, pero la vaca está confortable, hay buenas condiciones”, describió.
Por eso, aunque los 10.000 litros son un dato productivo, para los hermanos representan también la concreción de un objetivo que años atrás parecía difícil de alcanzar. “Las cosas por algo suceden y ayer fue el día que que llegamos a ese a ese hito, por ahí es un número, pero para uno es llegar a algo que hace muchos años parecía medio utópico”, sostuvo.

La lechería y el desafío de sostenerse
El logro llega en un escenario complejo para la actividad, con costos que avanzan por encima del valor recibido por la leche y con establecimientos que enfrentan dificultades para sostenerse. Imhoff reconoce que algunos tambos cierran por divisiones familiares, cansancio o por la necesidad de ganar escala para manejar mejor los costos.
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Frente a ese escenario, su experiencia lo lleva a plantear la importancia de sostener los objetivos, consultar a otros productores y aprovechar las herramientas de intercambio. En particular, recomienda acercarse a grupos CREA, una experiencia que considera importante en el desarrollo del establecimiento.
“Yo les diría que apuesten, porque si bien hay vaivenes y hay momentos donde los números no dan o no son lo que uno pretende de un negocio, hay momentos donde la lechería se acomoda y los números también y uno puede proyectar, crecer, de hecho creo que nosotros somos una muestra”, concluyó.
